No, espero y deseo que la ya iniciada fase oral del juicio contra una docena de los líderes políticos y sociales del secesionismo catalán no sea ningún tipo de juicio final, como algunos nos quieren hacer creer. Pero puede serlo, cuando menos a corto, a medio e incluso a bastante largo plazo, para el conjunto del movimiento separatista y, de rebote, para el conjunto de la ciudadanía de Catalunya.

Somos muchos los que pensamos que nunca se tendría que haber llegado hasta aquí. Si hemos llegado, es por la irresponsabilidad suicida de los radicales de las dos partes enfrentadas en este grave conflicto político, sin duda el problema de Estado más importante al cual ha tenido que hacer frente la democracia española en los últimos cuarenta años.

Todo nace con la apuesta que la entonces presidente Artur Mas hizo ya hace siete años a favor de la vía secesionista unilateral, hecho con la pretensión de intentar ocultar tanto toda su política de drásticos recortes en sanidad, educación y otras prestaciones sociales en plena crisis económica global como los cada vez más notorios escándalos de corrupción institucional que afectaban a su partido.

La respuesta a aquella grave irresponsabilidad política de Mas por parte del gobierno español, entonces ya presidido por Mariano Rajoy, fue una irresponsabilidad política tanto o más grave: la inacción, la carencia de respuesta, la no aceptación de la existencia de un conflicto político de una envergadura enorme y que no ha hecho más que crecer durante todos estos años. Unos y otros sabían muy bien que un problema político tan grave nunca se podría resolver sin que ambas partes aceptaran dialogar, negociar y pactar, evidentemente en el marco de la legalidad constitucional y estatutaria en que se fundamenta nuestro Estado de derecho democrático.

¿Hay que recordar que, por ahora y como consecuencia de unos recursos presentados por el PP ante un Tribunal Constitucional instrumentalizado por el mismo partido tanto desde la oposición como desde el mismo gobierno, es la única comunidad autónoma española que no tiene un Estatuto de Autonomía votado en referéndum por su ciudadanía? A pesar de que las irresponsabilidades políticas del PP y de su gobierno presidido por Mariano Rajoy son muy graves, no lo son menos las de los partidos secesionistas catalanes y en especial las de los gobiernos de la Generalitat presididos por Artur Mas, Carles Puigdemont y Quim Torra.

La vía unilateral, el constante desprecio a la legalidad y las reiteradas desobediencias a todo tipo de avisos y advertencias –y no sólo a varias resoluciones del Tribunal Constitucional, sino también a repetidos informes tanto del Consejo de Garantías Estatutarias como de los letrados del Parlamento de Catalunya– nos han conducido a la situación actual. La oportunidad política perdida por parte del movimiento separatista, o al menos por parte de sus sectores más realistas, moderados y pragmáticos, desde el triunfo de la moción de censura contra Rajoy presentada por Pedro Sánchez, en la cual fueron decisivos los votos de los diputados de ERC y de la antigua CDC, es un gravísimo error histórico.

Continuar planteando unas condiciones que nunca podrán ser aceptadas por ningún gobierno español, sea este el que sea, y que han recibido la desaprobación clara por parte de la comunidad internacional y sobre todo de la Unión Europea, ha tenido, tiene y tendrá, desgraciadamente, unas consecuencias letales para el movimiento secesionista y, cosa que es mucho más grave y lamentable, para toda la sociedad catalana, cuando menos durante algunos años, demasiados años. No obstante, continúo pensando, y sobre todo deseando, que el juicio que tiene lugar ahora al Tribunal Supremo no será ningún tipo de juicio final para nadie. Porque si lo fuera, sería terrible.

Recordáis, por favor, algunos fragmentos del trágico y aun así bellísimo texto del Canto de Sibila: "Ans que el judici no serà, un gran senyal se mostrarà: la terra gritarà suor i tremirà de gran paor. Terratrèmol tan gran serà que les terres derrocarà; les pedres per mig se rompran i les muntanyes se fondran. Los puigs i plans seran iguals. Allà seran los bons i mals. Reis, ducs, comtes i barons, que de sos fets retran raons. Gran foc del cel davallarà, mar, fonts i rius tot cremarà. Los peixos donaran gran crit, perdent son natural delit. El sol perdrà la claretat, mostrant-se fos i alterat; la lluna no donarà claror i tot lo món serà tristor