Presupuestos interpretativos

Los presupuestos catalanes me han hecho pensar en lo de Groucho Marx en la película Una noche en la ópera: “La parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte…”. Una de las virtudes, quién sabe si la principal, del acuerdo firmado por Pere Aragonès (ERC), en nombre del Govern, y Salvador Illa, en el del PSC, es seguramente su interpretabilidad. Ambos -aquí podríamos añadir Jéssica Albiach (comunes)- interpretan lo que más les conviene del texto pactado, no necesariamente coincidente, y así son felices.

La política ya es esto, ¿verdad? Como decía Friedrich Nietzsche, «no hay hechos, sólo interpretaciones». Basta con ver cuando, después de las elecciones, unos y otros interpretan como mejor les conviene los resultados, hasta la esperpéntica conclusión de que todo el mundo ha ganado, incluso aquellos que han perdido. El pacto de los presupuestos recuerda esto, la victoria ha sido tripartita y ninguno de los partidos ha perdido. Así, las líneas rojas de todos siguen en su lugar, sin traspasos ni renuncias, igual de rectas y rojas.

El ejemplo más claro lo tenemos en el tema de la ampliación del aeropuerto de El Prat que, mientras Aragonès pone el acento en que el compromiso es «mejorar conexiones», Illa destaca que se trata de «ganar capacidad»; así, no se ampliará como defiende ERC, pero se ampliará como quiere el PSC. Y así con casi todos los puntos del acuerdo. Y nada incomoda, por otra parte, a la líder de los comunes, la tercera fuerza que votará a favor de las cuentas. Albiach insiste en que «no se ha traspasado ninguna de sus líneas rojas».

Interpretaciones al margen, al final los resultados son los que son y el pacto, desengañémonos, no viene exento de rasguños. El presidente Aragonès, por ejemplo, porque, con los matices necesarios, se ha tenido que tragar los sapos del aeropuerto, Cuarto Cinturón y Hard Rock, especialmente indigesto este último. O Albiach por razones similares. Quien sale más victorioso vuelve a ser Illa, el socialista tranquilo mostró sus cartas al inicio de la negociación y ha mantenido las exigencias, con los matices necesarios, hasta el final. Le acusarán de haber pactado con los independentistas, claro, pero él mostrará la tripleta de trofeos de guerra. Lo más interesante es que, negociando y pactando, se ha hecho política, una actividad que a menudo Cataluña olvida practicar. Y negociar es ceder. Decía Donald Trump: “Toda negociación comienza con un no; por tanto, empieza siempre pidiendo más de lo que quieres y ofreciendo menos de lo que puedes ofrecer”.

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