Taller de Músics, una historia de éxito

Dos libertarios y un músico fueron la chispa para que en 1979 y en los locales vacíos de una editorial se iniciara la historia de éxito que hoy nadie duda que es el Taller de Músics y que con el tiempo se ha consolidado como la escuela pionera de música moderna y popular de Cataluña.

El incombustible Luis Cabrera, uno de los fundadores del Taller de Músics, en conversación con EL TRIANGLE, recuerda cómo los inicios fueron duros. Disponían de cuatro habitaciones en la calle Requesens, una destinada a la secretaria y otras las iban insonorizando con cajas de huevos que reciclaban de los comercios y con cortinas. Poco a poco fueron creciendo en un entorno que no era fácil porque muchos de estos locales estaban ocupados por el hampa y las drogas.

Si bien los inicios fueron precarios, su bagaje de agitadores culturales los empujó y fue así como en 1982 realizaron el primer Seminario Internacional de Jazz en Cerdanyola, que replicaron con otras 30 ediciones en otras poblaciones de Cataluña.

En 1989 repitieron el mismo formato pero ahora con el flamenco y presentaron el Seminario Internacional de Flamenco Carmen Amaya, donde colaboró de forma muy activa Enrique Morente. Fueron estos seminarios los que unieron a figuras americanas y europeas del jazz con flamencos de todo el mundo para que se conocieran como artistas y admiraran mutuamente la sofisticación de los dos lenguajes musicales y profundizaran de forma natural su mestizaje. Por ejemplo, en 1992 en Sevilla, en la Expo, con la colaboración entre Max Roach y Enrique Moriente y sus respectivos músicos. A Luis Cabrera le gustaría editar algún día la grabación que se hizo de esa actuación.

Cuando hablamos de qué docentes han sido importantes para consolidar el Taller, la lista es enorme y no puedo meterlos en esta pieza. Quizás y por decir dos podría mencionar a Zé Eduardo, que en 1983 llegó al Taller y fue como director de estudio el que puso orden en el caos maravilloso que era hasta entonces, y otro nombre destacado como maestro y con características distintas fue, según Cabrera, Sean Levitt. Si Zé Eduardo era el orden, Sean Levitt era conocimiento enciclopédico e inspiración para muchos de los que ahora tienen un sitio en la escena internacional como músicos o docentes en algunas de las escuelas más prestigiosas como la de Basilea.

Así se fue consolidando el Taller, creciendo en el entorno de la calle Requesens y expandiéndose en aulas, oficinas y un auditorio para ochenta butacas por las calles Príncep de Viana y Cendra hasta confluir poéticamente con la Plaza del Dubte. Los proyectos no dejaban de crecer y su expansión fue una consecuencia de ello. En 2009 se puso en marcha la Escuela Superior de Estudios de Música (ESEM). Si en los primeros años la relación entre docentes y alumnos era puramente de transmisión de conocimiento sin diploma que lo acreditara ahora existía la posibilidad de tenerlo. Además, el Taller extendió sus tentáculos en el barrio de Sant Andreu.

Sí, una de las señas de identidad es la dinamización cultural, otra es el compromiso social. En 2014, creó el área de proyectos sociales, para desarrollar líneas de trabajo dentro del ámbito social con la vocación de acercar la práctica musical a nuevos sectores de la población, especialmente los más vulnerables.

Todo esto sería imposible sin el eje central que singulariza esta escuela y es su oficina de promoción y marketing que cuenta en la actualidad con siete trabajadores. Son quienes dinamizan, promueven y dan sentido a la esencia del Taller. Luis Cabrera recuerda en la conversación que el Taller de Músics se creó para llevar a los alumnos de las clases a los escenarios y dice que el resultado es que en 2022 la oficina cerró 172 conciertos de alumnos de la escuela y otros 120 de músicos ya consolidados, haciendo bueno el lema que siempre ha tenido el Taller y que es su método pedagógico: tocar en grupos y pisar los escenarios, o dicho de otra forma, su método va de la praxis a la praxis.

La discografía es el último eslabón donde queda reflejado todo el abanico enorme de músicos de jazz que el Taller ha formado con el trabajo de Fernando Hernández y Americo Belotto y el liderazgo de Luis Cabrera. Han llenado un vacío (la docencia de la música moderna), con un programa perfectamente codificado, que ha contribuido a generar la mejor cantera de profesionales del panorama y la industria musical.

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