Víctor Font bendice los ‘crímenes’ del laportismo con su colaboracionismo y apoyo

Quien debería ser el ‘jefe de la oposición’ ha programado su reaparición para después de la tormenta y ha pedido al aparato mediático de la junta una tregua para no ser ‘destrozado’ ante la opinión pública

Joan Laporta es tan capaz de organizar una asamblea urgente, remover cielo y tierra en una semana para poder salvar la temporada gracias a la generosidad de los socios y a los ‘milagros’ de la telemática, como de anunciar con una simple nota oficial, sin más detalles ni explicaciones, el acuerdo con Sixth Street para la venta del 10% de los derechos de TV para los próximos 25 años, una medida con la que, se calcula, el FC Barcelona dejará de ingresar más de 20 millones anuales.

Bastantes más, hasta 60 millones menos anuales, cuando se formalice la cesión del resto del 15% de los derechos para tratar de revertir el lastre de los fondos propios negativos del club forjados principalmente gracias a la ineptitud del propio presidente.

Laporta ya tiene lo que quería, 205 millones para tapar los más de 150 millones que se le han ido de las manos esta temporada, la primera en la que tenía, de nuevo, el control absoluto del club y la posibilidad de afinar la cuenta de explotación al céntimo, ajustando los ingresos a los costes y, sobre todo, el control del gasto.

Esa era su responsabilidad y la de su equipo económico y financiero, Ferran Reverter y Eduard Romeu, cuando en la asamblea de octubre pasado, sometieron a la aprobación de los socios las cuentas del ejercicio anterior 2020-21 pasado y el presupuesto del actual, asegurando 765 millones de ingresos.

Laporta, Reverter y Romeu demostraron entonces, a la vista de los resultados, su absoluta incompetencia y un talento absolutamente menor, o ausente, para gobernar un club al que además sumieron en un pozo de oscurantismo económico y depresión financiera con la decisión de ampliar las pérdidas, negando además el impacto Covid para criminalizar aún más la imagen de Bartomeu, con una depreciación del valor de los jugadores y provisiones tan voluntarias como innecesarias.

De aquellas funestas y equivocadas decisiones, de aquel sinsentido de provocar 290 millones de pérdidas estéticas, vienen las urgencias, los graves problemas de hoy, acuciantes, y la necesidad de empobrecerse vendiendo parte de los mejores y más seguros activos del FC Barcelona.

También debe corresponsabilizarse de esta situación al extraordinario margen de colaboracionismo y anuencia de quien debía fiscalizar, más que ningún otro socio, al ‘jefe de la oposición’, al ex-candidato Víctor Font, que fue segundo en las elecciones y ha permanecido callado y permisivo con todas las barbaridades y atrocidades cometidas por el ganador de las elecciones. La primera, precisamente, la del monumental engaño sobre la renovación frustrada de Messi, un hecho capital sobre el que precisamente pivotó la victoria de Laporta.

Víctor Font, sin embargo, se siente cómodo en ese entorno de embustes y falsedades en el que él mismo ha basado su propia carrera barcelonista desde que decidió optar a la presidencia del Barça. En su reaparición de este lunes pasado, que parece ciertamente programada por la propia junta de Laporta a favor de sus intereses, Víctor Font ha soltado un discurso complementario y cómplice del laportismo, más allá de ese chispazo de aparente divergencia y del manido “eso lo hubiera hecho yo de otro modo”.

Font sólo se ha atrevido a decir, sobre la situación económica, que “Laporta cometió un error inflando las pérdidas de la temporada 2020-21 con 480 millones, porque hace que el fair play financiero nos ahogue y no da margen”, comentario que hizo con la boca pequeña y en un susurro de su intervención… un año después, es decir cuando ya no existe posibilidad de intentar evitarlo.

El resto es más de lo mismo, pues Víctor Font convocó a la prensa para bendecir la venta de activos “porque ahora no queda otra” y dar por aprobada en líneas generales la gestión de Laporta. Eso sí, afirmando que él lo hubiera hecho mejor y de otra manera, que Laporta no tenía ningún plan y todo ese bla, bla, bla de su discurso electoral.

Las dos cuestiones fundamentales que plantea su irrupción puntual tienen que ver con ese consentimiento tácito al mandato de Laporta. Primero, porque ya le avisa de que, en ningún caso, se va a convertir en una oposición de trinchera, como sí hizo contra Bartomeu, incansable y machaconamente hasta dar apoyo al voto de censura y colaborar en una campaña de acoso y derribo con fines electoralistas.

¿Por qué esa diferencia de actitud cuando los ‘crímenes’ contra el barcelonismo de Laporta son sustancial y objetivamente peores de los atribuidos a Bartomeu? La respuesta está en esa segunda clave de su rol absolutamente colaboracionista, pues Font sólo quiere rascar de forma superficial la actualidad para no meterse en líos ni enfrentarse a la “carnicería” en que se ha convertido el aparato mediático y de las redes sociales de laportismo.

De hecho, pidió no ser víctima de esa ‘gestapo’ en su intervención, con un gesto inequívoco de buena voluntad, como el propio hecho de situar en el tiempo su intervención de forma inocua e intrascendente como ha hecho ahora.

Si tenía algo importante que decir sobre la catástrofe de las pérdidas del ejercicio anterior, sobrealimentadas y artificiales, sobre los cambios en el Espai Barça, sobre el patrocinio de Spotify o sobre la venta de activos lo debió haber hecho precisamente antes de que los socios votaran y a tiempo de influir si consideraba que se ponían en riesgo los intereses del club.

Por el contrario, calló cuando le tocaba hablar y sale ahora al escenario cuando Laporta ya se ha salido con la suya y ha abortado cualquier posible recurso democrático de los socios en contra de su tiranía.

Con el agravante de intentar participar ahora en la reforma de unos estatutos que, con su consentimiento y aprobación, han visto recortados los derechos de los socios en cuanto a participación, capacidad de decisión, transparencia y control.

¿Qué va a decir Víctor Font en contra de esa metodología de manipulación telemática que él mismo ha defendido por encima de los métodos convencionales? Pues lo que ha dicho, que no se han ofrecido suficientes garantías en relación con la certeza y fiabilidad del formato, también con la boca pequeña.

Lo mismo sobre Xavi y las consecuencias de su aterrizaje a media temporada. Font no puede analizar con objetividad su intrascendencia a efectos de juego y de resultados en contraste con las enormes expectativas que él mismo había conjeturado sobre la magia y el talento técnico de Xavi.

Da la sensación de que no le podían suceder mayores desgracias al barcelonismo que el advenimiento de Laporta como nuevo presidente. Víctor Font, sin embargo, ha demostrado que ese límite puede subir un nivel más gracias a su adhesión y apoyo.

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