El problema de JxCat ya no es con ERC, es interno

Las elecciones del 14-F dejaron a Junts per Catalunya (JxCat) en una situación de debilidad que no todo el mundo esperaba. El partido se había preparado para la remontada, para repetir la victoria dentro del independentismo que había conseguido tres años atrás. La estrategia, con Carles Puigdemont al frente y Laura Borràs de candidata efectiva, parecía que funcionaba. Pero se quedaron a unos miles de votos y a un diputado de su objetivo. El resultado fue que JxCat no sólo no ganó, sino que quedó por detrás del PSC y -lo que es más importante para ellos- de ERC.

Esto ha hecho que en el partido hayan empezado a surgir las familias, los sectores y la diferencia de estrategias. Los que quieren mantener la apuesta por el unilateralismo casi fantasioso y presionar a ERC al máximo; los que prefieren asumir que son terceros, que Pere Aragonès y la vía dialogada han ganado, y que deben adaptarse para no descolgarse en un ejecutivo que puede resultar clave en la gestión de la postpandemia; y los que quieren acercar JxCat al modo de hacer de la antigua CiU. Estrategias enfrentadas que desde las cotas más altas de poder se disfrazan, pero que, siendo el socio pequeño y sometido, cuestan de esconder. Durante las negociaciones, de hecho, ERC y la CUP aseguran que han constatado que JxCat tiene más problemas internos que con ellos. Cosas de la política.

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