ERC, el nuevo PNV de Cataluña

La investidura de Pere Aragonès como presidente de la Generalitat es, por encima de todo, el triunfo de Esquerra Republicana de Cataluña (ERC), el partido fundado en 1931 bajo el liderazgo de Francesc Macià, y, en especial, de todos aquellos militantes que, durante décadas y a pesar de todas las crisis y contrariedades, han mantenido en pie estas históricas siglas. Recordemos que en las primeras elecciones democráticas del 1977, ERC no había conseguido todavía su legalización -el PCE, sí- y tuvo que concurrir bajo el amparo del maoísta Partido del Trabajo (PTE).

Ha hecho falta esperar más de 40 años desde el restablecimiento de la Generalitat para que ERC pueda recuperar la presidencia de nuestra máxima institución de autogobierno que ostentó durante la II República y el exilio de la dictadura franquista. Por consiguiente, y desde la cordial discrepancia -yo no soy independentista, pues creo que es un proyecto irreal y contraproducente- tengo que felicitar a los “cerebros” estratégicos del partido que han llevado ERC a conquistar, en la figura de Pere Aragonès, la anhelada presidencia del Gobierno catalán. ¡Y esto, habiendo quedado por el detrás del PSC en las pasadas elecciones del 14-F, cosa que tiene mérito!

Después del franquismo, Cataluña quedó marcada a fuego por el hiperliderazgo de Jordi Pujol y su partido-movimiento, CDC. Combatir esta aplastante hegemonía -que degeneró rápidamente en un régimen corrupto- y crear una alternativa victoriosa ha sido una tarea titánica y muy larga. Pasqual Maragall lo consiguió fugazmente durante tres años (2003-6), pero es ahora, con la investidura de un presidente de la Generalitat de ERC, que es realmente factible, a pesar de que, paradójicamente, los herederos del pujolismo, a través de JxCat, son los socios de gobierno que han hecho posible la investidura de Pere Aragonès.

Sociológicamente, CDC era la reencarnación de la Lliga Regionalista, con la suma de los sectores franquistas prodemocráticos. Esto ha sido especialmente visible en los pueblos, donde el pujolismo fue el partido por antonomasia de los caciques locales. En este contexto, ERC creció y se consolidó durante el pujolismo como la fuerza popular catalanista, regeneracionista y anticaciquil.

Con mucha inteligencia política y perseverancia, el “núcleo duro” de Calabria agitó la bandera independentista y los postconvergentes -después de la caída a los infiernos de Jordi Pujol y de CDC- entraron en tromba en la trampa para intentar no perder su hegemonía congénita. El desastre del proceso ha sido inconmensurable, pero ERC ha sido capaz de detenerse a tiempo, mientras que JxCat, la formación heredera de CDC, ha continuado corriendo hacia el precipicio.

La maniobra de excitación independentista y posterior parada en seco, protagonizada por ERC, ha sido un éxito rotundo de estrategia “militar”. Resultado: ERC ha acabado ganando la partida a los postconvergentes y hoy Pere Aragonès es presidente de la Generalitat. Los movimientos en el tablero de ajedrez han sido extremadamente complicados y laboriosos, pero, al final, el partido dirigido por Oriol Junqueras ha logrado su objetivo anhelado, que no es otro que la conquista del palacio de la plaza de Sant Jaume. ¡Chapeau!

Conociendo cómo funciona el aparato de ERC, duro, sinuoso, pero implacable, me atrevo a pronosticar que no solo Pere Aragonès conseguirá gobernar durante los cuatro años de esta legislatura: creo que estamos en el inicio de una larga etapa en la cual el old party catalán afianzará su hegemonía territorial y social e irá laminando, elección tras elección, el espacio de JxCat, hasta residualizarlo.

En este sentido, el PNV –y no EH Bildu, aunque Arnaldo Otegi sea, de momento, la referencia de ERC en el País Vasco- es el modelo que aspira a imitar la dirección de Calabria, con un control exhaustivo sobre la vida económica, mediática y social de Cataluña. Pero en este programa de largo alcance resultaba imprescindible ostentar la presidencia de la Generalitat y este hito ya ha sido logrado, “gracias” a la colaboración de JxCat y la CUP.., que no saben lo que les cae encima.

Los analistas han querido hacer creer que ERC, presionada por el tiempo y la amenaza de una repetición de las elecciones, ha hecho una mala negociación con JxCat y ha cedido demasiadas parcelas de poder a los postconvergentes en el futuro gobierno de la Generalitat. Error. En esta fase, su prioridad absoluta, y no otra, era conseguir la presidencia de la Generalitat y ya la tienen.

La visibilidad pública que da la condición de Muy Honorable tiene una proyección y una rentabilidad absolutamente superior al resto de carteras del gobierno. Además, ERC ha conseguido un segundo objetivo capital en las negociaciones: la presidencia y, por lo tanto, el control de la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales (CCMA), es decir, de TV3 y de Catalunya Ràdio, hecho que le garantiza el control del “mensaje” y del “relato” en el mundo independentista, en detrimento de Carles Puigdemont y su “troupe”.

Si la pandemia está, como todo indica, en fase de recesión y desaparición, el efecto péndulo nos llevará en una etapa de expansión económica y, por lo tanto, de buenas noticias para la población, exhausta y diezmada por esta pavorosa crisis. Aquí, Pere Aragonès también todos los números para apuntarse, en clave de opinión pública catalana, los réditos de la esperada recuperación.

Miquel Roca, cuando era secretario general de CDC, ya intentó rebautizar la formación pujolista con el nombre de Partido Nacionalista Catalán (PNC), a imagen y semblanza del PNV vasco. No lo consiguió. Marta Pascal, ex-coordinadora general del PDECat, recuperó estas siglas para su nuevo proyecto político, que las urnas no han refrendado. Finalmente, la transposición en Cataluña del PNV acabará siendo ERC, eso sí, sin la pátina clerical y derechista que, durante muchas décadas, ha marcado el carácter del partido fundado por Sabino Arana.

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