El caso Negreira arrastra al Barça y Bartomeu a una querella por corrupción en los negocios

El presidente que 'cortó el grifo' puede ser, paradójicamente, el único acusado, mientras Laporta aplaza las explicaciones sobre por qué subió la tarifa a más de medio millón anual

Josep Maria Bartomeu
Josep Maria Bartomeu

A Joan Laporta el destino le ha deparado un inesperado y envenenado regalo en el segundo aniversario de su victoria electoral de 2021. Una querella contra el FC Barcelona, en tanto que persona jurídica, y contra el expresidente Josep Maria Bartomeu, por un delito de corrupción en los negocios, un infracción incluida en la reforma penal de 2010 que contempla, además, el fraude en el ámbito deportivo. En este caso, según apuntan fuentes de la Fiscalía, en una modalidad continuada, lo que supondría una mayor gravedad de las penas en el caso Negreira.

El ruido mediático en Madrid será ensordecedor en cuanto la Fiscalía haga públicas sus conclusiones, casi seguro que este mismo miércoles, finalmente abreviadas y anticipadas debido a la presentación, del todo imprevista y sospechosa, de una querella contra José María Enríquez Negreira por parte de un colegiado catalán, Xavier Estrada, impidiendo que la Fiscalía pudiera seguir investigando por su cuenta como hasta ahora.

Algunos juristas consideran, en cualquier caso, que será muy complicado demostrar que, a través de esos pagos, el FC Barcelona pudo influir en decisiones arbitrales a su favor. A menos, claro está, que alguien del estamento colegiado salga a admitir que hubo oferta de dinero a cambio de esos favores que Enríquez Negreira había admitido en sus declaraciones ante el fiscal. Otros consideran, en cambio, muy probable la posibilidad de que se acabe condenando al club o al expresidente Josep Maria Bartomeu, el único encausado por la prescripción de los hechos anteriores al 2016.

La paradoja radica en que el presidente que cortó el grifo, abierto por Gaspart en 2001, pudiera ser el único declarado culpable, evitando así tanto Joan Gaspart como Joan Laporta y Sandro Rosell verse salpicados por el opaco y oscuro trasiego de pagos.

Laporta, por su parte, sigue callado, esperando un informe con el que no sabe qué hacer ni cómo justificar que a patir de 2005, según los papeles de Football Leaks, multiplicara casi por cuatro el primer pago de Gaspart a la sociedad controlada por Enriquez Negreira. Debería explicar dos aspectos intrigantes. El primero, la recuperación de una retribución que Gaspart había realizado una sola vez, en 2001, sin que hasta 2005 se registrara un nuevo estipendio, con un generoso aumento y con la calendarización de unos pagos fijos anuales. Y el segundo, en base a qué argumentos sugirió a su sucesor, Sandro Rosell, que no alterara ese magnánimo gesto a favor del colegiado catalán, para entonces ya retirado como árbitro de campo y miembro del Comité Técnico. Laporta ha pasado esta semana por el Círculo Ecuestre para dejar dicho que el Barça nunca ha comprado árbitros y reiterar esa promesa de ofrecer una rueda de prensa más adelante, como si el asunto no fuera a ocupar una mayor relevancia en los próximos meses o años.

Es evidente, sin embargo, que el silencio del presidente responde a su voluntad de no reactivar las reflexiones de la prensa catalana y de no encender las de Madrid, donde la presión va en aumento por parte del propio gobierno de Pedro Sánchez, el Consejo Superior de Deportes y LaLiga cuyo presidente, Javier Tebas, también ha sido explícito y contundente, más allá de si Laporta queda fuera del ámbito penal de la causa. «Si no lo explica bien, Laporta tendría que dimitir», ha dicho Tebas.

De un modo u otro, lo que se cuece en la capital es la necesidad ineludible de un escarmiento al FC Barcelona, sea por la vía penal o, en último extremo, proveniente de la UEFA, si desde LaLiga y desde la Federación Española se le remite el expediente y el organismo determina que cabe algún tipo de sanción, como una exclusión temporal de las competiciones europeas. Los indicios son más evidentes y mucho más demostrados que las pruebas susceptibles de incriminar al club o a Bartomeu en la voluntad de alterar la competición. Otra cosa, sin embargo, es que la UEFA pueda actuar a la vista de que el propio Joan Laporta no ha salido, ni lo podrá hacer, a desmentir esas facturas tramitadas, aceptadas y pagadas desde el club a una empresa de un exárbitro con un cargo en activo.

La querella interpuesta por Xavier Estrada está pendiente de admisión en el Juzgado de Instrucción número 1 de Barcelona, a donde podría ir a parar también la querella de la Fiscalía que ampliaría la denuncia al FC Barcelona y a un expresidente, ya que la del colegiado se centraba únicamente en la figura de su compañero y de su hijo, Josep Maria Enríquez y Javier Enríquez.

El gran misterio que, por otra parte, también alimentan el recelo y las sospechas de la Fiscalía, como las del resto de los aficionados, radica en resolver a dónde fueron a parar los más de 7 millones pagados por el FC Barcelona a lo largo de tantos años, pues las diligencias han apuntado que Enríquez Negreira retiraba todos los meses importantes sumas de dinero en efectivo vía el cajero automático.

También está por aclarar el asunto, no menos feo, de las retribuciones, por los mismos conceptos que al padre, a su hijo Javier Negreira, una vez que ambos cortaron su relación. El Barça facturaba a la sociedad Tresep 2014, controlada por un miembro de la comisión deportiva del Barça Atlètic, Josep Contreras, que, a su vez, se quedaba con el 50% de los ingresos y sólo liquidaba la mitad a Javier Enríquez a través de Soccercam SL. La Fiscalia sostiene en este caso, con independencia del motivo por el que se duplicaba el servicio de los informes arbitrales y los pagos, que el fallecido Josep Contreras se aprovechó de su amistad con Villar para embaucar al club y beneficiarse personalmente de esa situación concreta.

Para la Fiscalía, la investigación se centra sólo en 1,4 millones de los 7 millones abonados por el club azulgrana a la sociedad Dasnil 95 SL, propiedad de Negreira, por la misma causa de la prescripción anterior a 2016. Los pagos concretos son de 532.728,02 euros en el año 2016, 541.752 euros en 2017 y 318.200 euros en el año 2018, que el Barcelona ingresó a la sociedad de Negreira.

La reacción añadida de Víctor Font en esta encrucijada no ha podido ser de nuevo más fría y distante. «Siempre he defendido la necesidad de una gestión profesional, moderna y transparente. Aquí nos queda mucho camino por recorrer, y éste debemos hacerlo todos juntos. Con visión, transparencia y honestidad para transformar el club y alejarlo de los riesgos existentes», ha dicho, como Laporta, prometiendo comparecer más adelante porque, como es habitual en él, le domina al desorientación y el miedo a que su presidente lo pueda abroncar en público.

Mucho más interesante, por el contrario, son las declaraciones de la exmujer de Enríquez Negreira. «Si cobraba lo que dicen, a mí no me llegaba nada (…) Si no tuviese un as en la manga, no manda un burofax amenazando», ha comentado al mismo tiempo que ha trascendido que Enríquez Negreira no tiene, sorprendentemente, propiedades a su nombre, según consta en el Registro Mercantil. Sólo un vehículo Peugeot 208 que está embargado, a pesar de haber cobrado 7 millones del Barça entre los años 2001 y 2018.

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