El estadio Lluís Companys sigue sin enganchar al público barcelonista

La directiva de Laporta, que no da con la fórmula para atraer público a los partidos del Barça, se ve obligada a ampliar el cupo de invitaciones y aplicar descuentos de hasta el 40% en la mayoría de los partidos

La graderia de l'Olímpic durant el partit contra el Porto

La directiva de Joan Laporta está dispuesta a pagar a Limak los bonus que sean necesarios con tal de poder reabrir el Spotify Camp Nou en la fecha prevista, con motivo de 125º aniversario de la fundación del FC Barcelona, el 29 de noviembre de 2024. Las obras de la construcción de la nueva tercera grada complicarán sobremanera la logística de jugar asiduamente en una instalación con limitaciones de aforo y de accesos, además de condicionar los servicios y de presentar, en su conjunto, toda una serie de incomodidades. Aun así, Laporta y su equipo están completamente seguros de que cualquier alternativa será mejor que seguir utilizando el estadio Lluís Companys.

Las previsiones de asistencia no son las esperadas, ni mucho menos, y el rechazo de los socios y abonados se ha manifestado por todos los canales posibles a la directiva, como también lo han hecho el colectivo del potencial público integrado por los barcelonistas sin carnet y sin abono, los visitantes ocasionales y el turista, que tampoco está respondiendo.

El área de ticketing ya no sabe qué hacer ni qué medidas adoptar para conseguir mejorar la presencia de socios y de seguidores después de haber aplicado a las tarifas previstas un 40% de descuento prácticamente en todos los partidos disputados hasta la fecha desde que se abrió esta nueva etapa con ocasión de la disputa del torneo Joan Gamper, el pasado 8 de agosto.

Solo de esta forma, mediante descuentos y facilidades, incluido el reparto de entradas gratuitas a determinados colectivos y peñas colaboracionistas con el régimen laportista, el área responsable de llenar el Lluís Companys ha podido ir registrando entradas por encima de los 40.000 espectadores, más o menos la mitad de la media conseguida en el Spotify Camp Nou la temporada última sobre un aforo de 95.877 asientos disponibles una vez extraído un sector el gol sur previo a las obras de preparación del nuevo estadio.

La prueba inequívoca de esa deserción generalizada la ofreció el balance del clásico, un atractivo partido en el que, contrariamente a lo que se pueda suponer, debido al efecto abonado en el Spotify, donde el uso es masivo en este tipo de partidos, la directiva pudo disponer de un número mayor de localidades a la venta libre, hasta unas 35.000. En cambio, reconocido por el directivo responsable de marketing, Juli Guiu, la recaudación fue de 7,6 millones, por debajo del último disputado en el estadio de 8,3 millones. La cifra arroja una media de venta por debajo del precio facial de la entrada como han confirmado diversas fuentes.

Los expertos señalan, como conclusión de este primer periodo de experiencia lejos de Les Corts, que la junta no ha sido capaz de aprovechar la reacción de rechazo de la mayoría de los socios abonados, unos 85.000, de los cuales solo 16.684 han renovado el suyo en Montjuic, para rentabilizar ese espacio abierto a la venta a todos los públicos.

El fenómeno registrado en el Olímpico es completamente inverso a la dinámica de los últimos años, marcada por la permanente petición de los touroperadores en busca de entradas para la amplia demanda de la población flotante de Barcelona y sus repletas costas de visitantes (Costa Brava y Costa Daurada). Las sucesivas directivas de las tres últimas décadas han actuado más bien en contra del uso del abono, dando todas las facilidades posibles a los socios para liberar sus asientos a través del Seient Lliure. La media de las liberaciones registrada venía siendo de 30.000 localidades, inferior en muchos partidos a las posibilidades de colocación por parte de los agentes oficiales de reventa.

Ahora, sin embargo, los propios agentes cualificados se quejan de lo complicado que les está resultando vender las localidades disponibles, adquiridas con descuento, que finalmente se están viendo obligados a ofrecer con amplios descuentos y ofertas especiales a través de todos sus canales disponibles.

La percepción general, también en la apuesta de venta online y de promociones para una amplia mayoría de los ciudadanos desarrollada desde el club, es que a los aficionados no les gusta Montjuic, ni tampoco a los turistas que, por su parte, identifican la experiencia de asistir a un partido del Barça con sentir la inmensidad y la espectacularidad de la grada del ya reducido Camp Nou, su imagen icónica y ese ambiente también exclusivo y tan exigente. Prefieren esperarse, de forma mayoritaria, a que las obras hayan acabado.

Tampoco ayuda a la promoción de la asistencia las enormes restricciones de movilidad rodada aplicadas en cada partido, una circunstancia especialmente destacada en la venta con los packs turísticos donde no es posible incluir, y, por tanto, añadir al coste de la entrada, el traslado y la recogida hasta a las mismas puertas del Lluís Companys.

Otra cosa, que algún día se sabrá del todo, es si las prohibiciones las ha impuesto el Ayuntamiento de Barcelona o la propia junta directiva por razones que escapan a cualquier comprensión humana. Con motivo de la coincidencia en Montjuic de partidos del Barça con la celebración de conciertos multitudinarios en el Palau Blaugrana, en los controles de acceso a los vehículos quienes acreditaban una entrada para el evento musical podían pasar y aparcar en los alrededores del Lluís Companys, y se les impedía acceder a esa misma área con la entrada para ver el partido del Barça.

La incógnita añadida, y también igual de inquietante, pasa por preguntarse si esas prohibiciones continuarán cuando se produzca la reapertura del Camp Nou. Pues si en Montjuic son escasas las molestias que ese tráfico exagerado produce entre el vecindario, y aun así se justifica que prácticamente nada que lleve ruedas pueda acercarse ni tres kilómetros del Olímpico, la locura de toda la vida en cada partido celebrado en Les Corts debería provocar, por homologación de criterios, la adopción de medidas verdaderamente excepcionales llegado el momento. ¿Se atreverán?

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