Si de verdad se quiere llegar a una solución, o una salida momentánea, al callejón sin salida donde estamos metidos en Catalunya se tiene que apostar por el diálogo, ciertamente. Pero hay que hacer uno de verdad. O más de uno. De entrada, hace falta que se suba el nivel intelectual del debate. No se trata de dejarlo para unas élites que hablen muy bien y que tengan una extraordinaria formación universitaria. Se trata de huir del simplismo, del maniqueïsmo, de la agresividad, del humor entendido como burla del adversario, de las noticías falsas, creadas o distribuidas para desprestigiar a los que piensan diferente. Se trata, claro está, de huir de TV3 y Catalunya Ràdio, del mismo modo que hay que hacerlo de los canales de radio y televisión que juegan sucio la carta contraria al independentismo. Hay prensa española manipuladora, sí. Y prensa catalana que manipula a favor y en contra del independentismo, también. Prensa española no catalana que manipule a favor del independentismo no hay.

El nivel intelectual del debate público sobre las soluciones al conflicto que vivimos es bajísimo No es necesario entrar  entwitter para darse cuenta. Ni escuchar lo qué responden los niños a los que los periodistas les preguntan porque han ido a una manifestación contra una sentencia del Tribunal Supremo. Nada de bueno puede salir de programas como 'Tot es mou', 'Està passant', 'Més324' o 'FAQs'. Pero tampoco se suelen encontrar aportaciones esperanzadoras en los programas y tertulias diferentes a las del régimen público catalán. En las de las emisoras y radios con sede en Madrid es habitual encontrar un interlocutor pro-independencia en minoría total.

Necesitamos tertulias reposadas y largas como las que organizaba José Luis Balbín en TVE. Incluso, podríamos recuperar del ostracismo las que hacía Ramon Colom. La sociedad catalana necesita unas buenas dosis de 'La Clave' o 'Milenium'. Que el debate en los hogares, el lugar de trabajo, el bar pivote sobre las opiniones vertidas en estas tertulias por personas que saben de qué hablan y que quieren encontrar soluciones constructivas y realistas.

En base a calificar de 'putos perros de mierda' a los mozos de escuadra, de 'ñordos' a los españoles y de 'supremacistas' a todos los que van con el lazo amarillo en la solapa no saldremos del pozo en el que estamos. ¡Quizás la XAL, ahora que se ha sacado de encima al comisario político que la dirigía, puede ofrecer este espacio de debate que tanta falta nos hace!