Messi corta de raíz la relación tóxica con la que Laporta buscaba ‘conflicto’

Inteligentemente, el crack argentino prepara su regreso a casa, pero no al Barça de Laporta, sino como propietario del Cornellà, club rival del azulgrana y del Espanyol por el control del fútbol base catalán.

Leo Messi (FCB)

Leo Messi ha ganado seis balazos de oro jugando con el Barça. (FCB)

Difícilmente, Joan Laporta será capaz de promover, en nombre del FC Barcelona, una estatua, en vida, al propietario de la UE Cornellà. Leo Messi ha encontrado la manera de sorprender otra vez al barcelonismo, y al mundo, con una maniobra de aproximación tan inesperada como inquietante, ilusionante a la vez y –el tiempo lo dirá– quizá también con un atractivo punto de desafío al personaje que, por razones más que conocidas, ha liderado un movimiento cada vez menos disimulado, orientado a que los socios del Barça lo rechacen, como lo ha hecho Laporta desde agosto de 2021, cuando decidió hacerlo fuera.

Hoy se sabe que Laporta engañó a los socios inventándose 285 millones de pérdidas inexistentes para deshacerse de Leo. No porque el Barça no necesitara su talento, carisma y extraordinario peso comercial, sino porque era, y sigue siendo, más popular que cualquier otro futbolista de la historia.

Para Laporta, imposible competir en liderazgo con él y mucho menos rebajarse a presidir el Barça con la misión prioritaria de amasar dinero para que se los llevara un futbolista que, al menos a Laporta le parecía, simbolizaba la decadencia y un pasado que había que borrar y superar.

Pero lo hizo mintiendo a Leo, como a los socios, a quienes prometió renovarlo sólo para instrumentalizar su triunfo en las elecciones. Después volvió a engañarle, como han reconocido Xavi Hernández y Mateu Alemany, con otra falsa oferta de retorno al final de su contrato con el PSG.

Laporta no imaginó que Leo podía ganar el Mundial y que el Barça se beneficiaría de al menos 300 millones anuales de impacto económico adicional, ni tampoco del incalculable efecto de una coincidencia explosiva y única en la historia del fútbol de Leo Messi y de Lamine Yamal en el primer equipo del FC Barcelona.

Leo le retiró la palabra, le impuso una orden de alejamiento fotográfico a Laporta, cínico y envidioso personaje que ahora sangra de rencor y venganza hacia el delantero argentino, sobre todo después de reírse en su cara con una foto furtiva y nocturna en el Spotify Camp Nou y premio Puskas 2025 al gol del año.

Leo elimina cualquier debate sobre su conexión azulgrana cuando vuelva a Castelldefels

Laporta, ganador de las elecciones de hace un mes, no ha dudado en sentirse aún más fuerte que nunca y enviarle un mensaje de odio afirmando, en el décimo aniversario de la muerte de Cruyff, que «Johan ha sido el mejor jugador de la historia del fútbol».

El 7 de marzo de 2021, para ganar las elecciones, Laporta no dudó, en cambio, en decir de Leo que «es el mejor jugador del mundo y de la historia del fútbol».

Egocentrismo, totalitarismo y soberbia en su forma más espontánea y repugnante barcelonista que Laporta no necesitaba exagerar, ya que Leo ya había recibido y entendido su mensaje inequívoco de odio y de rechazo.

Lo tenía bastante claro cuando, hace unas semanas, con motivo de los primeros escarceos electorales, se quitó de encima a Leo con aquello de que «si no quiere venir a su homenaje, le haremos una estatua».

Decisión de Messi

Ya no podrá ser porque Leo ha escogido, sin dejar de lado el barcelonismo del que siempre ha presumido y ejercido, al contrario, plantar su propia bandera en un territorio de fútbol catalán visible y sorprendente, como nuevo propietario de la UE Cornellà, no lejos de su casa, en Castelldefels, en un estadio que toca, pared con pared, con el RCD Stadium del Espanyol y perfectamente visible desde el Camp Nou, pero sobre todo junto a la Ciudad Deportiva del Barça de Sant Joan Despí.

