Psicóloga de larga trayectoria. Ha trabajado especialmente en cuestiones de sexualidad, relaciones y psicología perinatal, siempre desde la perspectiva feminista. Es también docente académica en la Universidad de Vic. Publica El negocio de los bebés. La gestación subrogada (Raig Verd/Akal).
El negocio de los bebés, ¿un titular inquietante para explicarnos qué?
El libro, en el fondo, es una reflexión sobre la gestación subrogada. Algo que, posiblemente, en la mayoría de los casos, parte de una situación emocionalmente dolorosa, por no poder gestar a un bebé sano en primera persona. Así, la industria se aprovecha de esto para generar un negocio. Se sirve de madres gestantes y de familias contratantes en muchas ocasiones. También está poniendo en riesgo a los bebés. De todo ello se está sacando un rédito económico. Un beneficio basado en el sufrimiento, romantizado, y poniendo el foco en la emoción de ser madre o ser padre, sin mirar mucho lo que hay detrás.
¿El mismo concepto de «gestación subrogada» no es muy fuerte?
Cuando, por primera vez, oí esto de «subrogada» se refería a una hipoteca en una entidad bancaria. Es uno de los términos utilizados para denominar el tema. También se utiliza gestación por sustitución, vientres de alquiler… He optado por «subrogada» porque creo que, aunque está connotado negativamente (como todos los términos relacionados con la materia), es como la más neutra. Lo que está diciendo es que alguien no llevará a cabo una gestación y que habrá una madre subrogada que es quien lo hará. Sobre los vientres de alquiler, otras expertas sostienen que la cuestión va mucho más allá de un vientre. La gestación no sólo ocupa el espacio del útero. El cuerpo de la madre gestante cambia, el cerebro cambia, las hormonas cambian… El hecho es mucho más que un vientre.
¿El telón de fondo de todo esto está en que se puede comprar un ser humano, un bebé…? ¿Que todo, al final, se puede comprar y vender?
Esta es la cuestión más importante que se desprende del tema. No soy nadie para señalar a quien utilice la gestación subrogada o cualquier otra mercantilización, pero el libro sí que pretende invitar a reflexionar sobre qué tipo de mundo estamos construyendo, o nos están haciendo construir, porque en el fondo estamos a merced de quien tiene el dinero. Todo se reduce a esta sociedad capitalista del «tanto tienes, tanto vales». Creo que nos tendríamos que parar un poco a pensar. Puede sonar muy frío, pero quizás deberíamos plantearnos que para las personas que quieren tener un hijo y no pueden, lo que se debería hacer, por ejemplo, es mejorar el sistema de adopciones.
¿Las «granjas de madres», que mencionas en tu libro, no tienen un precedente en las plantaciones de algodón americanas, con el agravante de que el objetivo era reproducir la fuerza de trabajo esclava?
Sí, esto es algo que ha pasado, y pone de manifiesto que, muchas veces, la realidad supera a la ficción. La diferencia es que ahora se intenta mercantilizarlo de una manera que se acepte socialmente. Se está construyendo un relato para que lo veamos bonito. Se explota la idea de que ayudar al sueño de tener un hijo puede parecer muy loable. Pero detrás hay muchas otras cosas… No sólo por el hecho del beneficio, sino también por los riesgos para la madre y el bebé.
¿El mercado de los bebés, como muchísimos otros, es parte de un negocio global?
En España los interesados en una gestación subrogada se acogen al derecho de filiación. Una pareja va a un país donde la subrogación es legal, o no. Porque el sistema es, en general, lo suficientemente opaco para que sea muy difícil separar el grano de la paja. A la vuelta, se explica que el niño es hijo biológico de uno de los dos. Así se puede registrar, y luego el otro miembro de la pareja lo adopta. Es una manera de blanquearlo. Cuando esto se ha planteado a nivel gubernamental, se dice que estos bebés no se pueden dejar desprotegidos. A través de esto es como las empresas se aseguran de que no tendrás ningún problema, porque el país no privará de protección a los niños.
¿Tienen nombre y apellidos estas empresas?
