Que no se salve quién pueda

En los tiempos que vivimos y los que están por venir existe el riesgo de que se imponga el individualismo, el pensar sólo en nuestra salud e interés. Ante la amenaza de un posible contagio de la Covid-19 optar por el 'sálvese quién pueda', buscar salidas personales e ignorar las dificultades y sufrimiento de los otros, estén cerca o lejos.

Es tiempo para que los filósofos se mojen. Nos estamos replanteando todos nuestras vidas. Pero ¿qué sentido le damos? ¿Mirarnos el ombligo? ¿Preocuparnos sólo por nosotros y nuestras familias?

Y es tiempo de los políticos. Osaría decir que sobre todo es tiempo de los políticos. De ellos depende mucho el enfoque que demos a nuestras vidas y a nuestras sociedades de ahora en adelante.

La urgencia de tomar medidas de apoyo a las personas y colectivos más vulnerables es indiscutible. La voluntad de los responsables políticos de ponerlas en marcha ya no está tan clara. No se trata de renunciar a las causas e ideas que propugnaba cada partido y opción ideológica antes del estallido de la pandemia. No hay que guardarlas en el cajón hasta que dispongamos de un medicamento o una vacuna que nos aporte serenidad y que podamos respirar más tranquilos, sin mascarillas que nos tapen media cara ni teniendo que mantener distancias de dos metros con nuestros padres, hijos y amigos. Pero ahora es tiempo de velar por los más débiles.

En esta tarea ya no podremos contar con Núria Gispert. Dedicó a ella su vida. Desde las actividades sociales en asociaciones religiosas a las que se incorporó cuando era adolescente, desde la acción política, primero comunista y después socialista, desde el ayuntamiento de Barcelona o desde Càritas. Siempre tuvo claro que el sentido de su existencia era hacer más amable la de los más pobres, los más débiles, los que más dificultades tienen para vivir con dignidad. No era mujer de grandes palabras sino de pequeños hechos pero tercos y eficaces.

Tenía 84 años cuando nos dejó. Hace unos meses coincidimos en una comida con los responsables de la asociación Braval, que ayuda a los niños del barrio barcelonés del Raval y a sus familias a salir adelante. No sé de donde sacaba la energía para seguir dedicada a causas como esa. Es evidente que era contraria al 'sálvese quién pueda' y partidaria del 'no dejemos a nadie atrás'.

¡Manos a la obra, pues!

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