Desde el miércoles pasado, el sindicato CCOO de Cataluña ha iniciado una acampada de protesta por el carácter de los despidos masivos en las obras de reforma del estadio del FC Barcelona. La acción incluye concentraciones diarias a las 07:45 horas y denuncia vulneraciones laborales graves por parte de las empresas subcontratadas por Limak (contratista principal), como Ekstreme Works y Ramstar, consistentes en despidos abusivos que afectan a unos 80 trabajadores en total, muchos en situación irregular, sin cobrar salarios y presionados para abandonar sus alojamientos.
El último antecedente, o incidencia, data de noviembre pasado cuando Ekstreme Works recibió una multa de 1 millón de euros por parte de la Inspección de Trabajo por 79 infracciones en materia de extranjería, con trabajadores sin papeles durmiendo incluso delante del estadio. Los nuevos despidos de Ramstar (unos 30 operarios) responden a reclamaciones de derechos, agravando la «explotación laboral» según el sindicato.
A Limak, como se ha demostrado a lo largo de más de dos años de actividad, no le importa nada que la imagen del FC Barcelona se vea continuamente dañada por episodios eternizados de conflictos como el sancionado por la Inspección de Trabajo de la Generalidad de Cataluña contra Ekstreme Works tras calificar la infracción de muy grave.
La empresa en cuestión forzaba a trabajar a ciudadanos extranjeros sin documentación, contrato ni tampoco permiso de trabajo a los que ahora, tras la multa, ha despedido y ha dejado en la calle como reacción a la demanda de sus derechos, entre ellos la regularización como trabajadores tal y como contempla la ley.
La aplicación sistemática de políticas esclavistas de Limak, por otra parte, habituales en su país, se ha impuesto a las obras de reforma del Camp Nou con descaro y casi con exhibicionismo durante meses, sin que las multas, las amonestaciones y las advertencias de la administración y de las autoridades reguladoras del sector hayan servido ni mucho menos para moderarlas siquiera.
Pero aún ha sido peor la actitud contemplativa de la directiva de Joan Laporta, que primero se inhibió y se desmarcó de los problemas y luego apenas mostró un débil rechazo a hechos vergonzosos que finalmente se han normalizado en un contexto de tolerancia y menfotismo.
Interessos de Laporta
Ninguna sorpresa. Limak es el ‘juguete’ preferido de Laporta, que ya organizó en su día las cosas para camuflar como un proceso de licitación según las reglas lo que realmente fue una decisión personal por intereses que algún día serán revelados.
Antes de pasar por la junta, el informe de los propios técnicos del club habían suspendido y descalificado a Limak por su manifiesta insuficiencia para el proyecto. Laporta, sin embargo, hizo el alijo y las obras fueron adjudicadas a Limak.
Desde entonces, los medios han denunciado prácticas esclavistas basadas en jornadas de 10-12 horas diarias y más de 50 horas semanales por unos 1.000 € mensuales, salarios por debajo de convenio, SMI y sin pago de horas extras, llegando a deberse más de 1.400 € sólo por los sábados trabajados.
Algunos obreros han dormido frente al estadio para no perder el trabajo o han malvivido en condiciones precarias mientras trabajaban más de 50 horas semanales sin que se les hayan remunerado las horas extras, han sido afectados por incumplimientos básicos del convenio del sector y han acabado cobrando entre 300 y 600 € menos al mes, o sea, replicando el patrón habitual en empresas que recurren al fraude laboral.
La Inspección de Trabajo también ha detectado suplantación de identidad, uso de empleados sin permiso de trabajo y ausencia de contratos o alta en la Seguridad Social, lo que ha derivado en sanciones e investigaciones a varias subcontratas.
Hay casos en que las subcontratas obligan a los trabajadores a devolver en efectivo salarios regularizados bajo amenaza de despido.
Incidencias documentadas que, sin embargo, sólo algunos medios, más bien pocos, han seguido y publicado en un contexto de denuncia por la influencia en la imagen del club permitiendo abusos y trampas cronificadas en la contratación y explotación de los trabajadores.
Es cierto, sin embargo, que a pesar de estas atrocidades, conflictos y mala praxis, que a su vez han provocado evidentes retrasos —de un año en la reapertura— y de dos en el final de la obra con la cubierta instalada, Laporta ha conseguido que sea el Ayuntamiento de Barcelona quien finalmente haya aparecido como el primer responsable de que los permisos hayan llegado con retraso.
Esta otra realidad paralela, en la que Limak se salva de cualquier crítica relativa al esclavismo, a los defectos de obra detectados, a los retrasos y a los sobre costes, demuestra hasta qué punto, nuevamente, la prensa laportista es capaz de modelar a la opinión pública a su favor.
Hasta el punto de que esta acampada de protesta en el Camp Nou, justo en el momento en que empieza la campaña electoral, no parece que vaya a afectar su desarrollo ni la tendencia porque este es también otro de esos temas tabú para la oposición. Curioso.