Están muy bien organizadas y lo que hacen es mediar, poner en contacto con las clínicas, que tienen todo su sistema legal preparado, e incluso disponen de psicólogas para dar apoyo emocional. Está todo muy bien orquestado. En España, por ejemplo, también es legal hacer publicidad. Disponen de páginas web. Hace unos años se celebró una feria sobre gestación subrogada en Barcelona. Supongo que hay vacíos legales, en los que yo no entro, que les permiten actuar. Lo que hay detrás son lobbies económicos superpotentes. Conozco a periodistas que lo han investigado y han sido denunciadas.
¿De qué cifras estamos hablando? ¿Cuánto cuesta un bebé en el libre mercado?
Los precios más económicos, en Ucrania, por ejemplo, se sitúan en torno a 30.000 euros. Con la guerra se destaparon muchas de estas granjas de madres y bebés. Pero en Estados Unidos el coste suele ser de entre 180.000 y 200.000 dólares. El precio más habitual son 50.000 euros. Lo que sorprende de las páginas web que ofrecen esta opción es que dan la posibilidad de optar a paquetes, desde el estándar al premium. Cuanto más pagas, más extras tienes. Te lo venden como cualquier otra mercancía.
¿Dónde y cómo funciona el sistema?
Hay países, como Estados Unidos y Ucrania, donde es legal en todos los sentidos. Brasil, donde es legal, pero debe ser altruista, como en Canadá y Gran Bretaña. ¿Qué pasa cuando es altruista? Pues que las candidatas a ofrecerse como madres gestantes caen en picado. Hay muy pocas. Sólo cobran los gastos médicos. Hay países como la India, que durante un tiempo fue como un paraíso reproductivo, aprovechándose de la pobreza, pero lo limitaron a los nacionales.
«La subrogación existe porque hay mujeres pobres», dice la escritora Taslima Nasrin, que citas en tu libro…
Cuando he hablado con personas que han recurrido a la subrogada, se suele oír que el perfil de las madres gestantes no es ese del que hablamos, no son pobres. Son mujeres con estudios, con trabajo y lo hacen porque quieren. Lo que pasa es que el debate directo es muy complicado, relativo… Claro que quizás haya gente, a veces en contextos más religiosos, que por deseo de ayudar pueden acceder a ser madres gestantes. Pero en el mundo en el que vivimos, donde nunca hay suficiente dinero, aunque se tenga un sueldo, si te puedes sacar un sobresueldo, pues muy bien. Puede pasar que haya madres gestantes de clase media-alta, pero seguramente no es lo más frecuente.
¿Eso nos lleva, como en el debate de la prostitución, a eso de que cada uno hace lo que quiere con su cuerpo? ¿No es más bien que cada uno hacemos con nuestro cuerpo lo que podemos, nos dejan e incluso obligan a hacer, salvando las excepciones?
De todas formas, hay que separar el tráfico de lo que puede ser la prostitución. Conozco a mujeres que se quieren prostituir y pueden estar tan contentas como cualquiera en este sistema de explotación laboral en el que vivimos. En la subrogación no sólo estamos hablando del abuso y la explotación del cuerpo de las mujeres, sino que en la ecuación también entra el bebé. Hay un movimiento de hijos de la reproducción asistida que se están cuestionando cómo se está haciendo. Las familias no tienen ninguna obligación de explicar que sus hijos son de gestación subrogada. Tenemos a Olivia Maurel, en Francia, que está animando un movimiento en todo el mundo.
¿Las mafias, en este campo, quizás son más bien de guante blanco?
También existe lo que sería la black subrogation. En el libro hablamos de las mafias, de lo que se mueve en el subsuelo, partiendo de que a plena luz del día estas empresas hacen y deshacen como quieren. Actúan con legalidades, alegalidades e ilegalidades, toreando la liberalidad de una manera que me parece muy turbia.
¿Qué se requiere para hacer frente al fenómeno? ¿Juzgados especializados, policía, leyes…, más allá de la imprescindible batalla cultural?
Es complicado. De entrada opto por una ilegalización, del mismo modo que, por ejemplo, no es legal vender órganos. Para ello hace falta un consenso a nivel mundial, y eso parece muy difícil porque estamos hablando de lobbies económicos muy importantes. Nos queda intentar promover un pensamiento crítico sobre qué mundo queremos construir. La cuestión de la maternidad subrogada chirría, porque, incluso cuando todo va bien, es éticamente muy cuestionable. Pero se hace valer y se publicita un discurso buenista…















