¿Por qué Rusia dice que Ucrania es nazi? La masacre de la Casa de los Sindicatos de Odessa

Si tuviéramos que poner fecha al inicio de la guerra de Ucrania no sería el 24 de febrero de este año. Deberíamos ir hacia atrás en el tiempo, hasta llegar a la madrugada del 21 al 22 de febrero de 2014, cuando el presidente Viktor Yanukovich huye de Kiiv con la ayuda del gobierno ruso. Su legado es haber cedido a las presiones rusas justo tres meses antes para anular un acuerdo de asociación con la Unión Europea, lo que dio lugar a la revolución del Maidán, considerada por el Kremlin como un golpe de Estado propiciado por Europa. Detrás deja un país dividido prácticamente en dos, entre las provincias del este y del sur, prorrusas, y un oeste que quiere seguir los pasos de los estados bálticos y unirse lo más rápido posible a la Unión Europea para reafirmar su independencia de Moscú.

Ucrania es entonces un Estado débil, que algunos ucranianos, como la Ievguènia, no dudan en considerar en manos de oligarcas que han hecho su fortuna de forma más o menos oscura: “Muchos de ellos hicieron su dinero vendiendo las armas de los arsenales que había abandonado el ejército soviético. Una vez ricos compraban un equipo de fútbol y se montaban un ejército privado”. A las pocas horas de la huida de Yanukovich soldados sin ningún tipo de identificación se desplegaban por la península de Crimea. Nadie sabía a ciencia cierta si estos hombres armados eran del ejército ruso, miembros de alguna de esas milicias privadas o milicianos como los que se empezaban a levantar en esos mismos momentos en las provincias fronterizas del Donbass. Las tensiones en Ucrania son fuertes y los grupos ultranacionalistas intentan sacar provecho. Es el caso del partido de extrema derecha Svovoda y del grupo Pravy Sektor (Sector Derecho), una organización paramiliar que remonta sus orígenes a los movimientos ultranacionalistas y colaboracionistas con el nazismo de los años 20 y 30 del siglo XX. sus héroes personajes como Stepan Bandera o Roman Xukhèvitx, vinculados a la deportación y el asesinato de judíos durante la Segunda Guerra Mundial.

En esta situación de tensión extrema, se llega al 2 de mayo de 2014, día en el que se debe celebrar un partido de fútbol entre el equipo local, el FC Txornomorets de Odessa, y el FC Metalist de Járkov. Ese mismo día se producen fuertes enfrentamientos contra milicias prorrusas en Sloviansk, lo que calienta aún más los ánimos.

En un momento determinado, grupos ultranacionalistas ucranianos, con la aparente anuencia de la policía, se lanzan contra los simpatizantes del Metalist de Járkov. Pronto la situación degenera en fuertes enfrentamientos entre activistas rusófilos y una extraña mezcla de simpatizantes ultras del Txornomorets, grupos neofascistas y miembros neonazis de Pravy Sektor, muchos de ellos desplazados desde fuera de la ciudad. Estos grupos se despliegan por toda Odessa armados con palos, martillos y puños americanos, para iniciar una cacería de simpatizantes prorrusos. Muchos de ellos son apaleados sin que nadie mueva un dedo. Entre los agresores empiezan a verse algunas pistolas.

Los activistas prorrusos consiguieron refugiarse en la Casa de los Sindicatos, que acabó por convertirse en una trampa fatal. Los ultras ucranianos empezaron a lanzar cócteles molotov contra el edificio, lo que provocó un incendio que se extendió rápidamente, sin que se pudiera hacer nada desde dentro, porque los asaltantes habían cortado el agua. Algunos exaltados entraron y consiguieron matar a varias personas, entre ellas una joven embarazada a la que colgaron con un cable de teléfono. Otras murieron asfixiadas o quemadas vivas durante el incendio, y muchos de los que intentaron salvar la vida tirándose por las ventanas fueron asesinados a tiros o golpes al caer al suelo. Las unidades de bomberos que fueron a apagar el fuego no pudieron hacer prácticamente nada, ya que los asaltantes impedían que se acercaran.

En total murieron 42 personas. La subida de tono de Rusia contra Occidente comenzó ese día. El portavoz de Putin, Dmitri Peskov, acusó a “el gobierno de Kiev y a los estados occidentales que le apoyan del baño de sangre producido en Odessa”. El gobierno ucraniano responsabilizó del incendio a «grupos armados rusos provenientes de la Transnistria ocupada por Moscú».

Han pasado ocho años, y pese a los numerosos vídeos y fotografías, ninguno de los ultranacionalistas involucrados en esta masacre ha sido detenido.

Susana Alonso
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