Laporta no renovó a Leo Messi cuando tenía luz verde de la Liga de Fútbol Profesional

La junta sabía que después del 30 de junio se contabilizaba como un fichaje nuevo y se aplicaba la normativa 1/4

Leo Messi
Leo Messi

La renovación de Leo Messi puede que acabe entre los parámetros que impone la Liga de Fútbol Profesional (LFP). Y puede, como acaba haciendo siempre Javier Tebas cuando Laporta le pide algún favor -luego se lo cobra, desde luego- que le acepte la presentación de un contrato de 40 millones por temporada, por cinco años, o sea hasta que Leo Messi cumpla los 39 años. Lo aceptará, seguramente, aún sabiendo que ese contrato incluirá una cláusula de liberación a favor del jugador, que cobrará íntegramente 200 millones una vez haya disputado dos temporadas.

La letra pequeña, que tendrá en cuenta la prima de fidelidad de 60 millones brutos pendiente de cobrar o, en su defecto, una prima de fichaje después de haber quedado libre, forman parte de esos flecos que, sumados, llevarán a la conclusión general de que la continuidad del delantero argentino en ningún caso llega acompañada de una reducción de su ficha, como pretendidamente se ha querido explicar o publicitar.

El mejor jugador de todos los tiempos, posible Balón de Oro según algunas corrientes periodísticas, seguirá siendo el futbolista mejor pagado del planeta, incluso más allá de su propia vida útil como futbolista. Con el caso de Leo Messi el Barça mantienen esa constante histórica de mejorar las condiciones de sus grandes futbolistas, contradictoriamente, cuando su rendimiento mengua por una cuestión lógica de edad y de menor respuesta a las exigencias físicas de la competición.

Andrés Iniesta se fue, como Xavi, con un año de contrato de premio extra. Una forma de sellar una salida de “buen rollo”, homenaje y distensión con la directiva, siempre y cuando el destino futbolístico siguiente fuera, como en su caso, jugar en la liga de Japón o de Qatar.

El caso de Leo Messi, sin embargo, llegó torcido porque han concurrido circunstancias extraordinariamente complejas, en especial las derivadas de una relación con la junta directiva de Bartomeu, que fue deteriorándose con el tiempo. Hasta el extremo que fue Leo Messi quien al final de todo no quiso seguir hablando de renovación con el club y, llegado el momento, envió un burofax planteando, según él y sus abogados, una legítima opción para quedar libre.

El enorme ruido provocado entonces, final del verano de 2020, contrasta ahora con su voluntad de quedarse como sea, pese a haber podido negociar su salida del club desde el 1 de enero pasado y haberse convertido en agente libre desde el 1 de julio, una vez finalizado su contrato con el FC Barcelona.

La duda, razonable, radica en el motivo o causa del agravante de no haber renovado a Messi antes del 30 de junio, circunstancia que habría cambiado la regulación de la masa salarial y evitado la aplicación del 1/4 exigida por la LFP para un futbolista que, como es el caso de Leo Messi, es un fichaje nuevo. Lo que quiere decir que para asimilar su ficha de 40 millones el Barça debe liberar costes salariales de 120 millones.

¿Por qué conociendo esta circunstancia y su efecto Joan Laporta no tuvo prisa en cerrar la operación antes del 30 de junio pasado? No falta quien considera comprensible -e incluso posible- que como gran solución de las críticas finanzas del club, la LFP vetara la inclusión de Messi, circunstancia que afearía la gestión de Laporta, pero salvaría los muebles. Por el contrario, el compromiso con Messi en las actuales condiciones requiere, además que los mejor pagados de la plantilla se rebajen un 40% la ficha, un traspaso sonado como el de Griezmann. Más quebraderos de cabeza para una solución que, igualmente, no supone en ningún caso una rebaja de la ficha de Leo Messi más allá de la apariencia y el propagandismo mediático del club, poco creíble en este caso concreto.

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