BCN World, turismo familiar

Dice Oriol Junqueras que impulsará el proyecto de BCN World, pero aproximándolo al turismo familiar y alejándolo del negocio del juego, quizá inspirado en su visión de una Cataluña independiente, en la que siempre se estará de veraneo.

No debe pensar lo mismo Hamisch Dodds, presidente de Hard Rock, que ha venido expresamente a Barcelona para entrevistarse con el presidente Carles Puigdemont y el vicepresidente Oriol Junqueras a propósito del proyecto BCN World, para el que dice estar dispuesto a poner sobre la mesa 2.500 millones de euros, «sin ningún coste para la Administración catalana». Porque, mal que le pese a Oriol Junqueras y a los que como él comparten la idea de una Cataluña en la que siempre será domingo, hay que recordar que Hard Rock no son las hermanitas de la caridad, sino todo lo contrario. Es propiedad de la tribu de los indios semínolas de Florida, que adquirió la compañía en 2006, y cuenta con hoteles, casinos y restaurantes por todo el mundo. Para más inri, el otro socio inversor de BCN World, Melco, es un grupo chino de casinos.

Quizá haciendo gala de la creatividad política, tan de actualidad, Oriol Junqueras esté pensando en un negocio de casinos en el que tengan cabida, además de papá y mamá, los niños, los abuelos, los tíos y los primos. Ocio para todos y nada de «especulación y juego», remacha la CUP. ¿Para qué entonces las 8.000 plazas hoteleras y al menos tres casinos, sino cuatro, que contempla el proyecto? ¿A qué responde la idea de promover lo que ahora denominan CTI (Centro Turístico Integrado) que, imitando modelos al uso en Singapur o Las Vegas, pretende crear un espacio para eventos multitudinarios? ¿Podría ser que Oriol Junqueras esté pensando en dedicar el lugar a actos «por la familia cristiana» en los que, según sus organizadores, participan millones de personas?

Y hablando de sueños ¿en qué sueñan los lobos que ensalivan desde que, en 2012, se abrió el melón del turismo de juego? ¿Por qué BCN World es de vital importancia para reactivar el mercado laboral (camareros, croupiers, chicas de alterne…) de la demarcación? ¿Quiénes (especuladores, banqueros, asociaciones de protección de la familia…) piden premura a Puigdemont para tramitar el proyecto? ¿No estará alguien soñando con el jugoso negocio de redirigir turistas chinos, especialmente motivados por el juego, hacia Tarragona y aledaños?

Claro, como no está el horno para bollos -como lo estaba cuando el ex presidente Artur Mas puso alfombra roja a Sheldon Adelson para el abortado proyecto Eurovegas-, no se puede ir por las bravas, hay que vestir el muñeco, porque no hay por dónde agarrarlo. Y para ello (otra prueba de creatividad), nada mejor que consultar ¿A quién? ¿A la gente de la zona, como propone Puigdemont o a todos los catalanes, como dice Junqueras? Y, rizando el rizo, la CUP -que se puso muy farruca con BCN World antes de pactar con Junts pel Sí- dice ahora que «podría llegar a valorar positivamente que se haga una consulta». En cualquier caso, papel mojado porque el gobierno Puigdemont ya ha dado a entender que el pacto de la CUP y Junts pel Sí sobre el proyecto ya no está vigente.

«Escuchar la opinión de la gente siempre es positivo», ha expresado con toda tranquilidad el alcalde convergente de Vila-seca y presidente de la Diputación de Tarragona, Josep Poblet, acaso porque interpreta que «escuchar» no tiene nada de vinculante, porque, sencillamente, ya da por ganada la partida y nadie podrá pararla o porque, en cualquier caso, ya se pondrá en marcha la ingente maquinaria de intoxicación para, como se hace en estos casos, poner a la gente del lado del negocio. Porque ¿quién puede poner en cuestión algo que va a generar tantos puestos de trabajo?

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