Queremos un Twitter público

Hay 1.300 millones de cuentas dadas de alta en Twitter, de las que unos 330 millones son usuarios que lo utilizan en serio. Cada día se publican 500 millones de tuits. En 2021 existían en España 4,2 millones de usuarios de esta red social. Madrid es la ciudad española con mayores perfiles activos, aproximadamente 120.000. Barcelona quedaba por detrás con 74.000.

Un tuit de agosto del 2017 del entonces presidente de Estados Unidos Barack Obama ha tenido casi 4,5 millones de ‘me gusta’ y lo han reenviado 1,6 millones de usuarios. Decía: “Nadie nace odiando a otra persona por el color de su piel, su pasado o su religión”. Es el tuit que ha gustado a más usuarios de la red: veinte palabras que van acompañadas de una fotografía de Obama mirando desde la calle a unos niños de colores de piel diferentes que la observan desde una ventana.

¿Podemos dejar una red que tiene ese impacto social y mundial en manos de una persona sólo porque tiene 44.000 millones de dólares para comprarla? ¿Cuál será la siguiente cosa que querrá comprar? ¿Un país? ¿Un planeta?

Las redes sociales en Internet necesitan ser protegidas por el sector público, por los representantes de los ciudadanos. No podemos quedar al amparo del estado de ánimo o de las pretensiones de varios ricos que no saben qué hacer con su dinero o que quieren protagonismo público o preparar su salto a la política.

Twitter siempre ha sido una empresa privada. El primer mensaje que puso uno de sus fundadores, Jack Dorsey, decía “sólo montando mi Twitter”. Era el 21 de marzo de 2006. Dieciséis años después, el hombre más rico del mundo ha comprado una red montada y de enorme incidencia social. ¿Tanta que llevó a Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos? Muchos analistas políticos lo creen.

A Trump le echaron de Twitter, y otras redes sociales, para publicar mentiras y promover el asalto al Capitolio para impedir que lo echaran de la presidencia de Estados Unidos. Musk dice que la libertad de expresión debe ser absoluta en su Twitter, que nadie debe velar para que no se esparzan mensajes de odio, que, todo caso, sean los tribunales de justicia quienes decidan qué de aquello que se ha dicho es delito y qué no. En uno de los mensajes en los que explica su concepción escribió el 27 de abril: “para que Twitter tenga la confianza del público debe ser políticamente neutral, lo que significa que moleste por igual a la extrema derecha y extrema izquierda”. Debajo de este tuit, un usuario colgó una viñeta donde se veía a dos grupos de manifestantes. Uno de los grupos exhibía un cartel en el que se leía “Queremos derechos civiles”. El otro, formado por miembros del Ku Klux Klan, llevaba otro en el que afirmaban “Queremos matar a gente negra”. En medio, un chico enseñaba un tercer cartel: “¿Compromiso?”.

No me gusta que la libertad de expresión, su respeto y su vulneración pasen por manos como las de Elon Musk. Su compra de una red social de un uso tan extendido en todo el mundo me da mucho miedo. Perdónadme el chiste malo, expresado con un tuit en castellano: “Se muska la tragedia”.

¿Qué tal una red pública mundial que evite esa tragedia?

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