Sesión de baño y masaje para Laporta contra la crisis de los canapés

Tras el empate con el Granada, el presidente se reunió finalmente con los colectivos 'groupies' usados contra Bartomeu para amarrar su lealtad y frenar sus tímidas reivindicaciones de transparencia y democracia

Joan Laporta

Prácticamente los mismos colectivos de socios del FC Barcelona que promovieron en su día el voto de censura contra Josep Maria Bartomeu se han convertido hoy en una especie de plañideras de la junta de Joan Laporta que el presidente utiliza a su antojo y necesidad con la única finalidad de aparentar que en torno a la entidad palpita una vida de activismo, participación y capilaridad democrática. O sea, para parecer que el Barça sigue vivo socialmente cuando es evidente y está más que probada la más que absoluta desconexión y aislamiento de la junta con respecto a la masa social. Hasta el extremo que, según algunas fuentes, la escena de crispación y de nerviosismo que acabó con el aterrizaje forzoso de una bandeja de canapés en el suelo del antepalco del Lluís Companys llegó precedida de las críticas de entre uno y tres socios que, a la vista del mal partido del equipo ante el Granada, vocearon «¡Laporta, dimisión!» reiteradamente.

En contraste, para el presidente resultó balsámica la reunión mantenida al día siguiente, en un entorno completamente relajado y de seguridad, en las oficinas del club, con los representantes de El Senyor Ramon, Dignitat Blaugrana, Compromissaris FCB, Seguiment FCB i Un Crit Valent, colectivos que si por algo se han destacado desde marzo de 2021 no es precisamente por su capacidad para la fiscalización de la gestión de la junta y mucho menos de la defensa de los derechos y libertades de los socios a los que dicen representar y salvaguardar. Al menos esa era su razón de ser e del infatigable ir y venir por los medios y por la prensa acusando a Bartomeu del apocalipsis barcelonista y pidiendo a gritos su dimisión porque el club no iba a poder soportar un solo día más su presidencia.

Hoy, ante un panorama verdaderamente dantesco en el ámbito económico, con pérdidas millonarias y una alarmante caída de los ingresos, sin pandemia, cerradas e inutilizadas todas las vías de control estatutario sobre la directiva, con los socios anestesiados y expulsados hasta de Montjuic y un panorama deportivo esperpéntico en torno a un entrenador que no quiere serlo y que al presidente le habría gustado destituirlo hace semanas, esos padrinos del barcelonismo han corrido, serviles, a arropar al presidente. Como al resto, Laporta los embauca y torea, en su caso mientras desfilan cantando el Cara al sol de ese neobarcelonismo en el que uno de los principales personajes, paradójicamente en la sombra, no es otro que el cuñado franquista de Laporta, Alejandro Echevarría. Casi seguro que fue él quien le susurró la conveniencia de dedicarles unos minutos-basura a estos groupies y al teatrillo de su falso protagonismo en el decorado de cartón-piedra del laportismo. De hecho, Laporta venía evitando esta reunión, por pura desgana, desde hace más de un año.

Su última y más reciente actuación, hace apenas unas semanas, fue el lanzamiento de un comunicado de impacto cero sobre la necesidad, poco concreta y demasiado sutil, de hacer frente a los enemigos del club, probablemente una alusión crítica a las informaciones de El Periódico sobre los abusos laborales y esclavismo denunciado en el Espai Barça, y de «cerrar filas alrededor del Club en estos momentos sociales y económicos complicados que nos está tocando vivir, transmitiendo mucha positividad y confianza en lo que está por llegar. Tenemos una excelente base deportiva, tenemos el mejor Club polideportivo del mundo, tenemos una Masía envidiada en todo el planeta y somos pioneros en la promoción y práctica del deporte femenino y en las causas sociales. Por todo esto, estamos convencidos de que vale la pena seguir luchando por un Club mejor».

