Los conceptos de IDA y SAC

Ante todo, aclaro lo siguiente: todo lo que voy a contar a continuación no se refiere a nadie en concreto. Por tanto, como se dice, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

Una persona IDA es la que se encuentra en un estado mental alterado, a menudo asociado a la confusión, desorientación o pérdida de la capacidad cognitiva.

En cambio, se llama SAC a una persona que tiene una característica o defecto de manera muy marcada o exagerada.

Susana Alonso

Son muchos los que consideran que hablar de alguien, aunque sea para ridiculizarle poniendo negro sobre blanco lo que dicen, es la mejor forma de hacerles propaganda.

Se basan en la creencia de que sus palabras sólo buscan conseguir la publicidad, puesto que es difícil creer que tantos disparates no dejen de ser más bien una provocación para llamar la atención.

Alguien dijo que lo mejor para conseguir ser conocido es que hablen de ti aunque sea mal. Esto es lo que busca una conocida presidenta de una comunidad de un estado europeo que, un día sí y otro también, cuando abre la boca es para decir una barbaridad, lo que resulta sospechoso, ya que es difícil aceptar que no se dé cuenta de semejante estupidez.

Esta frase, atribuida a Oscar Wilde, refleja una estrategia de comunicación basada en la provocación y la polémica. La presidenta en cuestión, IDA, parece seguir esta línea, ya que sus declaraciones a menudo generan indignación, rechazo o mofa entre sus adversarios políticos y gran parte de la ciudadanía.

Sin embargo, ella sabe que así logra mayor visibilidad y notoriedad. Y es cierto, pero lo que también logra es erosionar su credibilidad y la de su partido, aunque no todos lo ven así.

IDA no trata de decir lo que piensa sin tapujos, sino de decir lo que no tiene sentido ni fundamento, sólo para crear controversia y desviar la atención de los problemas reales de su comunidad.

Su estrategia política se basa en hacer de payasa frente a las cámaras y los medios de comunicación, sin importarle lo que piensen sus adversarios o los ciudadanos. Sabe que tiene el apoyo de su partido, que no se atreve a contradecirla ni cuestionarla -recuerda el caso del expresidente de su partido- y por eso sigue haciendo el ridículo sin hacer caso de ninguna crítica ni insulto.

Con este comportamiento sólo demuestra la falta de propuestas serias y constructivas por parte de una persona que quiere ser el centro de todas las miradas, sin importarle el bien común ni el respeto a la pluralidad y diversidad.

Ahora bien, es evidente que con esta conducta, no sólo consigue que hablen de ella, sino también distraer la atención sobre lo que realmente son problemas y evitar la crítica argumentada.

Sin embargo, los resultados electorales nos demuestran que esta táctica le sale bien y le permite conservar una mayoría para gobernar y seguir haciendo lo que quiere, ignorando los problemas de las personas de su comunidad y despreciando a la misma mayoría que le apoya.

Sin embargo -me dice un buen amigo- esta actitud puede tener consecuencias negativas a largo plazo, ya que puede erosionar la confianza de los ciudadanos en las instituciones, puede generar mayor polarización y confrontación y, sobre todo, puede dificultar la cooperación con otros actores políticos y sociales.

Por tanto, sería más conveniente que esta estrafalaria persona gobernante adoptara una postura más dialogante, transparente y respetuosa con la diversidad de opiniones e intereses que existen en su comunidad. Pero esto es pedirle demasiado.

También, en el estado en cuestión, existe otro político que se caracteriza por su agresividad verbal y su falta de respeto hacia sus adversarios. Se trata de SAC, que no tiene ningún problema en insultar, despreciar o ridiculizar a cualquiera que no piense como él y que ha logrado captar la atención de muchos votantes descontentos.

Incluso, el jefe de filas de la derecha moderada ha terminado adoptando algunas de sus propuestas absurdas y peligrosas.

IDA o SAC dicen algo horrible, insensato, rancio o demagógico, o todo esto a la vez, y corremos a comentarlo y amplificarlo en redes sociales.

Sin embargo, está claro que esta es una forma de hacer política que no tiene ningún sentido, ya que no se puede pretender que la gente se olvide de los problemas reales que afectan a su vida cotidiana con escenarios y espectáculos que sólo buscan generar polémica y atraer la atención mediática.

Para conseguir salir de este bucle es necesario apartar la idea de que la política es espectáculo o suma de espectáculos pero también debe ponerse en valor que la política es un espacio de afirmación moral y de compromiso con el bienestar de la mayoría social. Se trata de defender de nuevo la política o, si se quiere, las políticas que mejoran de forma real y concreta la vida de la gente.

Como alguien dijo: no era que estaban riendo en lugar de pensar, sino que no sabían de qué se reían porque habían dejado de pensar.

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