El presidente de la Generalitat, Quim Torra, tiene declarada la guerra a ERC, desde que el presidente del Parlament, Roger Torrent, no aceptó desobedecer a la Junta Electoral Central cuando ordenó retirarle el escaño. Antes, Torra y JxCat disimulaban y la batalla estaba bajo la mesa. Desde esta rotura, parece que en el Palau de la Generalitat se haya instaurado la máxima que disimular y guardar la compostura es de cobardes. Y aquí ya no disimula nadie. Tanto es así que, si hay que reventar una estrategia de JxCat sólo porque Torra cree que tendrá más impacto contra ERC, pues se fuerza y punto.

Es lo que pasó la semana pasada, cuando los electos de JxCat en el Congreso de los Diputados tenían previsto abstenerse en el techo de gasto propuesto por el gobierno español para permitir así que Pedro Sánchez dispusiera de más margen presupuestario. Pero cómo que ERC haría lo mismo y con los votos de los republicanos ya se aprobaría, Torra llamó personalmente a sus diputados de Madrid para forzar un cambio en el último minuto y "dejar a ERC como la colaboracionista que es con los represores". Todo tan a última hora que el diputado Ferran Belio intervino pensando que se abstendrían.