Ni el fútbol ni el baloncesto podrán fichar en verano por falta de recursos

La postura de Xavi Pascual de replantearse seguir en el banquillo del Palau, porque no se cumplirán las promesas de refuerzos, preludian la continuidad de la precariedad y del 'fair play' excedido del Barça de Laporta que, por el contrario, necesitará vender Balde, Casadó y Ansu Fati

Joan Laporta i Xavi Pascual

El mensaje del director general del baloncesto azulgrana, Juan Carlos Navarro, ha sido claro sobre el futuro de la sección tras reconocer los recortes en el gasto sufridos en las últimas temporadas. «Este año no hemos podido reforzarnos por la situación financiera del club. Nos habría gustado tener uno o dos apoyos como han tenido otros equipos, pero este año no ha podido ser. Tenemos que hacer esfuerzos dobles, sé que la gente está justa, pero somos los que somos y tenemos que salir adelante. Todo mejorará y habrá más inversión seguro, y es lo que estamos buscando después de tres años con recortes. El próximo año seguro que tendremos más dinero y haremos un gran equipo«.

Ha sido su respuesta esperanzadora, después de meses de silencio y de esconder la cabeza ante las crisis como modus operandi de un personaje, que se ganó el puesto de primer ejecutivo del baloncesto en recompensa a su descarado laportismo, exhibido sin límites ni recato incluso en la época de Josep Maria Bartomeu, ante la advertencia más que seria de Xavi Pascual de dejar el cargo debido a la evidente falta de recursos. y de capacidad de maniobra para mejorar el potencial del equipo.

Xavi Pascual conocía perfectamente el nivel de precariedad al que estaría sometido cuando se hizo cargo del equipo, ya que era evidente y, a la vista está, las miserias de la sección han sido la causa y origen de su descenso de nivel hasta un escalón por debajo de la primera línea en la que había competido durante décadas.

Rebobinando hasta el punto en que Xavi Pascual abrió esta crisis la semana pasada, tras perder en la Euroliga en casa ante el Panathinaikos en el Palau y en Mónaco. Claro que cuando aceptó volver en noviembre pasado le prometieron refuerzos que no han llegado. También cree, y con motivos de sobra, que Josep Cubells y Joan Laporta lo engañaron con promesas de inversión imposibles de cumplir ahora y de cara a la próxima temporada.

«¿Quién sabe dónde estaremos en verano? Pueden pasar muchas cosas», fue el mensaje de Xavi Pascual, consciente de haberse empapado la bola con la que lo convencieron para sentarse en aquel banquillo donde sus últimos ocupantes, con más o menos talento, han acabado siendo igualmente víctimas del avance de la pobreza laportista en todos los ámbitos.

Juan Carlos Navarro se ha atrevido a afirmar, en cambio, lo que no ha hecho el propio presidente del club, Joan Laporta. Al contrario, enfriando la posibilidad de grandes fichajes para Hansi Flick de cara a la próxima temporada. Sólo irá al mercado, ha argumentado, si es estrictamente necesario, consciente de que los pocos recursos disponibles deben dedicarse a retener a Rashford y Joao Cancelo.

La prensa colaboracionista, además, ya ha comenzado una campaña poco disimulada para vender jugadores como Balde o Marc Casadó y, si fuera posible, Ansu Fati, los tres jugadores de Jorge Mendes.

Los dos primeros, Balde y Casadó, son los dos únicos cuyas fichas, aún moderadas, pueden entrar en este tipo de operaciones. Más complicada será la salida de Ansu Fati porque sus condiciones son ahora mismo elevadas y bastante por encima de su valor de mercado.

El baloncesto sufre una crisis de masa salarial

Volviendo al baloncesto y, como le pasa al primer equipo de fútbol y al femenino, el Barça de Laporta sufre una crisis de masa salarial que, contrariamente a la excusa recurrente de la herencia, tiene su origen exclusivamente en la pésima gestión económica y financiera, ya que esta temporada en curso el club trabaja con un presupuesto de gastos de 1.019 millones y una masa salarial de 565 millones que, sorprendentemente, representa el mejor ratio de la historia del Barça, sólo el 55% y, aún más sorprendente, baja aún más, hasta el 52%, si se aplica proporcionalmente a los ingresos previstos de 1.075 millones.

Ningún club español ni extranjero gasta tanto en luz, agua y viajes. Sólo el Barça de Laporta tiene un hueco en el bolsillo de esta magnitud. Gasta lo que no está escrito en no se sabe exactamente qué, sólo que se trata del descontrol más grande de la historia con 77 millones en salarios no deportivos (básicamente cada vez ganan más los pocos altos ejecutivos del núcleo duro de Laporta), 335 millones en gastos de gestión y otros 42 millones en otros gastos, que suman 454 millones, sólo 111 millones menos que la masa salarial.

En la temporada 2018-19, cuando se alcanzaron ingresos parecidos de 990 millones, los gastos generales y la plantilla administrativa representaban sólo el 31%, 302 millones.

Sería un alivio, o una explicación satisfactoria e incluso coherente, poder justificar que el Barça de Laporta no se deja el 45% del gasto en compras y servicios, como ocurre ahora, sino al mitigar deuda ordinaria –que crece imparable hacia los 2.000 millones– o al devolver intereses y capital de la reforma del Spotify Camp Nou.

Segregación del balance

No es así. Laporta ha segregado del balance del club lo que corresponde al Espai Barça, un espacio interestelar de cifras igualmente ocultas en el que ya se maneja una deuda financiera de casi 3.000 millones antes de concluir las obras del estadio y 1.000 millones más cuando, algún día, se afronte de verdad el conjunto del Espai Barça y no sólo lo que cuestan los ñandúes de Limak.

De esta deuda, el Barça debe pagar este año 2026 los primeros 100 millones en intereses de demora que, lógicamente, trasladará en su mayor parte al ejercicio 2026-27.

Xavi Pascual sabe, en definitiva, que por una razón u otra no habrá dinero para reforzar la sección de baloncesto. Seguro que no con los fichajes que le habían prometido.

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