El último día de un gran superviviente

Koeman ya está sentenciado otra vez por Laporta pero no es la primera ve que ‘resucita’ de situaciones más adversas e imposibles

El entrenador del Barça, Ronald Koeman

En el partido de este jueves, frente al Cádiz, Ronald Koeman se juega el cargo, eso suponiendo que ya no esté sentenciado pase lo que pase en una situación al límite donde el foco, sobre todo de la directiva, está puesto en el entrenador después de perder ante el Bayern (0-3) y empatar ante el Granada en casa (1-1).

Nadie duda de ese ultimátum que, de facto, estaba implícito en el mensaje público del presidente de ayer, en otra de esas apariciones castristas y domésticas, móvil en mano, donde pidió a la afición animar al equipo y mantener la confianza en la junta “porque sabemos lo que tenemos que hacer y esto lo vamos a arreglar”. Específicamente rogó que “pase lo que pase” los barcelonistas aplaudan el domingo al equipo en el partido ante el Levante. No hubo mención alguna sobre el entrenador, su futuro o sobre el posicionamiento de la directiva.

Por omisión, por dejar más expectativas y dudas, por pedir para él mismo la confianza que él no demuestra hacia el entrenador, el mensaje resultó inequívoco y coincidente con las filtraciones de su entorno más próximo en el sentido de que ya está buscando entrenador. Un relevo cantado que si se ha retrasado sólo obedece a la negativa de Jordi Cruyff a sentarse en el puesto de Koeman, por dos razones: por estima y relación personal con Ronald y porque como entrenador sabe que mejor que nadie que ni sustituirlo es la solución ni lo que necesita un proyecto es cargarse al entrenador a la quinta jornada de Liga.

Laporta y su directiva buscan, y no encuentran, un entrenador capaz de transformar, con un clic imposible, una realidad sin duda mal analizada que requiere más perspectiva y visión de futuro que el nerviosismo, presión interna y evidente falta de convicción que la propia junta exhibe en torno a la figura de Koeman.

Con la perspectiva que da el tiempo el entrenador holandés proviene de un pasado curiosamente asociado a una especialidad singular entre los elegidos del mundo del fútbol, pues nadie como él ha experimentado, y sobrevivido, a tantas situaciones límite. Como jugador ganó una Copa de Europa en la tanda de penaltis con el PSV y otra en el minuto 110 de la prórroga con el Barça en Wembley. También fue protagonista de aquel gol histórico de Bakero en Kaiserslautern en el último minuto (3-1) gracias a ese balón centrado, preciso y templado como pocos, que salió de sus botas.

Viene muy a cuento recordar ese gol, que fue el único recurso aquel día del Barça de Cruyff, cuando se acumulan hoy las críticas a Koeman por haber empatado contra el Granada en una situación idéntica después de disponer de las mejores ocasiones con balones cabeceados.

Tras Wembley llegaron tres Ligas ganadas en el último partido, las dos de Tenerife para superar al Real Madrid y la de Riazor para alcanzar al Deportivo en el último suspiro. En la temporada 1991-92 el Barça sólo fue líder durante la última media hora de la última jornada, pero sirvió para ser campeón.

Si alguien ha nacido para resistir situaciones extremas ese es Koeman. También su paso por el banquillo del Barça ha sido como transitar por el alambre. Tras ser fichado por Bartomeu se enfrentó nada más llegar al burofax de Messi, el conflictivo traspaso de Suárez y la tensión social que, desde el primer momento, sólo por ser el entrenador de Bartomeu, percibió en el estadio, pero sobre todo en la prensa. Luego, el vacío y la soledad de la Comisión Gestora y el ruido de las elecciones con Víctor Font asegurando que ni con el Triplete renovaría a Koeman y con Laporta tibio o más bien frío con su futuro. Solo Toni Freixa, por dar estabilidad al equipo, prometió que Koeman cumpliría sus dos años de contrato.

Su equipo llegó a estar en la jornada 19ª a 11 puntos del Atlético Madrid, completamente desahuciado, y prácticamente eliminado dos veces en la Copa antes de ganarla de forma brillante ante el Athletic de Bilbao y protagonizar una remontada que, en la jornada 33ª, a cinco del final, lo situó en la tesitura de ponerse líder ganando al Granada en el Camp Nou.

Para entonces, sin embargo, ya con Laporta en la presidencia, durante los días previos empezaron a circular informaciones en el vestuario que enrarecieron el ambiente, rumores sobre si Koeman no quería en el equipo a éste o aquel…

A la directiva, no hay que engañarse, le entró el pánico ante la posibilidad de terminar el que había de ser el peor año de la historia del club, el último de Bartomeu, con un doblete heroico: Copa y Liga. Aquella derrota ante el Granada, algún día se sabrá, resultó extraña y puso fin a una racha extraordinaria.

Koeman volvió a estar ‘muerto’ cuando el presidente lo convocó a final de temporada para darle traslado de su decisión de prescindir de sus servicios. Laporta se topó, imprevistamente, con que ninguno de sus candidatos, Xavi y Jordi Cruyff, se atrevían a entrenar a un equipo ni con Messi ni sin él, un escenario que el presidente ya contemplaba mucho antes de darle la patada a Leo. Koeman era el único valiente y también, no hay que olvidarlo, la solución más barata.

Inevitablemente, Koeman ha arrancado esta temporada con ese lastre de la desconfianza manifiesta del presidente que, además, la ha compartido en un encuentro con la prensa. Sobre todo, esa confesión abierta y sincera de Laporta, pidiendo estilo cruyffista, más partidos para Ricky Puig y oportunidades para Umtiti, cuya continuidad se debe a un pacto entre Laporta y Piqué -su representante-, es la que más ha debilitado a Koeman precisamente en el peor momento. Las bajas de Dembélé, Ansu Fati, Jordi Alba, Pedri, Kun Agüero y Braithwaite, sumadas a la de Valde con el partido rodando y un gol en contra, convirtieron el partido con el Granada en un infierno para un equipo asfixiado por ese entorno tan complicado.

Koeman va a vivir otra situación al límite, esta vez con demasiados factores en contra, pero también con ese currículum de superviviente.

Laporta debería, en cualquier caso, recordar que en su primera temporada en el club, temporada 2003-04, el equipo entrenado entonces por Frank Rijkaard ocupó la plaza 12ª en la jornada 18ª, a siete puntos y seis plazas del descenso con un equipo integrado por Valdés, Reiziger, Van Bronckhorst, Puyol, Márquez, Cocu, Xavi, Davis, Ronaldinho, Saviola, Luis García, Luis Enrique, Kluivert, Gerard López, Thiago Motta, Iniesta, Óscar López, Marc Overmars, Gabri, Oleguer, Andersson, Quaresma, Jorquera y Rustu. Tras caer 3-0 ante el Racing la directiva mantuvo al entrenador en su puesto, un entrenador designado por Cruyff y por tanto intocable. El Barça acabó segundo y lanzado tras una brillante escalada. Al año siguiente ganó la Liga y una temporada después, Liga y Champions.

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