Con la cuarentena que impone el gobierno del Estado a cualquier turista que quiera poner los pies en la playa, el sector de los apartamentos turísticos busca la manera de reinventarse, puesto que se ha dado por perdida la temporada de verano. La facturación anual de los pisos turísticos en Barcelona ha caído en un 85%, y es por eso que el 40% de los 9.600 pisos censados en la capital catalana se están reconvirtiendo al alquiler residencial, que quizás no deja tanto margen pero que en el momento de incertidumbre actual es un salvavidas donde aferrarse.

Según explica Sandra García, responsable de comunicación de la Asociación de Apartamentos Turísticos de Barcelona (Apartur), "las viviendas de uso turístico tienen en Cataluña un volumen de negocio anual de 1.540 millones de euros, y en esta primera fase de la crisis sanitaria las pérdidas ya llegan a los 852 millones". Àlex, gestor de un piso turístico introduce el concepto de "medio plazo", es decir, pisos alquilados por meses y no con un contrato de años, como prevé la Ley de Arrendamientos Urbanos (LAU): "Nos han caído todas las reservas. Otros meses de mayo estaban cerca del 90%, y ahora estamos a 0. Queremos pasar a medio aposento, por meses hasta un año, para intentar coger alguna reserva".

Es, precisamente, este cambio de temporalidad el que ha puesto en alerta a las asociaciones de defensa de la vivienda. Àlex Francés, portavoz del Sindicato de Arrendatarias, advierte de la ilegalidad en que se puede concurrir con este cambio: "No es un alquiler convencional, que es por cinco años según la LAU. Es un alquiler por meses y sólo se puede alquilar de este modo cuando no es vivienda habitual. Sin turistas y sin estudiantes los que podrán alquilar son los que han sido desahuciados, y esto es vivienda habitual. Es un fraude de ley", sentencia.

La paralización de este sector económico siempre es motivo para pensar que hay una parte de la población que siente un cierto alivio por esta bajada, y son los vecinos de las áreas más castigadas por el turismo. Manel Martínez, de la asociación de vecinos de la Barceloneta, asegura que "esto servirá para sacar a la luz los pisos turísticos ilegales. Ahora es el momento de hacer una buena base de datos y denunciar los que no cumplen la normativa, que tenemos un montón". Para Martínez, el quid de la cuestión, pero, no es el cambio de régimen de alquiler, sino el cambio de turismo: "Este verano postcoronavirus no marcará un antes o un después de los pisos turísticos. Nos encontraremos los hoteles en medio gas y pisos turísticos llenos de chavales con cuatro duros que hacen turismo de fiesta".

800 despidos
El coronavirus no sólo se ha cargado las reservas de los apartamentos turísticos, sino que también ha dinamitado la relación entre Airbnb, la plataforma más grande de alquiler de pisos vacacionales en Barcelona, y CPM, la empresa de servicios que hacían de teleoperadores. El resultado, más de 800 personas a la calle sin trabajo. La crisis sanitaria ha afectado muy duramente la compañía Airbnb, que ha despedido el 25% de su personal en todo el mundo, es decir, casi 2.000 personas. La disminución de ingresos y la necesidad de reducir costes son las razones esgrimidas para los despidos. En Barcelona, 800 personas se han quedado sin trabajo por este motivo.

Los pisos vacíos son el refugio de delincuentes
El efecto llama entre los delincuentes para ocupar apartamentos turísticos vacíos se está extendiendo como una mancha de aceite. Los utilizan como base de operaciones de los robos que se están produciendo en la Barceloneta, nos explica Manel Martínez, vicepresidente de la asociación de vecinos de la Barceloneta y uno de los portavoces de la plataforma Tsunami Vecinal. "Hay pisos turísticos cerrados que los están ocupando los delincuentes. Que mejor que coger un piso en que los vecinos no saben ni quienes entra ni quienes sale para drogarse o refugiarse después de los atracos. Esto empieza a correr y está provocando un efecto llamada. Ya lo hemos denunciado a los Mossos", afirma.

La acumulación de gente en la Barceloneta para pasear o hacer deporte ha provocado un desplazamiento de los delincuentes hacia la zona y aprovechan los múltiples pisos vacíos para estarse un tiempo. "Tienen la base de operaciones cerca de donde trabajan", asegura Manel Martínez. "Tenemos casos de robos violentos y agresiones a vecinos y también a gente que ha aprovechado el desconfinamiento para venir al barrio", explica. Los vecinos, hartos de la impunidad con que operan estos delincuentes piden al Ayuntamiento que use el equipo de visualizadores no sólo para detectar los apartamentos turísticos ilegales, sino también para ver cuales de estas viviendas están ocupados.