Buen tiempo, más pateras, viejos problemas

Según la Organización Internacional de las Migraciones, en 2018 ya han muerto ahogados más de 1.400 migrantes en el Mediterráneo
Miles de personas mueren año tras año mirando de llegar a...
Miles de personas mueren año tras año intentando llegar a Europa a través del Mediterráneo

Llega el verano dejando atrás un largo invierno, frío y con muchas novedades. El nuevo gobierno propone un aparente giro en varias temáticas, como el género (con un consejo de ministros integrado por 11 mujeres y 6 hombres) o la inmigración, que ha pasado de ser gestionada por una secretaría general a una secretaría de Estado. Esta mayor importancia del fenómeno de las migraciones ha coincidido con unos hechos relevantes que han ocupado las primeras páginas de los informativos y que han dado la oportunidad al equipo de Pedro Sánchez de posicionarse, desmarcándose de las políticas anteriores con la acogida de la Aquarius y con la declaración de Fernando Grande-Marlaska de la voluntad de eliminar las cuchillas en la frontera sur, entre otros aspectos. También algunos municipios, como Valencia y Barcelona, se han mostrado proactivos en la acogida abriendo sus ciudades a las personas rescatadas en alta mar y denunciando las políticas de Italia y Malta por no querer dejar atracar a los barcos de salvamento marítimo en sus puertos.

Así, llega el verano y el buen tiempo nos trae una cara solidaria y acogedora con la población migrante. Una opinión pública escandalizada con las políticas de Salvini y de Trump sale a la calle a recibir con los brazos abiertos las personas del Aquarius y del OpenArms . Esta nueva faceta heroica obliga a revisar cómo hemos ido administrando los flujos migratorios hasta ahora. Ya no sólo como recibimos a los extranjeros que intentan llegar a España como país de tránsito o de destino sino – y muy importante – como estamos dando respuesta a las personas que ya se encuentran aquí.

Llega el verano y nos encontramos con noticias diarias sobre barcazas que tratan de acercarse de forma incesante a costas españolas. Y es que, cuando llega el buen tiempo, aumenta el número de personas que intentan llegar a territorio europeo. Según la Organización Internacional de las Migraciones, este 2018 ya han muerto más de 1.400 migrantes en el Mediterráneo. Y lo que nos queda. Ya se sabe que el calor hace proliferar la afluencia de embarcaciones hacia las costas y de manera acentuada, ahora que las rutas del este se han cerrado. Según el ministerio de Interior hasta el mes de julio del año pasado habían llegado 6.551 personas por vía marítima a España; durante este 2018 ya son más de 14.000.

Junto con la preocupación latente sobre las personas que están intentando llegar a territorio español, es alarmante la cantidad de las que ya han accedido y a las que se ha denegado la solicitud de asilo. Según la Comisión Española de Ayuda al Refugiado, en 2017 el 65% de las solicitudes fueron denegadas, ante un 35% que obtuvieron una resolución favorable. Son personas que quedan en situación de irregularidad viéndose abocadas a un futuro difícil si su deseo es quedarse en España, porque la condición de estatus jurídico de ilegalidad tiene como uno de los principales obstáculos la prohibición de acceso al mercado formal y esto comporta que muchas personas malvivan y acepten tratos laborales de explotación. Pasado el verano, al mes de octubre, está previsto que desde el Consejo Europeo se presente un informe sobre la situación de los procedimientos de asilo.

Llega el verano y llega la ilusión –y la necesidad– de tomarse un respiro. De descansar y coger fuerzas para los próximos meses. Tenemos mucho trabajo. Querer ampliar la acogida de personas migrantes supone tener en cuenta muchos aspectos, hay múltiples actores, diferentes intereses y sensibilidades, se impone la necesidad de una mirada global. Se nos plantea el reto de intentar descansar y desconectar sabiendo que cada día irá aumentando el número de muertos en el mar. Y cada número es una persona, con nombre y apellidos, y hay una familia que lo está esperando. Feliz verano.

 

Europa cierra la puerta

Llega el verano y la preocupación de los gobiernos europeos por las llegadas de migrantes por el sur y de los movimientos secundarios entre países europeos se agudiza. En la reciente reunión del Consejo Europeo, los líderes de la Unión Europea llegaron a unas conclusiones rápidas y de mínimos sobre la gestión de los flujos migratorios. Se plantean varias medidas; entre otras, un control más efectivo de las fronteras exteriores combinado con una mayor acción exterior y afrontando debates y aspectos internos de los diferentes países. Ha generado una controversia notable la propuesta de crear unas "plataformas regionales de desembarco", destinadas a distinguir la situación particular de cada persona diferenciando quién es un solicitante de asilo y por lo tanto beneficiario de cierta cobertura y quién es un migrante económico, por lo cual recibiría una orden de expulsión.

Ante un gobierno socialista que se presenta como revolucionario en materia de migraciones, el acuerdo del Consejo Europeo hace una mención especial en su cuarto punto a la ayuda que recibirá España de la Unión Europea para parar la inmigración ilegal. Veremos como se conjugan las nuevas promesas del equipo socialista con los propósitos de sus socios europeos.

Según CEAR, en 2017 hubo un total de 31.120 solicitudes de asilo en España, hecho que supone casi el doble que en 2016 (15.755) y unas 12 veces más que en 2012 (2.588). Este aumento considerable de las solicitudes ha ido acompañado de una alta tasa de denegación.

Es imprescindible una mirada global de la situación y un análisis del impacto que las nuevas llegadas de personas suponen en cada municipio. Se hace necesaria una revisión y reflexión sobre la gestión de los recursos sociales de las ciudades, que son quienes finalmente tiene que dar respuesta a las necesidades de estas personas. Según el último informe de la Red de Personas sin Hogar de Barcelona, en 2017 en la ciudad hubo 3.383 personas sin un hogar estable o seguro, cifra que ha ido en aumento respecto a años anteriores. De estos ciudadanos, el 42,7% son personas extranjeras de origen no comunitario y un 14,10% están en situación administrativa irregular.

Estas cifras muestran como los comúnmente conocidos como "sin papeles" no son representativos de los grupos vulnerables que se encuentran sin hogar. Una reflexión más sobre la situación de los recursos sociales, sobre qué perfiles de personas estamos atendiendo, y del posible impacto que podrían generar las nuevas acogidas. Estamos hablando de una cuestión de una complejidad enorme.

 

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