El DdB, 25 años después

Hace unos días nos encontramos trabajadores y trabajadoras del Diari de Barcelona (DdB) para conmemorar que hace 25 años que cerró este medio de comunicación y nos tuvimos que buscar la vida. 25 años son muchos años en la vida de las personas. En el caso de algunos de los que nos quedamos sin trabajo entonces ha sido más de la mitad de sus vidas. Faltó gente no porque tuviera trabajo o no le apeteciera ir sino simplemente porque la muerte se los había llevado por delante.

Conocer como les ha ido la cosa y cómo viven ahora a periodistas y trabajadores de un diario que ahora bordean o superan los sesenta años es un ejercicio interesante y útil incluso para entender cómo ha evolucionado el mundo de la comunicación y la sociedad en general. El cierre del Diari de Barcelona no ha sido la ùnica quiebra empresarial que muchos de los presentes hemos vivido en primera persona. Los expedientes de regulación de empleo, las jubilaciones anticipadas, el paro y la precariedad estuvieron presentes en muchas de las conversaciones que mantuvimos.

No querría pecar de pesimista pero no hacen falta demasiado manos para contar los dedos equivalentes al número de los que están satisfechos con el trabajo que tienen y el sueldo que cobran. De hecho, la mayoría de los que cobran mejores sueldos trabajan en ámbitos que no tienen nada que ver con el periodismo.

Pensé que habría sido una buena idea que los estudiantes que he tenido en los últimos cuatro años en la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Barcelona escucharan las experiencias que compartíamos. Han elegido una profesión y les ha tocado vivir unos tiempos en que lo tienen complicado para compaginar trabajo y supervivencia digna. Tienen una ventaja en relación a los que nos reunimos para repasar el último cuarto de siglo de nuestro recorrido personal. !Cuentan con toda la vida por delante! ¡A ver quién es el guapo que les dice que renuncien a combatir para realizar sus sueños personales y profesionales! No seré yo, por más que me reviente que la primera pregunta que solían hacerme el otro día era: "¿Te has jubilado?". "No, ni ganas", era mi respuesta.

Hemos cambiado el casete, el boli, el bloc y la máquina de escribir por el móvil y el ordenador. Los micros y las cámaras hacen la función de siempre. Pero la guerra es la misma. Y no podemos desertar. Cuando menos, yo no puedo.

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