Hoy, con el permiso de los lectores, nos saltaremos la norma -elemental- que dice que el periodista no es noticia. Estoy confinado en Igualada por coronavirus. Esto tiene un mérito relativo, soy de Igualada y allí (aquí) he tenido y tengo el campo base, y el aguacero me atrapó dentro. Los primeros días de confinamiento salía a ver cómo está el patio (soy periodista...). Ahora me limito a llevar la basura al contenedor y las salidas básicas. El resto, en casa. Escribiendo, básicamente. También leyendo. Escuchando música. Y hablando por teléfono. En el noveno día de confinamiento, todo va relativamente bien; ya os contaré al decimocuarto ... Soy mediterráneo, de tocar, abrazar ... No sé cómo aguantaré... Suelo teletrabajar en casa, pero cuando es una obligación ... asfixia.

El azar, o vete a saber qué infortunio de la vida, ha hecho que el 'gordo' tocara en Igualada y, al parecer, todos los números se vendieron en el hospital de la capital del Anoia. Allí, por razones que cuando pase la tormenta se deberán esclarecer, el coronavirus se propagó a una velocidad y violencia aterradora. No me parece justo culpar a una enfermera del desastre, como algunos vienen haciendo. Se contagió y es víctima, no culpable. "Ahora no toca", que diría el defenestrado presidente. Cuando esto acabe, porque algún día acabará, será el momento de aclararlo. De momento, Salud haría bien en medir sus palabras y no echar más leña al fuego.

Una de las actividades que suelo hacer desde el confinamiento es salir al balcón de casa a las ocho de la tarde, puntual. Y aplaudo. Algún vecino anónimo arranca los primeros aplausos y el resto le seguimos. Lo hacemos por los sanitarios del hospital de Igualada de manera especial y por tanto otros en general. Unos sanitarios que, desengañémonos, están hechos de otra madera. Yo no tendría lo que hay que tener para ponerme, como hacen ellos, en primera línea de fuego. Les aplaudo, les aplaudimos, por su entrega, y para darles hay fuerza, que buena falta les hace. Ellos y ellas están por lo que están, pero me consta que les llega el calor vespertino de cada día, y lo agradecen.

Nada hace pensar que esto acabe en un abrir o cerrar de ojos. Pero, se acabará y escribiremos novelas y haremos películas. Sería bueno que, puestos, reescribimos a nuestros héroes. Ya no es necesario que lleven capa y antifaces; empieza a ser hora de que los dibujemos de carne y hueso, con batas blancas y mascarillas.

Por otro lado, sería bueno que cuando termine el mal sueño, recuperáramos nuestra esencia. Es decir, somos mediterráneos y mediterráneos debemos seguir siendo. Esto quiere decir: sol, aire libre, mar, proximidad, buenas comidas ... También pasaremos facturas, si es necesario -y es necesario-, y continuaremos aplaudiendo aquellos que lo merecen, que no son pocos. Un abrazo (de momento, virtual).