Acalde de Granollers desde hace 15 años y concejal desde 1987 por el PSC. Políticamente activo desde muy joven, participó en el proceso de creación de Convergencia Socialista. Economista, fue profesor de una escuela de formación profesional, y Director de la Escuela de Trabajo de la ciudad.
 

El municipalismo, muy citado por politólogos y algunas fuerzas políticas, parece estar de moda ¿Existe una casa común del municipalismo?

Es el concepto de comunidad, de visión comunitaria de las cosas. Desde la proximidad es de donde más se detectan los problemas y mejor se pueden definir y desarrollar las soluciones. Es a partir de la proximidad como se puede fortalecer la calidad democrática. La convicción de que los problemas que hoy tiene la humanidad necesitan imprescindiblemente soluciones a partir de esta capacidad de la comunidad de hacerles frente. Cuando hablamos de cambio climático, tenemos que ver como peatonalizamos, como sacamos coches de la circulación… Porque la realidad está aquí, con la gente. Es desde la realidad local desde donde se puede hacer la gran transformación.

¿Más allá de su condición de primer escalón administrativo, no son los ayuntamientos un mosaico con características y problemáticas muy diversas?

Cada comunidad es diferente. Por eso, hay que poner la mirada de lo que ocurre en el entorno inmediato. Comunidades distintas requieren soluciones diferenciadas. Soy muy partidario de la asimetría. No todo lo que se hace en Granollers puede hacerse en otro municipio. Por eso, soy partidario del análisis desde la proximidad y de generar alternativas, hablando y escuchando a la gente. Los proyectos locales tienen que ser colectivos, la suma de muchas miradas y muchos esfuerzos. Un proyecto local es aquél en que la ciudadanía se siente identificada, que siempre es distinta de la de otro lugar.

Hay municipios-ciudades y municipios-aldeas ¿No sería necesario generar nuevos conceptos para diferenciar realidades tan dispares, para entendernos mejor cuando hablamos de ayuntamientos?

Hay cosas que grandes, pequeños y medianos ayuntamientos pueden hacer conjuntamente. Nosotros, por ejemplo, hemos hecho cosas con Manuela Carmena en cuestiones como la educación por la paz. Claro, a la hora de aplicarlas en una ciudad de tres millones y medio de habitantes requiere otras estrategias y modelos de gobernanza. Pero la comunidad es imprescindible, como elemento de transformación de la sociedad.

¿No hay ciudades que se asemejan más a Estados que a municipios?

Desde la asimetría, el paso siguiente es el trabajo en red. Nadie sabe cómo nos vamos a organizar dentro de 20 o 25 años. La posibilidad de poder hacer, hoy, un Skype con el alcalde de Hiroshima y con Cambridge, hace 30 años era imposible. Las nuevas tecnologías nos permiten nuevas formas de actuar. En cualquier caso, se trata de desarrollar proyectos locales, fuertes, a partir de realidades concretas, con comunidades potentes, que creen en la democracia y trabajando en red. Y para mí, la primera lucha es por la equidad, por la igualdad. Cuando hablamos de sostenibilidad (primero está la social, luego la económica y tercero la ambiental) es imprescindible definir proyectos porque ya no estamos en tiempos de competencias exclusivas, incluso aunque la ley lo diga. Estamos en tiempos de competencias compartidas.

¿Cuándo centenares de alcaldes se asocian, como es el caso de la AMI, por motivos aparentemente no relacionados con las tareas propias del ayuntamiento, como puede entenderse desde una perspectiva municipalista?

Quizás muchos de esos alcaldes responden a los estímulos de su comunidad, expresan lo que piensa su comunidad. También puede ocurrir que actúen en función de lo que de ellos reclaman los partidos a los que pertenecen. Pero nada es blanco o negro. En la sociedad hay muchos matices y no se puede pontificar sobre unos u otros. Pero, insisto, en que lo exigible del mundo local es generar espacios de reflexión y de acción. De definición de cómo solucionar estos problemas que, evidentemente y en función de la ideología, el problema principal es uno u otro. Los alcaldes son ciudadanos que no solo se encargan de la recogida de las basuras.

