Los Borbón y los Pujol, dos dinastías y un destino

La profecía-amenaza que hizo Jordi Pujol se ha cumplido: “Si vas segando, digamos, la rama de un árbol, al final cae toda la rama, todos los nidos que hay. ¡No, es que después caerá aquel de allá! Aquel de allá que… No, no…, ¡es que después caerán todos! Y habrá sido responsabilidad de todos los que han practicado este tipo de política”, dijo en 2014 en el Parlamento de Cataluña, en plena tormenta por el descubrimiento de las cuentas ocultas de su familia en Andorra y en  otros paraísos fiscales.

Jordi Pujol lo tenía todo planificado para instaurar su dinastía-nido en Cataluña. Había preparado a fondo a su hijo Oriol para que ocupara algún día la presidencia de la Generalitat. Pero Oriol Pujol se dejó deslumbrar por el dinero fácil de la corrupción y el tráfico de influencias que ganaban a espuertas otros hermanos suyos y cayó como un pardillo en esta trampa. Fue juzgado, admitió su culpa y fue condenado, poniendo fin, de este modo, al proyecto dinástico de su padre.

En Madrid, en el palacio de la Zarzuela, Juan Carlos I también preparó concienzudamente a su hijo Felipe para que, llegado el momento, le sucediera en la dinastía-nido de los Borbones. El problema de Juan Carlos I es que nunca tuvo suficiente con las asignaciones de los Presupuestos públicos que le correspondían como jefe del Estado para poder vivir como un pachá y hacer frente a los enormes gastos económicos de su extensa familia y la de su mujer, la reina Sofía.

Tonto de estirpe y sintiéndose impune y protegido por los servicios secretos, Juan Carlos I de Borbón cayó, desde el inicio de su reinado, en el barro de la corrupción, en forma de regalos, comisiones y espléndidos donativos interesados. Una trama de colaboradores de máxima confianza –Manuel Prado y Colón de Carvajal, Zourab Tchkotoua, su primo Álvaro de Orleans, su hermanastro Josep Cusí…– le hacían de intermediarios y le daban cobertura.

Pero todo este teatro indigno cayó estrepitosamente en 2012, a raíz de la ruptura de Juan Carlos I de Borbón con su amante y socia de negocios sucios, Corinna Larsen. Los 100 millones de dólares de “regalo” que el entonces rey recibió de Arabia Saudí en 2008, a través de una cuenta en la banca suiza Mirabaud, son la guinda de este pastel infecto.

Jordi Pujol perdió su nido dinástico por las burradas de algunos de sus hijos. Y Felipe VI perderá el nido de la dinastía Borbón en España por culpa de las tonterías de su padre, incapaz de estar a la altura de sus responsabilidades institucionales y de comportarse como una persona recta y ejemplar.

Como no podía ser de otra manera, conociendo la avidez por el dinero y la falta de escrúpulos de Jordi Pujol y de Juan Carlos I, las “cloacas” de la Generalitat y de la Zarzuela se entendieron y conectaron. Así, el entorno al rey Borbón participó con el “núcleo duro” del pujolismo en el escandaloso negocio de las loterías de la Generalitat. La sociedad Inversions Ponent tenía el 33% de Luditec SA, la empresa que, en 1986, fue la adjudicataria de las loterías catalanas. La administradora de Inversions Ponent era Marieta Salas, casada con Zourab Tchkotoua, amigo íntimo y testaferro de Juan Carlos I.

El impulsor de las loterías de la Generalitat, Carles Vilarrubí –representante del “sector negocios” de CDC y conocido como el “octavo hijo” de la familia Pujol– se hizo muy amigo de Manuel Prado y Colón de Carvajal (el Manco), el administrador de la fortuna de Juan Carlos I y representante de la empresa norteamericana GTech, que suministró los terminales de las loterías catalanas y también de las estatales. En los años noventa, el Manco y Carles Vilarrubí crearon juntos la sociedad Trébol Condal, dedicada a “pescar” todo tipo de negocios en Cataluña.

Manuel Prado y Colón de Carvajal también se hizo muy amigo de Javier de la Rosa, que se convirtió, a través suyo, en un generoso donante de dinero y de coches de lujo del rey Juan Carlos I. El trío Carles Vilarrubí-el Manco-Javier de la Rosa vivió su momento de gloria con la inauguración de Port Aventura, pero esta relación acabó como el rosario de la aurora y con el “empresario modélico” (Pujol dixit) encerrado en la cárcel Modelo.

En su intervención en el Parlamento, Jordi Pujol culpó de su caída en desgracia a “todos los que han practicado este tipo de política”. Este “tipo de política” se llama democracia. Todo llega.

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