L’étreinte…

Más allá de la célebre pintura "L’étreinte" (El abrazo), este gesto cariñoso o saludo cordial, que consiste en apretar con los brazos al interlocutor, es uno de los temas clave de la obra del pintor malagueño Pablo Picasso. No es sin embargo hasta el año 2000 cuando a alguien, en este caso su propio hijo, Claude, le presta atención. Una exposición de abrazos picasianos en Berlín da fe de ello. El abrazo ha sido siempre una ceremonia capital en la historia de la humanidad. De él se han hecho cuadros más allá de los de Picasso, pero y también otras muestras artísticas. Un abrazo sincero produce oxitocina, la hormona del amor, que tiene muchos beneficios para nuestra salud física y mental. Así, cuando un abrazo dura 20 segundos o más, se produce un efecto terapéutico sobre el cuerpo y la mente, o eso dicen. Fue en la plaza Union Square de Nueva York que vi por primera vez alguien con un cartel que decía "free hugs" (abrazos gratis). Después supe que hay un movimiento internacional que promulga los beneficios del apretón. Incluso hay un festival de abrazos y el 21 de enero es el día internacional de los abrazos. Lo último de las terapias para reducir el estrés es abrazar árboles o vacas …

Más allá de sus poderes curativos, hay episodios históricos de abrazos que han supuesto la reconciliación de bandos enfrentados. Por ejemplo, el 29 de agosto de 1839, dos hombres que iban a caballo se dieron un abrazo en unas tierras cercanas al municipio guipuzcoano de Vergara. Eran el general liberal Espartero y su homólogo carlista Maroto, y con ese gesto sellaban el final de una guerra civil entre los partidarios de la reina Isabel II y el niño Carlos, pretendiente al trono, que había durado siete años y amenazaba destrozar el país. A esa reconciliación se la conoce como el abrazo de Vergara. También encontramos abrazos más contemporáneos, como el que le hizo el Papa Francisco al patriarca de la Iglesia ortodoxa rusa Kiril. Un abrazo en una pequeña sala del aeropuerto de La Habana que rompía con mil años de enemistad.

Los catalanes también tenemos nuestro abrazo para la posteridad. Una polémica encajada entre el entonces presidente de la Generalitat, Artur Mas, y el dirigente de la CUP, David Fernández, el 9 de noviembre de 2014, cuando se encontraron en el Centro de Recogida de Información de la consulta del 9-N. Un abrazo entre antagónicos que levantó ampollas.

Esta semana sumamos otro abrazo histórico. En este caso, entre el presidente en funciones del Gobierno, Pedro Sánchez, y el líder de Unidas Podemos, Pablo Iglesias. Un abrazo rezagado que, no obstante, sella un preacuerdo de gobierno de coalición progresista, el primero desde la República y, supuestamente, la reconciliación de dos líderes habitualmente a degüello. Veremos, pero, si el gesto era auténtico o se trataba del abrazo del oso, el que esconde una trampa. Sólo hay que recordar con el ímpetu que Obélix -el amigo de Astérix– abrazaba a sus adversarios romanos, hasta que les destrozaba las costillas. Lo podemos deducir, pero aún es pronto para juzgar si el abrazo va en serio o si, de lo contrario, esconde dobles intenciones…

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