Históricamente, los expertos relacionaban los '100 días de gracia' de los nuevos gobiernos con Napoleón. Es el tiempo que transcurrió desde su huida de la isla de Elba donde estaba exiliado y su derrota definitiva en Waterloo, en 1815. Durante esta "campaña de los cien días", reconstruyó el ejército y retomó gobierno. En Estados Unidos, fue el presidente Franklin D. Roosevelt quien lo introdujo como "período de gracia". Asumió el cargo en 1933 y durante los primeros cien días de gobierno aprobó la mayoría de las leyes intervencionistas que puso en marcha para luchar contra la Gran Depresión. Estas leyes fueron posteriormente su legado y se conocen como New Deal. En este tiempo logró que el Congreso aprobara 15 leyes que reconstruirían la moral y la economía del país. Desde entonces y hasta hace poco, ha sido una fecha simbólica en la que los presidentes han trazado las prioridades de los próximos cuatro años de mandato y en la que las oposiciones, periodistas y criticadores en general otorgan o, mejor dicho, otorgaban, un período de no agresión.

En teoría, el presidente Pedro Sánchez estaría actualmente bajo período de gracia. Un 'fair-play' nunca escrito que, con el paso del tiempo, se ha ido convirtiendo en un anacronismo, que pocos o nadie sigue. Visto el trastorno que sufre el país desde hace muchos años, tal vez estaría bien recuperar la vieja fórmula, aunque sólo fuera para vivir tranquilo 100 días cada cuatro años. Alguien me dirá, y parte de razón tiene, Sánchez lleva desde junio de 2018 en periodo de gracia o interregno y lo que tiene que hacer a partir de ahora es gobernar sin más treguas ni dilaciones.

Los 100 días de gracia no han durado ni 100 horas. La elección de la hasta hace poco ministra de Justicia, Dolores Delgado, como nueva fiscal general del Estado ha hecho saltar por los aires cualquier atisbo de armisticio. Las derechas opositoras saltaron a la greña, impulsadas por un resorte automático, y los medios detrás. La verdad es que la designación no parece la manera más oportuna de arrancar un gobierno pretendidamente histórico, el primero en coalición en España desde la República. Así, "la mujer del César no sólo debe ser honrada sino que también tiene que parecerlo", y en este caso, la elección de Delgado, que puede ser honrada, no lo parece.

La verdad, vista la bilis chorrear por el rostro de según qué derechas, tal vez serían ellas las que necesitarían los 100 días de gracia o adaptación.