Aeropuerto sí, medio ambiente también

El Gobierno español ha decidido retirar la inversión de 1.700 millones para la ampliación del aeropuerto por la falta de apoyo del Gobierno catalán. Es el resultado de impulsar dos modelos aparentemente antagónicos: uno en el que predomina la economía y otro en el que predomina el medio ambiente. No han sido capaces de consensuar un proyecto que compatibilice los dos objetivos.

En un mundo globalizado, los vuelos directos intercontinentales se convierten en una necesidad. No podemos seguir teniendo que pasar por Heathrow, Frankfurt o Madrid para ir a muchas ciudades importantes del mundo. Durante años la Generalitat de Cataluña ha estado negociando con compañías aéreas para atraer vuelos a Barcelona y convertirse en un hub internacional para los viajeros en tránsito. Disponer de un potente aeropuerto conectado con vuelos directos a todo el mundo es una vieja aspiración que ya constaba en el primer Plan Estratégico Barcelona 2000 elaborado en 1987.

Para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos hace falta crecimiento económico sostenible y respetuoso con el medio ambiente, objetivos que muchas veces entran en contradicción.

Los aviones son grandes emisores de CO2 y la ampliación de la pista afecta de lleno un espacio de alto valor ecológico, como es la Ricarda. En los últimos años los ciudadanos hemos tomado conciencia de la necesidad de proteger el medio ambiente. El humedal de la Ricarda alberga un ecosistema de especies vegetales y animales. Es una área que está incluida en la Red Natura 2000 de la UE, y por tanto, tendrá que obtener la aprobación de Bruselas.

Aena se ha comprometido a trasladar estos humedales a un espacio protegido cercano, donde se recrearían las condiciones actuales medioambientales y de diversidad. Bruselas no se fía mucho de las intenciones de Aena. En la primera década del 2000, con motivo de la ampliación anterior del aeropuerto, Aena se comprometió a proteger el delta del Llobregat, la UE aceptó el compromiso, pero Aena no lo cumplió.

En este debate hay otros elementos a considerar. La política de la UE y de los gobiernos español y catalán es que en 2050 el aumento neto de CO2 sea nulo. Los aviones generan mucho, y habrá que limitar su uso en especial en trayectos cortos. El turismo, especialmente en Cataluña, ha crecido muchísimo, y se quiere reorientar de un turismo de cantidad a un turismo de más calidad. También hay que considerar que los avances tecnológicos para limitar las emisiones de CO2 progresan.

El dilema de decidir entre objetivos deseables pero incompatibles se presentará a menudo. En este caso la sociedad quiere crecimiento económico no depredador y mejorar la calidad de vida, pero también quiere proteger el medio ambiente y los ecosistemas. Habrá que encontrar una solución que compatibilice los dos objetivos. Barcelona no puede convertirse en una capital de provincia mal comunicada en un mundo global en el que el contacto personal seguirá siendo esencial. El debate no está entre la cantidad de vuelos y pasajeros, sino sobre la necesidad de Barcelona de poder estar conectada directamente con todo el mundo.

La propuesta de Aena de ampliar el aeropuerto del Prat sorprende. Aena es una empresa pública y por lo tanto sigue las instrucciones del Gobierno. ¿No será que la insistencia de Aena en que se hiciera la inversión es que el Estado no quiere hacer concesiones políticas y las inversiones son compensaciones en el campo económico?

En todo caso, las promesas de las inversiones del Estado en Cataluña tienen poca credibilidad. Promesas de inversiones millonarias ha habido muchas, pero lo que cuenta son las inversiones realmente ejecutadas, siempre muy por debajo de las promesas. A la vista del ritmo de construcción del corredor ferroviario mediterráneo, o de las obras de la estación de la Sagrera, deci que la ampliación del aeropuerto se inauguraría el año 2031 parece una utopía.

Susana Alonso

La decisión final, creo que no está tomada. Vendrá un debate áspero. Lo más probable y deseable es que se sienten en una mesa y hagan compatibles los dos objetivos. Esto no quiere decir que, aunque se pongan de acuerdo, a la vista de experiencias en inversiones anteriores, las obras de ampliación no se alarguen casi tanto como las de la Sagrada Familia, empezadas en 1882 y aún no acabadas.

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