A propósito del Mundial de Qatar

Por lo general un evento internacional de tal envergadura como el Mundial de futbol, que reúne a las que entre comillas son las mejores selecciones nacionales, es un jubilo que, quiérase o no, genera emociones, cargadas de euforia, llantos y alegrías a millones de personas en cualquier lugar del mundo ya que estadísticamente al futbol se le conoce como el deporte rey a nivel mundial… Sin embargo este año 2022, que contrariamente a la tradición de celebrar este evento cada cuatro años entre los meses de junio y julio, esta vez se ha celebrado en noviembre y diciembre por motivos del clima según el argumento de la federación internacional de futbol (FIFA), las cosas no han generado tanta emoción y alegría como en otras gestas mundialistas en países en donde cuando menos existe medianamente una democracia y ciertas libertades y derechos.

Catar no es precisamente uno de los países modelos en democracia y derechos humanos del mundo, al contrario es un país sectario, con sesgos religiosos muy radicalizados y donde las mujeres dependen del patriarcado para ejecutar algunas acciones propiamente individuales y básicas que en occidente por fortuna gozan de estos derechos, también vemos con mucho asco como la homosexualidad es considerada una delito penal según las tradiciones de las leyes islámicas. A todo lo anterior también debemos recalcar que existe una dictadura monárquica que tiene cero democracia, ejemplo muy latente en la mayoría de países radicales y con leyes religiosas que existen en Oriente Medio.

No es de extrañar que a la representación del seleccionado danés le hayan prohibido usar camisetas con mensajes de derechos humanos en los entrenamientos previo al Mundial y que de ahí en adelante las autoridades cataríes estén hostigando no solo a la delegación deportiva de este país europeo sino que también han limitado la cobertura periodística a los medios de comunicación daneses que se encuentran informando de tal evento. A un periodista de una cadena de televisión de Dinamarca, policías de Catar estuvieron al límite de agredirlo físicamente y le amenazaron con romper su videocámara.

El pasado domingo 20 de noviembre, por mera curiosidad, vimos la inauguración del susodicho mundial de futbol, durante los 4 años previos hemos escuchado señalamientos y denuncias en contra de la organización de este evento y una de las denuncias que más cobro relevancia fue la de que los trabajadores inmigrantes en su mayoría de origen paquistaní que fueron contratados para la construcción de los estadios han sido tratados como esclavos hasta llegar al extremo de decomisar sus pasaportes para obligarles a laborar en jornadas de hasta diecisiete horas diarias, de lunes a domingo y bajo las terribles temperaturas desérticas que hay en esae país que superan hasta los 50 grados Celsius. Debido a ello, según informaron distintas organizaciones defensoras de los derechos humanos, cientos de trabajadores han perdido la vida durante estos años previos al Mundial.

La otra Catar que difiere de ese estado Arábico moderno y próspero que publicitan más allá de sus fronteras, se ha puesto en evidencia con todas esas atrocidades y abusos. Por otro lado también debemos resaltar la doble moral y la mafia que se oculta detrás de esa organización de futbol llamada FIFA a la que solo le importa el dinero y le da igual el famoso “fair play” del que tanto presumen pero que solo se queda en discurso meramente capitalista usando un deporte tan gustado, para hacer sus negocios sucios y usar tanto a los atletas así como al resto de colaboradores como esclavos y marionetas de las que se deshacen cuando les da la gana.

Para no enredaros más, el caso es que pudimos ver que en la ceremonia de inauguración nos quisieron vender la imagen de un país tolerante, invitando al actor Morgan Freeman, quien en el pasado ha sido señalado de mantener relaciones sexuales con su hija. Obviamente con eso no es precisamente el modelo de figura occidental a seguir en materia de respeto y derechos humanos, también nos quisieron vender el espíritu de igualdad al usar un chico sin piernas que seguramente le habrán pagado o quizás obligado, eso nunca se sabrá.

En conclusión, este evento deportivo mundial está manchado de dolor y sangre y persecución a los derechos humanos y a las libertades de cada ser humano. Le llamaremos el Mundial de la vergüenza y de la sangre de los inocentes.

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