«ERC tiene un problema. Se llama PSC». La frase es de un dirigente republicano, pero la podría haber dicho cualquier dirigente de Junts per Catalunya (JxCat). Una parte importante de la formación que preside Oriol Junqueras está de acuerdo con esta lectura, porque un segmento importante de Esquerra se encuentra más cómodo en un frente identitario que en un frente social. O sea, preferirían pactar con la derecha independentista antes que con una izquierda no independentista.
Junqueras lo sabe y, al ser un hábil timonel, lleva el barco republicano por donde no lo puedan tocar los arrecifes. «Esto desgasta su figura. Lo sabe, pero confía en llegar a buen puerto y en sacar provecho de sus reivindicaciones. Para pescar peces, hay que mojarse. Y nadie puede decir que Junqueras no se moja. Se está exponiendo a un peligro real que pueda explotarle todo en la cara y que quede mal, acusado de haber apoyado al PSC sin sacar nada a cambio. Pero la jugada también le puede salir bien y convertirse en el referente del independentismo, que es lo que busca», explica a EL TRIANGLE un dirigente del sector junquerista.
De momento, ha escenificado una pax romana con el PSC. Hay tensión, pero la sangre no llegará al río, al menos de momento. El comunicado conjunto que PSC y ERC firmaron para justificar el aplazamiento de la aprobación de los presupuestos de este año certifica la fama de gato viejo de la política de Junqueras.
Se ha consolidado un pacto de no agresión entre socialistas y republicanos, y eso se nota en el comunicado que han firmado juntos. «Nos comprometemos a negociar para aprobar unos presupuestos en los términos indicados en los puntos anteriores antes de finalizar el actual periodo de sesiones parlamentarias», se afirma en el comunicado.
Las buenas intenciones expresadas en este documento ocultan que, en el fondo, hay una brecha abierta entre los dos partidos. Hablan de proyectos «que requieren un trabajo redoblado y conjunto en todos los frentes políticos, muy especialmente durante el año en curso» y plasman el compromiso de los dos partidos para «seguir impulsando las negociaciones y las modificaciones legislativas necesarias para hacer efectivos los pactos de investidura». Esta es la palabra mágica, la que lleva a Junqueras por el camino de la amargura, porque si fallan los pactos de investidura habrá fallado su estrategia.
Fuentes bien informadas señalan que, en realidad, Junqueras nunca ha querido aprobar los presupuestos de Salvador Illa en la primera oportunidad, sino que ya había meditado desde el principio aplazar el acuerdo, si finalmente los hay, para el verano de 2026.
Por su parte, el PSC deja que el viento lo empuje. Sabe que no hay alternativa a Salvador Illa porque los independentistas no suman votos. Por este lado, el presidente Salvador Illa está tranquilo, ya que nadie le podrá mover la silla.
Pero las intenciones de ERC son muy diferentes de cómo se quieren presentar. «Junqueras necesita marcar distancia con Junts. Está obsesionado con destrozarlos y juega sus cartas según sus intereses», admite una fuente cercana a las negociaciones de los dos partidos. De hecho, aunque algunos argumentan que la decisión de votar «no» a los presupuestos de Salvador Illa ya estaba tomada desde días antes, desde las filas del PSC se sostiene que se intentó hasta el último minuto de la noche del 17 de marzo. Y al día siguiente se hizo público el comunicado.
Un excargo republicano reconoce también que la intención de Junqueras «siempre ha sido escenificar que no se somete a los designios del PSC. Necesitaba dar un golpe de puño encima de la mesa para que el electorado viera que tiene capacidad de influencia sobre los socialistas. Por eso mantiene el pulso a Salvador Illa y le obliga a aplazar la aprobación de los presupuestos. De hecho, con ello puede presumir que es el jefe y conjura las acusaciones, que podrían venir de Junts, de sumisión al PSC. Es, por decirlo así, una manera de decir a Junts y a sus posibles votantes que no es un traidor, que sigue estando al servicio de Cataluña».
En otras palabras, los junqueristas consideran que mientras se mantenga la tensión con el Govern para la aprobación de los presupuestos, ERC no perderá terreno ante Junts. Por ello, a Junqueras le interesa alargar la situación, sabiendo que, cuanto más resista ERC a quedarse al margen de los socialistas, más desgaste sufrirá Junts de cara a las próximas elecciones. Y si algo anhela el líder republicano es ver a su gran rival detrás en votos y escaños y, si puede ser, «cuanto más hundido, mejor».
