Laporta presume de Unicef, por olvido, un año después de echarla de la camiseta

Por negligencia suya e ineptitud colectiva de TV3 y del 'Factor Clau' de Sala-i-Martin, también criticó duramente Qatar en una conversación grabada antes del flechazo del presidente con Abdullah Al-Attiyah

Joan Laporta i Xavier Sala-i-Martin

No es la primera vez, ni tampoco será la última que Xavier Sala-i-Martin y Joan Laporta aúnan su imagen mediática con la finalidad de embaucar al socio o a la opinión pública, en este reciente caso a los espectadores de TV3, que había programado para esta semana la emisión de un capítulo del espacio Factor Clau, protagonizado por dos auténticas estrellas de la farsa y de la manipulación con un amplio currículo en el Barça entre 2003 y 2010. Su aporte y experiencia resultaron también claves y esenciales, posteriormente, en la desaparición del Reus y ahora cabalgan juntos, de nuevo, en la segunda presidencia de Laporta, si bien con un papel más moderado y prácticamente inédito para el peor tesorero que jamás haya pasado por una directiva del FC Barcelona, Sala-i-Martin, que por ahora sigue escondido como vicepresidente primero de la Fundació Barça.

Por alguna razón logística o por pura y simple negligencia de la productora o del canal, los contenidos de la conversación entre el presidente azulgrana y Sala-i-Martin, que es el protagonista del programa y Laporta solo el invitado en este caso, estaban del todo desfasados o superados por las circunstancias.

Joan Laporta, por ejemplo, se refirió al contrato de patrocinio de la camiseta del primer equipo azulgrana con Qatar Foundation y posteriormente Qatar Airways en tiempos de Sandro Rosell. «Cuando se puso Catar me pareció un gran error, porque las esencias deben respetarse y no pertenece a nuestra esencia. Y así fue. No fue bien, porque nos llevó a que los propios qataríes nos ficharan Neymar por 220 millones de euros. Hizo que aquí se reaccione mal al administrar ese dinero», dijo. Palabras confusas y embrolladas que, desde luego, ahora han perdido sentido después de que el propio presidente azulgrana acabara invitando al palco a un destacado empresario catarí, al que devolvió la visita acompañado de dos directivos que mantienen negocios e intereses en aquel país.

La expedición, reforzada con la presencia de Pini Zahavi, agente de Lewandowski y refrendado comisionista de la operación para quien Laporta pidió un aplauso el día de su presentación, se dejó agasajar por Mohammed bin Abdullah Al-Attiyah, presidente del Consejo de Administración de Baladi Holding y Baladi Express. En un vídeo publicado por un medio local, Laporta dijo: «Es mi primera vez en Catar, estoy entusiasmado de estar aquí con mi amigo Abdullah Al-Attiyah, que me ofrece su amistad, estoy visitando la ciudad con él, hemos paseado por el centro comercial, que es como un palacio, y aprecio mucho su amistad».

La visita dejó rastros noticiables en tres direcciones: la posibilidad de que Baladi pudiera ser un nuevo patrocinador, la posibilidad de que el Barça permitiera crear un equipo franquicia para la Liga de Catar y la posibilidad de que Laporta estuviera buscando un comprador amigo de la deuda financiera que, en dos años, será insoportable para la economía laportista.

Sobre si las esencias del Barça y del barcelonismo son compatibles con ser amigos de Catar, y lo que surja, es evidente que los hechos revocan y desmienten sus propias palabras en TV3.

Laporta también dejó pasmado a más de uno la solemne declaración sobre el modelo de sociedad: «Es bueno que el Barça no sea una SAD -afirmó ante un Sala-i-Martin con esforzada cara de póquer y reprimiendo la risa-, porque esto nos hace pertenecer a la comunidad. El Barça pertenece a la ciudad, al país, evidentemente a sus socios y socias y eso nos permite hacer muchas cosas que otros clubs no pueden hacer. El Barça es Cruyff-Masía-Catalunya-Unicef. Tú puedes entender a Cruyff como una forma genuina de jugar al fútbol. Puedes entender la Masía como la fábrica del sueño de esos niños que quieren llegar al primer equipo. En cuanto a Cataluña, no puedes separar la catalanidad de la democracia y el barcelonismo es indisoluble de estos dos conceptos, mientras que Unicef ilustra que el Barça tiene un compromiso social con los valores, y esto es más propio de una asociación como es el Barça que de una sociedad comercial».

La primera enmienda posible, de colectiva y lamentable ineptitud por parte de todos, Laporta, Sala-i-Martin y el resto de los responsables, es que desde el 1 de julio de 2022 el FC Barcelona echó de la camiseta y de la Fundació Barça a UNICEF. Le dio una patada con la misma insensible y fría actitud que con Messi, después de prometerle fidelidad eterna hasta que descubrió el coste de seguir con un acuerdo que, efectivamente, había significado en su momento una identificación incomparable entre un club de fútbol y la primera organización mundial en apoyo a la infancia. Como el coste era de casi dos millones, Laporta y sobre todo su prima, Marta Segú, directora de la Fundació, optaron por romper la baraja y sustituir el logo de UNICEF por el de ACNUR-UNHCR, la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados, que le salía mucho más barato. El ahorro le permitió a Marta Segú doblarse el sueldo esta temporada.

Un despropósito más de un presidente cada vez menos fiable y rodeado de inútiles. En cuanto a Cruyff, ya ha conseguido echar a su hijo, aunque sigue blanqueando su ambición material y de poder por gobernar el Barça basándose en un relato inventado sobre la influencia de Johan en el estilo de juego. Lo mismo que la verdadera historia sobre la Masía de Laporta, que fue quien decidió que sistemáticamente, desde 2003 a 2010, el dinero presupuestado para construir la nueva Masía de Sant Joan Despí se gastase en fichajes de extranjeros caros y decepcionantes, aunque cargados de comisiones.

Finalmente, el chiste sobre la necesidad de que el Barça siga siendo propiedad de los socios y no una SA se responde a sí mismo con la campaña arrancada desde el aparato laportista en el sentido contrario y con el objetivo de mentalizar a la masa social barcelonista de que ese es el final inevitable a la incompetente gestión económica, financiera y patrimonial del club azulgrana y la consecuencia directa del acuerdo de financiación del Espai Barça. Laporta sabe mejor que nadie, porque él lo ha firmado, que dentro de aproximadamente dos años, quizás antes, el club no podrá hacer frente a los compromisos financieros adquiridos, previos a la explotación del nuevo Spotify Camp Nou, cuando verá aún más reducidos sus ingresos. Si no es posible la refinanciación de ese acuerdo, que parece que no, Goldman se queda el club por la deuda o se lo quedará algún inversor comprando la deuda. El colmo sería un Barça SA de propiedad catarí con Joan Laporta ejerciendo como presidente del Consejo de Administración. No sólo no es imposible, sino que esa opción es mucho más factible que la continuidad del modelo de propiedad social actual.

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