Laporta gasta más que Bartomeu en las Secciones con peores resultados

La inversión en su mantenimiento ha crecido un 3% y sufre las restricciones de LaLiga por el fair play, aunque no por causa de la herencia, sino por el incremento injustificable (64%) de los otros gastos de explotación.

Barça Bàsquet

La directiva de Joan Laporta, debido a la aguda crisis económica y el tenebroso panorama que se le presenta, necesita urgentemente que, entre el pasado (la herencia de Bartomeu) y el desánimo de la propia afición del Palau, se pueda adoptar una fórmula, la menos traumática posible, que reduzca a puro simbolismo y a un papel decorativo el esplendor de la era dorada de las secciones.

Con suerte, se salvará el baloncesto y, quizás, el balonmano de una regresión y de un deterioro progresivo antes de que resuene la agonía previa a su extinción. Pagarle a Limak puntual y generosamente es ahora la única prioridad del presidente, pues gracias a la demostrada pasión electoral de sus feligreses puede hacer lo que le venga de gusto, lo permitan, o no los estatutos y el propio ordenamiento jurídico.

El caso es que la potencia del relato bajo el control laportista posee una fuerza abrumadora de tal magnitud que la verdad, incluso la que proclaman a gritos los datos de las propias auditorías firmadas por su directiva, adquiere la surrealista condición de invisible.

Por ejemplo, Laporta se ha pasado la reciente campaña electoral presumiendo de que, económicamente, «hemos salvado al Barça», afirmación que ni siquiera se ha atrevido a contradecir a Víctor Font, derrotado de antojo por la espesa niebla mediática que impide al barcelonismo verlo.

Las cuentas, sin embargo, reflejan dos años seguidos de pérdidas acumuladas de 152 millones y una deuda tan incalculable que, para mitigar su gigantismo, Laporta ha segregado del balance el endeudamiento derivado de la reforma del Spotify Camp Nou, dejando visibles sólo los casi 2.000 millones del pasivo ordinario. De los 3.000 millones a pagar por los ñandúes de Limak hasta 2050 el socio ya no sabe nada.

Secciones deportivas

Lo mismo, a menor escala, sucede con aquellas pequeñas puntadas del día a día como la que acaba de dar La Vanguardia en un informe sobre el SOS de las Secciones Deportivas del Palau, condenadas a caer en el charco fatal de la mediocridad por falta de recursos y por el abandono a favor de las exigencias de LaLiga para que no le falte de nada a Lamine Yamal.

El texto empieza subrayando que hace unos años perder en el Palau era noticia, mientras que ahora es habitual, consecuencia de los recortes económicos por la ‘herencia’ y de la estricta aplicación del fair play financiero.

El presupuesto de cada sección se habría reducido entre un 15% y un 25%, lo que ha afectado tanto al rendimiento como al interés de los socios, que se identifican cada vez menos con plantillas en las que abundan los mercenarios y se echan en falta los ídolos de casa, forjados o integrados.

Pérdida de hegemonía

El Palau Blaugrana, continúa el informe, antes símbolo de dominio casi en baloncesto, balonmano, fútbol sala y hockey patines, atraviesa hoy una etapa de pérdida de hegemonía que se diagnostica desde tres niveles: cercanos, estructurales y de gobernanza.

Las causas más inmediatas pasan por unos recortes presupuestarios del 15-25% en cada sección, justificadas por la «herencia recibida» y por el cumplimiento estricto del fair play financiero. Estos recortes han obligado a desmantelar núcleos de élite, vender o dejar escapar referentes históricos y limitar fichajes de impacto, lo que ha erosionado la competitividad sin compensación en profundidad de plantilla.

En un segundo nivel, la decadencia se explica por la falta de proyectos claros y de continuidad. En baloncesto se ha alterado completamente el modelo de juego tras la marcha de Jasikevičius y la salida de figuras como Mirotić, sin que se haya consolidado un nuevo eje de referencia.

En hockey patines se ha renunciado a la posesión de una columna vertebral de estrellas, y el club ha perdido peso en la OK Liga y en la Copa del Rey. En fútbol sala y balonmano, la ausencia de un proyecto deportivo y económico estable ha facilitado que rivales como el Liceo o clubes portugueses hayan captado tanto jugadores como técnicos catalanes, reforzando su poder competitivo mientras el Barça se quedaba en la gestión de la crisis.

Escasa planificación

El tercer nivel del diagnóstico incide en la gobernanza: la rotación excesiva de entrenadores, la escasa planificación a medio plazo y la falta de coordinación entre necesidades deportivas y capacidad económica han generado inestabilidad interna.

La falta de un mensaje claro hacia la afición, sumada a la normalización de las derrotas en el Palau, ha debilitado el vínculo emocional con los socios. En conjunto, el declive del Palau no es sólo un problema de resultados, sino de modelo de crecimiento, de liderazgo y de visión a largo plazo, que hoy se traduce en menos títulos, menos presencia continental y un Palacio que ya no impone respeto a nadie.

No lo dice La Vanguardia, pero entre líneas se adivina que la causa mayor del fútbol, primer equipo y todavía el Femenino, y de acabar el nuevo estadio como sea y al precio que sea conducirán más tarde o más temprano a esta disyuntiva entre mantener el coste inalcanzable del romanticismo de las Secciones, como el último baluarte del Más que un Club, o una renuncia, aunque dolorosa, a esta señal histórica de su identidad.

Repaso a las finanzas

Antes de llegar a este extremo, sin embargo, el socio debería interesarse por la causa real de esta otra manipulación laportista, ya que las cuentas, de nuevo, niegan la mayor de este pequeño apocalipsis.

Un repaso a los parámetros de las finanzas entre dos bloques, el previo a la pandemia entre 2016-2020 y otro entre 2021-2025, muestra datos que desmontarían esta argumentación, por el hecho de que, en este segundo tramo, tras la llegada de Laporta, a las secciones se han invertido de media 62,2 millones (12,2% del gasto) anuales contra los 45,2 millones (9% del gasto) de la etapa anterior de Bartomeu, un 3% más.

La inversión se ha incrementado en cifras y porcentajes, confirmándose, eso sí, la parte del estudio que enfatiza una pésima dirección deportiva y técnica, fichajes insospechadamente caros y con poco rendimiento, entrenadores decepcionantes y jugadores de poco compromiso y arraigo, en conjunto reflejo del desinterés de la directiva de Laporta por el futuro del Palau, sobre todo en aquella nueva instalación que nunca verá la luz mientras Laporta sea presidente.

Antes de pintar con colores tan llamativos los números del Palau, la prensa debería investigar el misterio del 64% de incremento de los gastos de explotación (al margen de la masa salarial, de las amortizaciones y de las obras del Espai Barça) asociados al retorno de Laporta.

Costes que, de media, ascendían a 260,6 millones y se han disparado hasta 427,6 millones anuales (el 64%) sin que nadie lo justifique ni lo explique. Sólo trasciende que los servicios son peores, la organización es nefasta e, igualmente, el fair play financiero no se recupera ni a la de tres.

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