Tensiones internas
Pero hay otro aspecto importante: ERC tiene problemas internos y hay voces que reclaman un conclave para redefinir la hoja de ruta o para cuestionar la estrategia de la dirección. Con el pulso a los socialistas, Junqueras tiene otro activo para mantener a raya a los sectores más combativos de Esquerra: mientras no apruebe los presupuestos, tendrá una cierta carta blanca. Y después, dependerá de lo que haya conseguido del PSC para satisfacer los pactos de investidura y las exigencias republicanas de principio de legislatura.
Por eso su prioridad es saber qué les puede quitar a los socialistas en estos meses hasta la aprobación (o no) de las cuentas del Govern. De momento, ha suavizado la postura en relación con el traspaso del IRPF y la recaudación de todos los impuestos, porque incluso los más beligerantes saben que la Generalitat no está preparada tecnológicamente para asumir la recaudación y la gestión de todos los impuestos.
La consejera de Economía y Hacienda, Alicia Romero, ha afirmado que ERC había renunciado a exigir el traspaso del IRPF y que en julio habrá presupuestos. Pero Junqueras no dejará que se aprueben si antes no hay acuerdos que establezcan las bases para el traspaso efectivo de la recaudación del IRPF, aunque no podrá haber pasos definitivos en este sentido sin una modificación de la Ley Orgánica de Financiación de las Comunidades Autónomas (LOFCA). Ante esta dificultad, ha planteado al Gobierno central modificar la gestión a través del Consejo de Política Fiscal y Financiera o del trámite de enmiendas sobre la nueva financiación.
Pero es consciente de que el traspaso entre haciendas debe hacerse gradualmente y el tema se alargará durante años, porque se debe encajar cada uno de los impuestos en la gestión de la administración catalana con una cadencia y un programa diferente en cada uno de los asuntos, buscando en otras administraciones (tanto españolas como extranjeras) instrumentos que se hayan usado para situaciones similares. Los más optimistas calculan que un trasvase de la gestión de la totalidad de los impuestos no podría hacerse en menos de seis o siete años, aunque la gestión del IRPF pueda quedar culminada en la mitad de tiempo.
«Es un encaje problemático y muy complejo, al que hay que añadir después el componente humano, porque la hacienda catalana no tiene suficientes funcionarios para asumir esta gestión. Deberían traspasarse los casi 3.000 trabajadores de la Hacienda española, pero la pega es que se oponen, y eso coloca a la Agencia Tributaria Catalana en una situación muy comprometida. No se puede imponer el traspaso de miles de trabajadores de una administración a otra por la fuerza, sin negociación, no solo por el malestar social que esto podría producir, sino también porque, en este momento, te arriesgas a una huelga indefinida que te paraliza la administración», reconoce una fuente de Esquerra.
La situación, por tanto, es compleja, y requiere negociaciones multibanda para poder realizar con éxito una de las operaciones de transformación de las administraciones públicas de Cataluña más grandes de toda su historia. «Junqueras es consciente de que es un tema complejo, pero no imposible, y por eso hay que ponerse en marcha lo antes posible. Lo que no podemos decir es que haya renunciado a sus reivindicaciones, que siguen siendo las del primer día. Y eso lo saben incluso los círculos más independentistas de Esquerra. Al partido nadie le acusa de traicionar sus principios», dicen desde ERC.
Aun así, desde algunos ámbitos del PSC se duda de que se puedan aprobar presupuestos en julio aunque haya la mejor de las predisposiciones de Salvador Illa para allanar el camino del cumplimiento de los pactos. «ERC es un partido muy volátil y no sabemos qué puede pensar de aquí a tres meses. Es más, es un partido que puede cambiar de criterio radicalmente en un plazo de 24 horas y sin que haya un motivo aparente para hacerlo. En este sentido, los de Junts son más serios y, cuando pactan una cosa, la mantienen hasta el final», explica un alto cargo socialista.
Son conscientes también de que Oriol Junqueras es un político que está entre la espada y la pared. «Los de Junts están esperando que meta la pata para lanzársele encima, porque necesitan recuperar terreno por el centro. Las encuestas auguran una caída histórica de Carles Puigdemont, y parece que no van muy equivocados, por lo que la recuperación de votos por un lado intentaría aminorar el impacto de los agujeros que se le hacen por el otro, por la derecha, con cuadros, dirigentes, cargos y votos que se le escapan hacia Aliança Catalana», analizan desde el PSC.
Ante el peligro de Junts, el líder republicano no tiene más remedio que usar los instrumentos a su alcance para neutralizar las consecuencias del avance de Puigdemont. Y una de las mejores opciones que tiene es presionar a los socialistas para proyectar la imagen de que ERC «influye y es el único partido independentista con margen de maniobra y con poder para doblegar a los socialistas, mientras que Puigdemont ha pactado siempre en función de sus intereses personales».
*Puedes leer el artículo entero en el número 1659 de la edición en papel de EL TRIANGLE.