De esta manera, Leo se ha desmarcado voluntariamente de cualquier gesto o jugada de Laporta de incorporarlo, sin su expreso consentimiento, a su patrimonio personal como presidente. Ahora, esto es formalmente incompatible por su condición de propietario de un club rival.

¿Con qué propósito? Indudablemente, para anunciar que volverá a Barcelona, a Cataluña, pero no al Barça de Laporta. Eso nunca.

También para desafiarlo de alguna manera en un terreno donde Leo es inexperto, o no, según como se mire. La elección de comprar el Cornellà no es gratuita, capricho, ni tampoco responde a ninguna ambición financiera. No se gana dinero siendo presidente-propietario de un club de fútbol como el Cornellà que, nadie se atreve a decirlo, es el tercer poder en Cataluña en la batalla por el control del fútbol formativo, ranking que lidera el Barça, seguido del Espanyol y con el Cornellà completando el podio.

Fútbol formativo

Hace años que el Cornellà se ha convertido, en el Baix Llobregat y zonas de El Barcelonès, en el ‘Barça’ local, entendido como el club poderoso-depredador que mejora cualquier oferta a los cracks emergentes del gran y productivo plantel del Baix Llobregat. No hay quien le haga sombra en este tercer nivel formativo, que al Cornellà le ha permitido ganar pequeñas fortunas con internacionales como Jordi Alba o David Raya.

Mérito de Andrés Manzano, el presidente histórico, propietario, secretario técnico del Cornellà que ha perfeccionado este ‘rodillo’ de arrastre de los mejores futbolistas potenciales de su zona geográfica de influencia con su particular final feliz, ya que Manzano ha vendido el Cornellà a Messi a los pocos meses de ser nombrado segundo de Alexanko en el fútbol base del FC Barcelona.

Como primera consecuencia, Leo le acaba de cortar a Laporta este pequeño, pero siempre destacado, afluente de talento que ha sido el Cornellà, club que a su hegemonía en la zona suma ahora el atractivo para cualquier nano de fichar por el club de Messi.

No parece que llevar al Cornellà a Primera División sea el planteamiento de Leo. Tampoco tiene mucho sentido, a menos, que, de forma natural y coherente, el equipo crezca sin necesidad de una gran inversión. Messi sabe que el estadio es de titularidad municipal, cedido, a condición de que siga siendo, como hasta ahora, el corazón deportivo de la ciudad donde miles de niños y jóvenes aprenden y se benefician de los valores del deporte de base.

Expectativas diferentes

Sus amigos Jordi Alba y Thiago Alcántara, que pretendían ser el ‘ascensor’ de L’Hospitalet, ya le habrán explicado que, precisamente, el fútbol base es la primera y única fuente de ingresos y de explotación y no al revés. Sus expectativas son diferentes y pasan por el desarrollo y aprovechamiento de una pastilla de miles de hectáreas de terreno donde promover una Ciudad Deportiva y equipamientos para generar recursos vía comercio y ocio.

Leo, no hay duda, planifica su regreso a casa liberado, él y el Barça, de esa relación que, por culpa de Laporta, se estaba volviendo tóxica y que amenazaba con provocar un debate permanente en la recuperación prevista de su vida doméstica y familiar en Castelldefels.

Messi volverá con su propio guión y objetivos futbolísticos independientes de la tormentosa actualidad del Barça. Es lo suficientemente inteligente como para darle la espalda y eludir las intenciones malignas de Laporta y hacerlo, además, sin provocar ese cuerpo a cuerpo con Leo que sí persigue al presidente del Barça de manera desesperada.

Messi no considera a Laporta un igual. No está a su altura ni como figura mundial que sigue vendiendo más camisetas que nadie y conserva un prestigio y admiración mundial insuperables, ni mucho menos a nivel de patrimonio y solvencia.

Leo ha adquirido el Cornellà cómo, si quiere, mañana puede comprar cualquier otro club e incluso el Barça si, por culpa de Laporta, se pone pronto a la venta. Leo también quiere el Cornellà para aprender el negocio y las entrañas de la gestión de un club de fútbol. Después de dirigir el Cornellà, quién sabe qué puede pasar.

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