Tsunami Democràtic, un aparato de propaganda perfectamente engrasado

La plataforma preparaba una película para difundir en el exterior la idea de que los catalanes estaban oprimidos por España

Corte en la AP-7 convocado por Tsunami Democràtic
Corte en la AP-7 convocado por Tsunami Democràtic

La propaganda era un aspecto crucial en la estrategia de Tsunami Democràtic, tanto como el activismo puro y duro. De ahí que la difusión de los mensajes y las campañas de apoyo, tanto en el interior de Cataluña como internacionales, cobrasen una importancia primordial. Los cerebros de los mensajes y la forma de proyectarlos eran el diputado Ruben Wagensberg y el empresario Oriol Soler, según se desprende de las investigaciones realizadas hasta ahora.

La plataforma preparaba una película para difundir en el exterior en la que se reivindicaba la idea de que los catalanes estaban oprimidos por España y acariciaban la idea de irse para ser libre. En ese sueño cobraba especial importancia el 1-O, la fecha del inicio de la “revolución catalana”. El documental debería dirigirlo Jordi Roigé, que controlaba un par de empresas creadas en el mismo año (2017) y que había sido director general de Política Lingüística de la Generalitat. En la trama, se debía vincular a Cataluña al Barça y debería haber el asesinato de un catalanista por un disparo para dramatizar la historia.

El 17 de febrero de 2020, la película ya estaba decidida y faltaba sólo la financiación. Se había previsto un presupuesto de 90.000 euros, de los que 30.000 euros ya estaban en caja. Además, la previsión era que TV3 compraría los derechos y con ello recuperarían el dinero.

En la producción de la película, participó Xavier Vendrell, buscando a un amigo suyo, el productor zaragozano Fernando Monzón, para ayudar. Monzón, que estaba en aquel momento en República Dominicana, es, según él mismo, “experto en marketing guerrilla, lanzamiento de campañas de alto impacto, ciberactivismo y estrategias comerciales creativas”. Apasionado por los wargames, su empresa 3lemon trabajó para importantes multinacionales, como General Motors, Michelin, Starbucks, Coca-Cola, Movistar, Telepizza o El Corte Inglés. Curiosamente, según declaró el propio Monzón en una entrevista el año pasado, su empresa fue la que hizo la transformación digital de Mediapro. “Y ahí aprendimos un montón a cómo comunicar con mayúsculas, que es haciendo películas, haciendo series, haciendo programas de alto impacto. Nosotros les ayudábamos a venderlas y en ese proceso determinamos producir también nosotros”.

La intención de Vendrell era ponerle un elenco de primera magnitud encima de la mesa para que se interesase por el proyecto. En un principio, ofrecieron el papel de protagonista a la actriz Úrsula Corberó, que rechazó la oferta, y al actor Francesc Orella, el protagonista de la serie Merlí, que estudió en Nueva York y conservaba buenos contactos en la industria de la interpretación. Ante el rechazo de Corberó, y dado que querían una actriz catalana, pensaron en Ariadna Gil, hija del abogado independentista August Gil Matamala. El lado negativo era que Gil era poco conocida en el exterior, pero por fortuna, su compañero sentimental, Viggo Mortensen, sí tenía caché internacional, lo que compensaba. “Hay que tocar a gente reconocida internacionalmente”, advirtió Vendrell a Roigé. Con ese elenco esperaban que Monzón se decidiese a producir la película.

El guión debería correr a cargo de Eduard Voltas y, una vez confeccionado, Oriol Soler, alias Rigoberto, debería convencer a Jaume Roures para entrar en el tema. Con ello, se aseguraban la internacionalización del proyecto, tanto a nivel de protagonistas como de distribución, puesto que Roures podía garantizar la colocación de la película en mercados internacionales. El temor de Roigé era que si entraba Roures querría controlar toda la producción “y querrá mandar él”, pero Vendrell le prometió margen de maniobra.

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