Un agente de los Mossos d'Esquadra presentó una denuncia a sus superiores en la cual afirmaba que el Cesicat, Centro de Seguridad de la Información de Cataluña, quiso reclutarle para hacer seguimiento y escuchas telefónicas a políticos. La información consta en uno de los documentos que los Mossos intentaron destruir el pasado 26 de octubre en la incineradora Tersa de Sant Adrià del Besòs (Barcelona), y que la Policía Nacional se lo impidió por orden de la Audiencia Nacional.

Según avanza La Vanguardia, en la denuncia que se hizo en octubre de 2014, pero que no llegó a juicio, el mosso afirmó ante el Área Central de Información de Interior que había mantenido tres entrevistas con una persona que se identificó como del Cesicat y que intentó reclutarle para realizar "seguimientos a políticos, busqueda de información mediante herramientas informáticas y hacer escuchas telefónicas a políticos y otras personas de interés que tengan posibilidad de perjudicar los intereses de la Generalitat de Cataluña".

El mosso afirma en su declaración que la persona con la cual se entrevistó le dio datos suyos muy concretos, como el nombre de sus familiares y hasta a qué gimnasio acudía, por lo cual se sintió intimidado. El interlocutor le indicó que hacía dos años que reclutaba gente y que se ponía en contacto con él porque un superior suyo había indicado que sería muy interesante que se uniera al grupo, y le aseguró que otros compañeros suyos ya se dedicaban a esto. En la conversación le aseguraron que le darían un contrato de trabajo del Cesicat, que firmaría una cláusula de confidencialidad, que tendría un piso para desarrollar su trabajo, que le pagarían 700 euros al mes en negro, que tendría que conservar su condición de policía y que si tenía problemas podía contar con los servicios jurídicos de la Generalitat.

En la segunda entrevista, el mosso que denunció el caso afirma que le llevaron a un piso de la calle Numancia de Barcelona donde le regalaron un llavero en forma de cartucho, y en la tercera entrevista le expresaron que a veces tendría que recurrir a la violencia. En su comparecencia ante el Área Central de Información de Interior, el mosso entregó el llavero, así como grabaciones que había hecho de las reuniones. El nombre que le facilitó su interlocutor no corresponde con ningún cargo del Cesicat, aunque es el que figura hoy en día en el buzón del piso de la calle Numancia. Se da la circunstancia que en la Generalitat hubo un director general con el mismo apellido, y cuando pasó a la actividad privada su empresa se vio envuelta en uno de los casos relacionados con el 3%, de pago de comisiones a CDC a cambio de contratos.

En este contexto, en los documentos que los Mossos iban a quemar en la incineradora también se menciona el programa Cerberus, que permite activar los teléfonos móviles a distancia con objeto de grabar conversaciones del entorno. El Cesicat también aparece en los atestados de la Guardia Civil relacionados con el proceso soberanista, y se explica que tenía que convertirse en una de las estructuras del nuevo Estado catalán, de hecho, en su central de inteligencia. En un informe de 20 de octubre pasado entregado en el juzgado de instrucción 13 de Barcelona se puede leer que hizo medio centenar de informes sobre empresarios y altos cargos de la Generalitat, en los cuales se hacía mención a relaciones y datos personales. También había llevado a cabo interceptaciones de correos electrónicos. El Cesicat ha sido registrado en varias ocasiones.