¿También, como decía Marx, el Consejo Municipal puede acabar actuando como el consejo de administración de los intereses locales dominantes?

Por supuesto. Hay realidades diferentes y opciones distintas en cada municipio y es por eso que resulta necesario que exista un marco en la toma de decisiones, adaptado a cada realidad. En este período en el que se produjeron abusos urbanísticos, el mundo local fue capaz de pactar. En el caso de Cataluña, con la Región Metropolitana y el Gobierno de la Generalitat, un plan territorial, que protege un porcentaje extraordinario de suelo. Y lo hace de manera decidida, con una ley. Riesgos los hay siempre y opciones políticas, por supuesto. También intereses. Para afrontar todo esto hay que trabajar con miradas y objetivos muy claros.

Más allá de las metrópolis, las segundas coronas o poblaciones de tamaño significativo, existe un territorio de municipios, que en el imaginario a veces se representan como lo más genuino de la comunidad local ¿Por el contrario, no es ese universo el más desamparado, arrumbado o expuesto del municipalismo?

Es evidente, que necesitamos una reflexión sobre la ordenación territorial y sobre las formas de gobernanza. Creo que existe una inflación institucional, que tendría que racionalizarse. Dicho esto, soy partidario de soluciones como la francesa, que estimula el trabajo en común de los ayuntamientos. Donde hay mancomunación de servicios, estrategias compartidas…, se protege legislativamente. Aquí no. Al revés, en la época del PP, se hizo lo contrario: desincentivar los trabajaros compartidos.

En Cataluña, sin ir más lejos, hay municipios en los que las diferentes candidaturas electorales están siendo substituidas por una especie de consenso, con lo cual el juego democrático se convierte en “voz única” ¿Es esto expresión de nuevas o viejas formas de caciquismo local o algo similar?

Estas son realidades que en mi entorno directo no las vivimos. Compartimos nuestra acción municipal con varios ayuntamientos, y lo primero que hacemos cuando estrenamos mandato es reunirnos con los pueblos con quien compartimos límite municipal para ver qué podemos hacer juntos. Soy profundamente partidario del trabajo en red, las complementariedades y la suma. Si en este momento hay un gobierno que tiene otros estímulos, porque está en otro momento de la política, buscamos siempre las alianzas.

¿Podríamos entender todo esto en clave federalista?

El municipalismo del que hablo tiene esta visión federal, porque se refiere a comunidades que deciden trabajar juntas para conseguir objetivos compartidos. A nosotros se nos puede encontrar en la red de ciudades educadoras, de ciudades por la paz y otras más. Tanto es así, que formamos parte de dos ejecutivas mundiales.

¿Es Cataluña un territorio desequilibrado, que está demando cambios, incluido un estatus especial para la ciudad de Barcelona y su entorno?

Hace ya algunas décadas, un conjunto de ciudades (Mataró, Sabadell, Tarrasa, Martorell, Vilafranca…), creamos el movimiento de las segundas ciudades de la corona metropolitana, para explicar que hay vida en toda Cataluña. Y estas ciudades que aglutinan territorios y son espacios de encuentro, originamos un discurso buscando un crecimiento equilibrado de la región metropolitana, intentando atajar el crecimiento en “macha de aceite”, hoy bastante agotado. En Cataluña, por ejemplo, el 80% de las inversiones en infraestructuras que se llevan a cabo en el área metropolitana corresponden a esta segunda corona.

¿Existen por Europa modelos de referencia en la reordenación del territorio?

En Fancia, crearon las villes nouvelles alrededor de París. Nosotros no lo necesitamos. Existen antiguos núcleos de población que nos permiten ser una cosa distinta. Institucionalizar la relación entre municipios en el Área metropolitana es una cuestión muy importante. Las cosas se formalizan por normativa, pero solo se avanza si hay voluntad colectiva de hacerlo. No hay ninguna ley que vaya a resolver estos problemas. La etapa de Jordi Pujol no fue fructífera para el municipalismo, con Pascual Maragall y las Olimpiadas tuvieron más juego los municipios y la actual, que empieza con Artur Mas, la vida está sometida a otros biorritmos muy concretos.