El retorno a la escuela de los niños catalanes ha destapado y puesto sobre la mesa que la covid-19 ha ensanchado la brecha educativa. Càritas alerta de las desigualdades entre los niños más vulnerables por la imposibilidad de muchos de ellos de seguir el curso con normalidad. En este sentido la organización destaca que 3.600 personas que han necesitado la ayuda de Càritas, no disponen de conexión a internet y, por lo tanto, no han podido hacer un seguimiento escolar durante la pandemia, pero tampoco lo podrán hacer en caso de un confinamiento escolar.

El rendimiento escolar de una de cada tres familias atendidas por Càritas ha bajado. Según el informe de Càritas, en muchos casos a una carencia de apoyos tecnológicos se tiene que sumar unas condiciones de vivienda poca digna. Un 43% de familias con niños viven en condiciones muy precarias y casi el 27% están en habitaciones rellogades, y no pudiendo disponer de un espacio donde los niños puedan estudiar.

Marta Creus, asesora de equipos del programa de Familias e Infancia de Càritas, afirma que no se puede hablar de brecha digital sin hablar de la brecha social. "Ahora se ha visto la necesidad de asegurar un ordenador o tablet por alumno con la máxima calidad de conexión, pero el reto no es sólo aportar material informático, sino acompañar los niños que quizás tienen que vivir en una habitación con personas desconocidas", indica.

Desde Càritas se asegura que estos niños también tienen carencias a la hora del acompañamiento, puesto que, en muchas ocasiones, las familias no entienden la lengua o su horario laboral no les permite este acompañamiento.

La carencia de conectividad no sólo se ha dejado notar en el ámbito escolar, sino también a la hora de pedir ayudas a la administración. Tres de cada diez hogares han perdido oportunidades de formación, ocupación y ayudas públicas por no tener acceso a internet. La pobreza en los hogares con hijos en Cataluña es del 28,6%.