También dejaron dicho que «trabajamos y trabajaremos para seguir reclamando transparencia respecto a todas aquellas cuestiones que nos preocupan y que a la vez nos ilusionan, entre ellas el Espai Barça, el proyecto más importante, por su impacto social y económico, en nuestros más de 120 años de historia. Reiteramos la necesidad de tener mecanismos de diálogo y participación real y activa entre los socios y socias, mucho más allá de la información dada por el Club, necesaria, pero en ningún caso suficiente, para canalizar las inquietudes e interrogantes que durante todo este proceso irán surgiendo entre los socios y socias».

Esta movida suya, entre cómica y ciertamente patética, viene a confirmar que, a estas alturas, lo que parecía un tejido barcelonista sensible, vital, comprometido y activo de otros tiempos no tan lejanos solo era la instrumentación del laportismo, con la cobertura y participación directa del propio Gobierno de la Generalitat con el propósito de agitar el entorno, echar a Bartomeu del palco y preparar el retorno de un presidente tan listillo en la oposición como inútil y tóxico para la gobernanza.

Muy pocos socios, aisladamente, se preguntan en las redes sociales dónde están los barcelonistas con medios, legítima representación, orgullo culé y amor propio para saltar a la arena e intentar frenar la caída laportista hacia el abismo y también por qué los mencionados grupos El Senyor Ramon, Dignitat Blaugrana, Compromissaris FCB, Seguiment FCB i Un Crit Valent se atribuyen, o les otorga la junta, esa representatividad, cuántos socios los integran y qué otras actividades barcelonistas promueven, abiertas, participativas, de debate o de divulgación. También reflexionan sobre el hecho de que Laporta fuerce la relación telemática con los compromisarios para dominar las asambleas y acallar su voz, además de haber suspendido las sesiones con socios y, en cambio, se sienta con una minoría que, está claro, utiliza y manipula en favor de sus intereses.

Tras la reunión, ¿no deberían haber hecho un ejercicio de transparencia de cara a los socios con uno de esos comunicados suyos, resumiendo lo tratado? ¿Les dijo Laporta qué planes deportivos tiene? ¿Cómo tapará el desastre de Barça Studios? ¿Podrá reforzarse el equipo en verano? ¿Laporta y Deco también se quieren cargar el estilo de juego, además del de propiedad, la economía y lo que queda de patrimonio?

La sensación que se ha instalado entre los pocos socios que aún suspiran por un milagro en forma de reacción social es que, si estos colectivos mantienen su espíritu colaboracionista y de rendición, de apagado técnico, en definitiva, no queda ninguna esperanza de iniciar y de hacer progresar acciones visibles y sólidas de protesta, disconformidad y desacato al autoritarismo laportista. Es como si, en cuestión de meses, en paralelo a la demolición de la tercera grada y el entorno del estadio, también se hubiera derrumbado la arquitectura social del club, hecho que han certificado las asambleas organizadas por la KGB de la directiva laportista al amparo de una sincronizada y efectiva labor de anestesia y amnesia mediática.

No puede ser más significativa la radiografía azulgrana de estos grupos, tan rigurosos, metódicos y agresivos en sus mejores días de oposición a la junta de Bartomeu, en la que no se evalúan el rendimiento, los costes y futuro del primer equipo, los balances económicos, la salud de la democracia social, el endeudamiento patrimonial y la burla financiera en torno al Espai Barça. Solo se refieren, y aplauden, a la eficiencia de la Masía y los éxitos del femenino de las secciones. O sea, lo mejor de la herencia de Bartomeu. El resto, como es notorio y reconocido, solo ha hecho que empeorar. Finalmente, Laporta les prometió, aseguró y juró que no abriría ningún debate sobre la conversión del Barça en SA mientras dure su presidencia. Ingenuamente, interpretaron la predisposición del presidente a evitar esa deriva cuando, en realidad, se está refiriendo a que esa salida única vendrá impuesta total o parcialmente a cambio de la deuda o que saldrá corriendo un minuto antes de lo inevitable.

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