Francia, caricaturas y laicidad

La firme voluntad del presidente Emmanuel Macron de combatir lo que en Francia se conoce como "separatismo islámico" y la defensa hecha por el presidente del profesor Samuel Paty, decapitado el 16 de octubre por haber mostrado caricaturas de Mahoma en clase, ha levantado airadas protestas en diferentes países islámicos. Protestas en las que se califica de islamófobo al presidente francés y se le acusa de incitar el odio hacia los musulmanes, y se pide el boicot a los productos franceses. El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, se ha sumado a este llamamiento al boicot y ha cuestionado la salud mental de Macron.

Erdogan quiere aprovechar esta polémica para mostrarse como líder de los musulmanes en todo el mundo, sabiendo que en otros estados islámicos sus gobernantes, si bien permitirán las protestas y lamentarán las palabras de Macron, no se atreverán a pedir el boicot por los acuerdos comerciales que tienen con París. En Qatar, por ejemplo, a pesar de haberse retirado de muchos supermercados los productos franceses, su emir no puede hacer un llamamiento al boicot, dado que su ejército depende del armamento que compra en Francia, incluyendo el flamante caza bombardero Rafale.

Los valores republicanos de Francia van ligados a una firme defensa de la laicidad. Y por eso en Francia los funerales de estado son civiles. Mientras que en Italia o a veces en España los funerales de estado son religiosos y se hacen en una catedral, y en Holanda son multiconfesionales, en Francia la religión es algo personal e íntimo. Y la República francesa, pese a los millones de musulmanes practicantes que hay allí, no quiere evolucionar hacia el comunitarismo holandés que denunció la somalí Ayaan Hirsi, que llegó al país como refugiada, una vez nacionalizada fue diputada, y tuvo que huir a Estados Unidos por las amenazas que sufría por sus críticas al islam. Hirsi denunció que el sistema multireligioso holandés, con escuelas católicas, protestantes e islámicas, amparaba que en estas últimas se impartieran unos valores antagónicos con los derechos humanos.

Francia ha sufrido los peores atentados yihadistas de la última década en Europa, como el de noviembre  de 2015 en la sala Bataclan, con 130 muertos, o el de Niza de julio de 2016, con 84. Y meses antes del de Bataclan hubo el de Charlie Hebdo, precisamente por haber publicado caricaturas de Mahoma. Y a pesar de haber aplicado una política de control de las mezquitas, con el Consejo Francés de Culto Musulmán, que tendría que evitar lo que pasa en otros países, donde imanes venidos de Arabia Saudí o Pakistán, portadores de valores antagónicos, dirigen las mezquitas, el hecho es que el salafismo y la empatía con el yihadismo crece. Crece entre la tercera o cuarta
generación de musulmanes y entre muchos de los que llegan
. Este es el caso de Abdoullakh Anzorov, asesino de Samuel Paty. Un ruso de 18 años de familia chechena.

Lo que Macron quiere combatir es que se instale en la sociedad lo que denomina separatismo islámico. Es decir, que parte de los musulmanes que viven en Francia vivan de puertas adentro con otros códigos, como si se tratara de una sociedad paralela. En este sentido anunció que se prohibiría que los ginecólogos hicieran certificados de virginidad para las chicas musulmanas que se casan. Una cuestión fácil de legislar, pero difícil de erradicar. Y es que las medidas que quiere aprobar Macron, algunas de difícil plasmación legal, pretenden combatir no sólo los guetos físicos y sociales, o la creación de policías de la sharin en diferentes barrios, sino romper el círculo con el que se encierra a muchas mujeres francesas o residentes en Francia de religión islámica, y también jóvenes hijos de musulmanes que la dicha "comunidad" encarcela mentalmente y acaban odiando el país. Y es desde esta segregación donde nace el desarraigo hacia los valores occidentales donde arraiga el yihadismo.

Macron quiere evitar que una parte de la sociedad viva al margen de los valores de la Ilustración que imperan en Europa. Una Europa donde, después de las guerras entre católicos y protestantes, se implantaron unos valores que ubican las creencias religiosas en el ámbito privado, mientras la ciencia y el librepensamiento ocuparían el público. Pero el principal obstáculo para Macron no está en Francia. Está en la mayoría de países islámicos que niegan el derecho de un musulmán a dejar de serlo y a una mujer musulmana a casarse con un infiel.

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