Laporta y Xavi generan una excesiva presión ante la eliminatoria europea

El entrenador desafía a la prensa con el big data, su falta de autocrítica y de humildad, mientras Laporta transmite a su entorno el pánico a otra eliminación prematura mientras el Madrid ficha a Mbappé

Xavi Hernández

Al Barça de Xavi y de Joan Laporta le espera una eliminatoria de Champions, frente al Nápoles, con una sobrecarga exagerada de presión interna y externa, al extremo que, entre unos y otros, la han convertido, seguramente demasiado pronto, en un cara o cruz, en una especie de final anticipada donde debe demostrar cuáles son sus verdaderos límites para esta temporada que, no obstante, aún podría acabar bien si el equipo endereza el rumbo. Esa es precisamente la única puerta que ahora mismo le abre grandes expectativas, la posibilidad de completar un pase a los cuartos de final con solidez y autoridad, regalándose una inyección de moral, confianza y de optimismo de cara a la recta final, pues su rival italiano atraviesa una profunda crisis futbolística pese a haber conquistado el scudetto la temporada anterior.

El otro factor inquietante de esta encrucijada lo provoca el pánico y el nerviosismo de Laporta ante la posibilidad de no cumplir el presupuesto, en buena parte por esa negligencia habitual que se podría ver agravada con la pérdida de los ingresos previstos por jugar los cuartos de final de la Champions. El precedente de una situación parecida se dio con ocasión del partido de cierre de la liguilla el pasado mes de diciembre cuando Xavi optó por darle descanso a jugadores como Lewandowski o Gundogan, y Laporta, intranquilo por los 2,8 millones en juego, le obligó al técnico a meterlos en la lista, alinearlos y cambiar el plan de viaje, una absurda decisión que no sirvió de mucho, pues la victoria fue para el modesto equipo del Amberes. El escenario de preocupación se repite en esta encrucijada aumentada por el zasca que acaba de darle LaLiga a Laporta reduciéndole el margen salarial de 270 a 204 millones, si bien no puede hablarse de un revés inesperado si se analiza la deriva en la gestión. Lógico que cunda el pánico.

Por lo que respecta al rival, en el plano deportivo, el Nápoles no tiene ninguna chance en la liga italiana y acaba de destituir fulminantemente a su entrenador a pocas horas del partido de ida en el estadio Diego Armando Maradona. La principal dificultad, en un choque donde el Barça parece llegar algo mejor que su rival por clasificación y resultados en la Liga, radica en no dejarse arrastrar por el remolino de sensaciones negativas que le preceden tras sus malos partidos en la Supercopa, en la Copa y por haber cedido demasiada distancia con respecto al Real Madrid a lo largo de unas semanas extrañamente marcadas por la continuidad de Xavi, una vez anunciada su voluntad de no seguir más allá del 30 de junio y la no menos disparatada postura del presidente de indultarlo y de concederle esa prórroga, aun admitiendo que tras la catástrofe frente al Villarreal en Montjuic lo hubiera destituido.

Esa atmósfera, cuando menos curiosa, en torno a un equipo que ha ido salvando partidos en la Liga sin mejorar excesivamente el juego se ha crispado mediáticamente tras las últimas declaraciones de Xavi, sacando pecho en Vigo por el resultado, por el juego y por haberle dado un zarpazo a la cabeza de la tabla combinando su victoria en el tiempo de descuento, y de penalti, con el empate del Real Madrid en Vallecas. Si las relaciones con la prensa ya eran tensas y difíciles a causa de las reiteradas acusaciones del técnico a los periodistas por haber desestabilizado el vestuario y, sobre todo, no haber valorado su trabajo en el banquillo, esta actitud soberbia y poco humilde de Xavi ha acabado por crispar el ambiente.

A Xavi le han llovido las críticas por esa recurrente falta de autocrítica, llevada a un estadio surrealista al afirmar que, según el big data, el Barça debería liderar el campeonato, un análisis computacional que valora las expectativas del juego, O sea, las ocasiones o el juego de ataque, donde destaca el estilo azulgrana, contra la efectividad real de cara a gol, ámbito en el que el Barça de Xavi no saca buena nota. A los ojos de la mayoría de los aficionados y de especialistas, esos argumentos del entrenador barcelonista, además de absurdos, no resultan convincentes ni justifican esa sensación entusiasta y positiva que intenta transmitir. En definitiva, que dadas las circunstancias personales de alguien que no se sabe del todo por qué sigue en su puesto, habiendo tirado la toalla y que tampoco satisface a la junta, Xavi ha puesto sobre él mismo y sobre el equipo una presión probablemente innecesaria en esta encrucijada. Igualmente, sin embargo, el efecto radicalmente contrario y positivo en caso de realizar una gran eliminatoria propiciaría un cambio decorado y de motivación espectacular. El cruce con el Nápoles parece una gran oportunidad para enterrar fantasmas.

Otra cosa distinta es el espanto que se adivina en el estamento directivo y en el entorno del presidente Joan Laporta, que si la emprendió con la bandeja con los canapés la noche del Villarreal fue porque los ingresos dependientes del rendimiento del equipo esta temporada son más trascendentales que nunca. Solo de imaginar que se podría quedar fuera de la próxima Champions la próxima -consideración exagerada- o de peligrar los cuartos de final de esta edición a Laporta le comieron todos los demonios.

Y no es para menos, en la edición de la Champions pasada, donde no pasó de la primera fase, el club azulgrana solo ingresó 69,8 millones por la pasada Champions y 1,3 millones por jugar el play-off de la Europa League ante el Manchester United. En cambio, el campeón Manchester City, con 134,9 millones, y el semifinalista Real Madrid, con 118,8 millones, le sacaron una distancia que mucho menos el Barça de Laporta puede permitirse. En el ranking de la pasada temporada, el Barça ocupó la plaza decimosegunda por detrás de Manchester City (134,9 milions), Real Madrid (118,8), Bayern Múnich (108,1), Paris Saint-Germain (101,3), Inter Milán (101,2), Chelsea (95,5), Milan (85,8), Liverpool (84,2), Nápoles (77,5) y Benfica ( 73,9).

Una clasificación realmente alejada de las expectativas y de la grandeza de una institución como la azulgrana que, además, acaba de recibir otro golpe difícil de encajar como es el anuncio prácticamente oficial del fichaje de Mbappé por el Real Madrid, que llega al Bernabéu gratis y en unas condiciones que no serían disparatadas, por unos 50 millones anuales incluida la parte de prima de fichaje. Messi, al que Laporta echó, se habría adaptado a unas condiciones parecidas dada la situación económica del club por culpa de la pandemia.

Resulta sencillo comprender el histerismo de Laporta frente a esta eliminatoria, aunque menos la dialéctica y el relato de Xavi, que parece estar librando una batalla completamente distinta, muy personal, bastante alejada de la realidad.

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