Humildad, fraternidad y esperanza

En una situación como la que estamos viviendo las últimas semanas en todo el mundo, afectados y asustados por la pandemia de la Covid-19, sorprenden y hacen daño las expresiones insultantes y agresivas hacia las personas y administraciones que están encargadas de hacerle frente. Es evidente que hay decisiones erróneas, que las respuestas a la crisis son diferentes de un país a otro, que gobernantes que quitaban importancia a la enfermedad ahora son los que adoptan las medidas de confinamiento más contundentes, que gente con buena fe difunde los rumores y las noticias falsas más descabelladas… Pero ante estos errores la respuesta adecuada no es el insulto, la amenaza o la exigencia de dimisiones sino la crítica sincera y constructiva.

Cuidado también con las generalizaciones de todo tipos. Ni los catalanes somos así ni los españoles son asá. Ni los jóvenes son unos descerebrados insolidarios ni los viejos unos condenados a muerte que molestan más que otra cosa. Ni los holandeses son unos egoistas ni los italianos unos inconscientes 'viva la vírgen'. Atizar el odio entre generaciones o países es la peor manera de avanzar en la solución de este y de todos los problemas.

La fraternidad entre todos los seres humanos es una pieza básica para avanzar hacia esta solución válida no sólo para una parcela del planeta sino para el mundo entero. La humildad es otro ingrediente fundamental en este combate. Que las donaciones económicas para comprar el material sanitario que se necesita vengan acompañadas y firmadas con el nombre de la empresa o la persona que las hace no es ni imprescindible ni recomendable. Pretender apuntarse el mérito de encontrar el medicamento que cure la enfermedad para satisfacer el orgullo personal o patriótico es muy triste.

La tercera palabra que me viene a la cabeza al repasar el panorama en que nos encontramos es 'esperanza'. Esperanza en que la humildad y la fraternidad, combinadas con el esfuerzo de los sanitarios y los científicos, nos traigan el fin de esta pesadilla.

Y que cuando nos despertemos hayamos aprendido qué es importante y qué no en nuestras vidas y en las del resto de seres humanos y no humanos con los que compartimos el Planeta. Será el momento de pedir responsabilidades por los errores cometidos estos días y por los que venimos cometiendo desde hace tantos años dando por bueno un sistema económico y social basado en la competitividad, la ley del más fuerte y en pisar los derechos y la dignidad de las personas más vulnerables.

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