Quienes reclamamos que los líderes independentistas encarcelados estén en la calle, libres, y que los que están en el extranjero pueda volver, pero no estamos de acuerdo en cómo se ha conducido el proceso y entenderíamos una consulta pactada sobre cómo debemos continuar viviendo juntos, si es que lo tenemos que hacer, ¿en qué lado de la historia estamos? ¿En el correcto? ¿En el equivocado? He iniciado en 2019 con este dilema. A ver si, después de darle tantas vueltas a todo ello, me he situado en el lado de la historia que no toca...

La expresión 'estar en el lado correcto de la historia’ ha hecho fortuna en el nomenclátor 'procesista'. No deja de ser una especie de viejo eufemismo, que el presidente Quim Torra no para de reiterar, y que indica que los otros están en el bando equivocado. Hay otras frases que también han triunfado como ‘ensanchar la base del independentismo', por no decir directamente que el independentismo es insuficiente; o 'el mundo nos mira', para indicar que debemos ser cuidadosos en los gestos; o 'la equidistancia', por referirse a los de 'ni DUI ni 155', o simplemente a quienes dudan o quienes no se mojan. La equidistancia, lejos de la calidad que se le atribuía hasta hace bien poco, ahora es un insulto. Antes siempre había sido entendida como una virtud, sobre todo en el periodismo. Equivalía a visibilizar todas las partes de un conflicto, a no situarse junto a unos o de otros, a mantenerse neutral, en ninguno de los lados de la historia. Pero, poco a poco, su uso y abuso ha ido girando su significado hasta servir de crítica a cualquiera que se sitúe en los tonos grises de la historia.

No creo que el independentismo, per se, esté en la esquina correcta de la historia, ni los constitucionalistas (también llamados unionistas) estén del lado equivocado, pero tampoco al revés. En todo caso, en la esquina correcta de la historia estarán los que no dejen de dialogar hasta encontrar una solución que, en un ejercicio de cesiones, termine satisfaciendo las partes. En el lado correcto de la historia hay un pacto que nos saca del callejón sin salida. Un acuerdo político, sin pleitos. Como decía el refrán, "más vale un mal acuerdo, que un buen pleito". Seguramente será un pacto que unos tildarán de insuficiente (los de aquí) y los otros de desproporcionado (los de allí). Un pacto que, ahora con los socialistas y sus hipotecas, es difícil, pero que antes, con los conservadores y sus venganzas, era imposible.

Lo que no sé ver es un pacto con el nuevo tridente de la derecha española (PP, CS y Vox). Si un pacto es ceder para llegar a un acuerdo, no me parecen ellos los mejores actores para solucionar el problema -tampoco algún 'los nuestros'. Como escribía hace poco en este mismo espacio: "Haría bien el bloque independentista en pensarse dos veces si deja caer a Pedro Sánchez o si se aventura a quedar a expensas de una España a la deriva de Vox".

Con todas mis dudas 'procesistas', en algún caso, equidistantes, si algo tengo claro es que Vox está en el lado equivocado de la historia, y que con su desbocada expansión vamos por el camino de hacernos daño.