«Con el virus podríamos descubrir que somos federalistas»

Entrevista a Manel Vega

Periodista, freelance. Colabora en la Xarxa Audiovisual Local (XAL) de Barcelona. Ha escrito El federalisme vist per Isidre Molas, un libro de conversaciones con el profesor y político, publicado en Editorial Base.

¿Qué plantea Isidre Molas de diferente al largo debate histórico sobre el federalismo?

Conocí a Isidre Molas hace diez años, justo después de la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto, cuando era Presidente del Partido Socialista de Cataluña.  A partir de entonces, en muchas tardes de conversación, hablamos sobre federalismo, y de ahí salió el libro. Lo que a Molas le singulariza de otras opiniones es su visión del federalismo desde Cataluña. Una tradición que venía de su familia, de su relación con el mundo obrero, y de un trato con personas de diferentes ideologías, a lo largo de su vida. Es decir, una mirada federalista desde la izquierda catalana.

¿Dónde podría anclarse esta sensibilidad federalista catalana?

En Pi y Margall, sin duda. Si se lee a este y se escucha a Molas, no es difícil encontrar paralelismos. En cualquier caso, comparte la idea de la reforma de España, en este caso desde un punto de vista catalán. Por eso, a la hora de plantearse la construcción del Estado de las Autonomías, adopta una postura reformista, de pacto a partir de lo que existe, y no de crear algo nuevo. Trata de llevar a la realidad algo que él comparte, esa manera de entender la vida, que es la de lograr acuerdos entre las personas.

Hay una visión, quizá dominante, del federalismo como fórmula, digamos instrumental, de organización política, pero tras ella subyace la idea del acuerdo entre diferentes, que acabas de citar…

Creo que, entre la libertad, la igualdad y la fraternidad, Isidre Molas apuesta más por la fraternidad, a diferencia de la izquierda federalista que se inclina más por la igualdad y la derecha federalista por la libertad. Tiene una concepción, no tanto del fin como de los medios, para intentar encontrar una solución para todos. Concibe Cataluña o España como un todo, no como una parte. Moderniza esa idea de una España fracturada, o con diferencias muy notables o radicales. Tal como pueden verlo otros federalistas que, incluso pueden ser nacionalistas también. Al final, parece que todos nacen nacionalistas y se van volviendo federalistas. Algo curioso, que podría asemejarse a eso de que todos nacemos de izquierdas y acabamos siendo de derechas.

¿A estas alturas, el federalismo no es, como el sufragio universal, una cuestión casi de sentido común? Algo que quizá no lo era todavía en tiempos de la I República española

Quizá no se estaba en el momento adecuado, en el lugar adecuado. En cambio, otros países fueron dando el paso. Algo que, en realidad viene de muy antiguo. Desde la Biblia, como podría decir Molas, que no es ni ateo, ni agnóstico. Molas proviene de una tradición cristiana (no de nacionalismo católico) que respeta y le influye, no solo a la hora de hacer balance de la historia de España y de Cataluña, sino porque cree firmemente en la idea de la fraternidad. Que juntos se hacen mejor las cosas que por separado. Algo muy ligado a nuestra doble condición: individual y social.

¿Tiene algo de cierto aquello de que hasta las relaciones de pareja necesitan federalizarse si desean perdurar, como sostenía Proudhon?

Desde luego. Y cada vez más, porque las personas somos más libres. Lo que pasa es que, en la sociedad actual, cuando se compara el federalismo, por ejemplo, con el matrimonio, u otras relaciones de la vida, genera rechazo. Si a una chica le dices te voy a explicar el federalismo como modelo que se puede aplicar al deporte, la familia…, no solo desconoce el término y su historia, sino que lo recibe como una especie de justificación de la unión. De la unión, porque sí. O sea, estar juntos porque el otro lo quiere. Cosa que genera conflicto.

El federalismo es algo también diverso, variable…

Llegar a acuerdos es necesario, aunque no siempre se tiene porqué llegar a ellos. Y, desde luego, los acuerdos pueden no ser a favor de uno u otro. Hay quien dice que no existe la suma cero, y por tanto siempre se acaba perdiendo. Pero también hay quien se resiste a los acuerdos porque cree que no ganará él sino el otro, y perder a nadie le gusta. En la práctica existen a veces roles muy marcados. El profesor respecto al alumno mantiene un principio de autoridad porque sí. En una sociedad que necesitas estabilidad, o un cierto funcionamiento, acorde con intereses económicos o políticos, es difícil que se pueda hablar de todo, y en todo momento. Que se pueda poner todo en común. Hay tabús.

