La inflación enseña las garras

Después de los desastres sociales y económicos producidos por la Covid, y los astronómicos recursos financieros abocados al mercado para impulsar la recuperación, creíamos que vendría una nueva etapa de crecimiento que nos dejaría tranquilos por una temporada. Pero ahora resulta que aún no hemos salido de la pandemia y otra amenaza enseña las garras.

En los últimos 25 años, salvo en cortos períodos, la inflación ha sido muy baja. Dada la crisis actual, los precios de los alimentos y de muchos otros productos se redujeron, pero ahora de repente muchos se han disparado. Los índices de precios del mes de mayo muestran un encarecimiento de un 5% en Estados Unidos, del 2% en la UE y de un 2,7% en España. Son aumentos que han sorprendido. ¿La causa? Parece que el ritmo de recuperación de la economía es mucho más elevado de lo previsto, lo que ha llevado a una repentina demanda mayor, hasta el punto de la escasez de algunas materias primas y productos básicos.

Domina la impresión generalizada de que la pandemia ya está controlada, lo que ha impulsado la recuperación económica en países motores de la economía, como son Estados Unidos y China. La subida de precios abre el debate sobre si se trata de una reaparición temporal o ha venido para quedarse.

Las autoridades monetarias quieren tranquilizar a la opinión pública, y tienden a afirmar que son subidas puntuales que desaparecerán dentro de unos meses. La secretaria del Tesoro de Estados Unidos, Janet Yellen, el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, la presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, y algunos economistas de prestigio, como el premio Nobel Paul Krugman, afirman que es un aumento temporal . Pero el ex secretario de Estado del Tesoro Larry Summers, y otros, alertan del riesgo de inflación y de repetir «los errores de los años 70».

Un aumento moderado de la inflación, en torno al 2% o al 2,5%, es bueno para estimular la economía y para disminuir la ratio de la deuda sobre el PIB. Aumentar la inflación por encima del 2% no es inerte. De entrada, si la inflación se disparara, podría provocar la retirada anticipada de las compras de deuda de los bancos centrales, con lo cual muchas familias, empresas, y países quedarían a la intemperie.

Pensemos, por ejemplo, que para España un aumento del 1% le significaría un encarecimiento de la deuda de unos 12.000 millones de euros. Sin el apoyo de los bancos centrales, muchos países quebrarían y las burbujas especulativas en la bolsa o en el sector inmobiliario estallarían, lo que causaría graves efectos sociales.

De momento las autoridades monetarias no tienen ningún interés en cambiar los planes de estímulo. El objetivo es la recuperación económica. Es más, el presidente Joe Biden ha presentado en el Congreso estadounidense un presupuesto fuertemente expansivo para el año 2022, de 6 billones de dólares, y la UE sigue adelante distribuyendo el fondo de 750.000 millones creado para impulsar la economía.

Susana Alonso

Es cierto que no hay posiciones unánimes. Hay países de la UE que querrían aprovechar el inicio de la recuperación para poner fin a la alegría de financiación fácil y barata que beneficia a los países del sur, como España e Italia. ¿Y qué dirán ahora los partidarios de la Moderna Teoría Monetaria? Siempre han afirmado que un país solvente se podía endeudar sin límite mientras no hubiera inflación. ¿Y si ahora hay inflación? Lo resumían diciendo: se deberán aplicar los métodos clásicos. Es decir, volver a la austeridad, recortar servicios públicos, congelar o bajar los salarios y las pensiones, subir los impuestos, y frenar los créditos bancarios. Una repetición, pues, de las duras medidas tomadas a raíz de la crisis del 2008. Es decir, un nuevo desastre económico y social.

¿Y ahora qué pasará? Pues no lo sabemos. Nadie lo sabe. Con la creciente interrelación de la globalidad y una sociedad cada vez más compleja, no hay algoritmos que puedan recoger la infinidad de variables sociales y sentimientos de los humanos. Es cierto que, así como hay grandes leyes de la física, también las hay en cuanto al comportamiento social y en la economía, pero no siempre son fáciles de interpretar.

Conclusión. Como puede ser que tengan razón los que afirman que la subida de precios es temporal, es mejor tomárselo con calma y, de momento, vivir tranquilos. Después ya veremos. Pero me temo que esta no es la respuesta más inteligente.

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