A bordo del Brexit

El papel lo aguanta todo, esto es cierto, pero parece que las hojas donde se escribe la enrevesada historia del Brexit sean víctimas de un hechizo, y se hagan barcos de papel que vienen y van por el canal de la Mancha: no se sabe muy bien a qué puerto se irá a parar, todo va muy lento, y la mayor parte suele acabar en papel mojado. La consumación del Brexit pone punto final a casi cuatro años de negociaciones, cambios de liderazgos, debates y planteamientos sobre cómo enfrentarse al reto de dejar la Unión Europea.

Se ha hecho realidad, así, lol que expresó una mayoría ajustadísima de la ciudadanía del Reino Unido en junio del 2016 a través de un referéndum. Ahora bien, las especulaciones sobre los acuerdos comerciales entre las dos partes, que se tienen que dar en un margen de once meses, ya anuncian tantos o más quebraderos de cabeza y tensiones que los que hemos soportado hasta ahora.

La Comisión Europea ya ha expresado que el margen para llegar al acuerdo comercial es demasiado corto, pero Boris Johnson ya ha dejado claro que impedirá como sea que se prolongue el plazo. No es que Johnson no sea de fiar, es que actúa siempre para gustar al público y, por lo tanto, lo que diga, que no lo que haga, siempre se tiene que coger con pinzas. Johnson es una de las caras visibles de una política muy poco política, para decirlo de algún modo. Su manera de hacer se basa en gustar por la vía fácil, no por eso menos estudiada, aprovechándose de unos tiempos donde la inmediatez y los aparentes golpes de efecto priman por encima de la cautela y el debate sosegado.

No nos tendría que sorprender, pues, que una eventual prorrogación del plazo para llegar a los acuerdos lo anunciara, siempre complaciendo a su galería, como una victoria más en la defensa de la soberanía y los intereses británicos. Ahora mismo, por mucho que sea evidente lo justos que se han planteado los tempos, le toca negar la evidencia y continuar siendo el excéntrico presidente del
Brexit que lo plantea todo a su manera. Pase lo que pase, tanto si se alarga el plazo como si no, los que no formamos parte de la galería, empezando por el 48,11% de ciudadanos y ciudadanas del Reino Unido que votaron a favor de permanecer en la UE, nos volveremos a preguntar como es posible que alguien cómo él arrasara en las últimas elecciones.

Es muy fácil señalar las salidas de tono de Johnson, porque son muchas y muy vistosas; también es fácil plantear la legitimidad de los resultados del referéndum y su posterior aplicación, primero por las mentiras declaradas que se esgrimieron por parte de los principales defensores del Brexit, segundo por la mínima diferencia entre las dos opciones; pero además de hacer lo que es fácil, hace falta que hagamos lo que es necesario. En este caso, y cómo suele pasar en todos los asuntos de nuestra vida, lo que es necesario es mirar de entender el pasado para después mirar al futuro.

Entender el pasado quiere decir tener muy presente que Cameron compró sin ningún tipo de reparo abrir la posibilidad del Brexit prometiendo un referéndum que daba por ganado (él apostaba por permanecer en la UE) para arañar cuatro votos euroescépticos,
y también quiere decir criticar la tibieza de la campaña de los sectores progresistas partidarios de quedarse a la Unión. Esta tibieza nace, por un lado, de dar por hecho que de ninguna forma ganaría el Brexit y, de otro lado, de la no-agresión a la conjetura quimèrica de una salida de la UE por la izquierda, que incluye concebir una cosa así como algo beneficiosa para las clases trabajadoras.

Las ideas simples, que no han sido debatidas correctamente, no se han enriquecido, ni han sido puestas en entredicho (son simples en el peor sentido de la palabra), nos llevan a situaciones que no son buenas para nadie. Se basan en darlo todo por hecho, la triste historia del Brexit es un buen ejemplo. Mirar al futuro quiere decir prever. Esto incluye percibir la amenaza de los escenarios más aterradores y adversos y, en consecuencia, desarrollar las herramientas y encontrar la valentía que hacen falta para evitarlos y hacerles frente. Prever también es imaginar realidades mejores, y por lo tanto buscar y navegar con esperanza los caminos que nos pueden llevar allí.

La alternativa a la resignación respecto a la UE y a la concepción del Brexit como otro ejemplo de sus fracasos pasa por encontrar la valentía necesaria para defender el proyecto europeo. Ahora, en todo caso, hay que dominar la técnica de los barcos de papel y no dejar al azar o a la voluntad de líderes irresponsables su destino.

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