El federalismo, que parece vehiculizar una cierta idea de progreso, se asocia comúnmente a la izquierda ¿Sin embargo, los hechos no ponen de manifiesto que, en realidad, es algo bastante transversal?

A esto se refiere Kant en “La paz perpetua”, donde trata de encontrar una estructura mundial y una perspectiva de gobierno para cada uno de los Estados en particular, que favorezca la paz. Las guerras también pusieron de manifiesto que era mejor llegar a acuerdos, que matarse entre sí. Algo bastante arraigado en Europa, aunque parece que se esté construyendo como un cajón de sastre.

Sin embargo, la Unión Europea sí que puede entender como un proyecto federalizante…

Los creadores de la idea europea moderna, Spinelli, creían en eso. Pero luego cada país hace la suya. Molas habla de que el federalismo llega después del conflicto. Cuando surge el problema, aparece la necesidad de aplicar una solución, que en este caso se llama federalismo.

¿El Estado de las Autonomías no puede considerarse también como una forma de federalismo?

Molas dice que es un Estado “federable”; un paso previo a la Federación. Pero también puede interpretarse como un federalismo conformista. Y parece que sería mejor algo más inconformista, que se aproxime más a la realidad.

¿Dónde le aprieta el zapato federal al Estado de las autonomías ¿En las competencias, su financiación, el reparto de poder…?

La realidad de los territorios es diferente y, en consecuencia, la solución a sus problemas también lo es. De ahí, la necesidad de la asimetría, que también podría incluir la descentralización de las instituciones. Como, por ejemplo, llevar el Senado a Barcelona. Algo que Maragall no perdía de vista. Y aquí nos falta, sobre todo, federalismo cultural. Educación, entendida no como gestión, sino en sus contenidos. Como se explica, por ejemplo, la historia de España o la de Cataluña.

Parece que más que descentralización, una de las grandes asignaturas pendientes de las autonomías para avanzar hacia el federalismo es la forma de financiar esas competencias…

Resulta obvio que, si se tienen competencias, pero no se dispone de los recursos para manejarlas de forma plena, la cosa falla. Jordi Pujol pudo crear un modelo interesado de relación con el poder central, basado en el intercambio de recursos financieros a cambio de favores políticos. Pero quizás con gobiernos más sólidos en Madrid, tal cosa podría haber sido diferente. Es fácil criticar a toro pasado. Hay ideólogos, políticos y periodistas que se han encontrado muy descolocados ante un cambio de paradigma, como el que se produjo con la salida de Pujol, que mandó mucho. En tal sentido, además de las cosas en sí mismas, resulta conveniente tener en cuenta quien te lleva, y de que como lo hace; los liderazgos. Jordi Pujol desarrolló un modelo, que tampoco se ha analizado lo suficiente, porque no interesa. Jordi Amat critica mucho al filósofo Salvador Giner, que estuvo aplaudiendo el “Procés”, pero él no ha dejado de hacer lo mismo anteriormente, o ahora, en otros términos.

Iñigo Urkullu propone la federalización del País Vasco, para hacer frente a un modelo territorial arcaico, en que las diputaciones tienen la sartén por el mango ¿Debería también Cataluña plantearse algo por el estilo?

Una de las preguntas sin respuesta a una supuesta independencia de Cataluña, gira en torno a que forma de Estado adoptaría. Un Estado unitario, con Barcelona como capital, o un Estado federal, descentralizado con diversos polos, que se supone que los hay.

¿Hay algo de cierto en el runrún de que Gabriel Rufián es una realidad un federalista tapado?

Si haces hemeroteca, verás que todos, Rivera incluido, están de acuerdo con el federalismo. Porque a todos les va bien. Porque saben que lo necesitan para algo. Como hemos descubierto el teletrabajo con el virus, podemos descubrir que somos federalistas. A golpe de crisis, de conflicto, como dice Molas.

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