Eduard Romeu, desaparecido y marginado de la escena económica de Laporta

Con la caída de los avales, José Elías salió por la puerta de atrás y su ‘testaferro’ en la junta, el vicepresidente económico, se aferró al cargo sólo por los intereses e imagen de Audax

El Barça presenta un déficit evidente en el cuadro ejecutivo, especialmente acusado en el área económica y financiera. Donde hay un vació alarmante y peligroso, meses atrás estuvieron dos figuras que, cuanto menos, imponían criterio y conocimientos avalados por sus respectivas trayectorias profesionales como eran Ferran Reverter, CEO hasta que el presidente decidió cerrar él personalmente los grandes y los pequeños contratos, y Eduard Romeu, vicepresidente económico designado por José Elías, un empresario de las comercializadoras eléctricas, que hubo de acudir a la operación rescate de los avales que Joan Laporta nunca tuvo y que nunca estuvo dispuesto a poner.

Ferran Reverter decidió, como antes lo había hecho Jaume Giró, salir corriendo de aquel infierno en que se había convertido el club en manos del presidente y de su ‘camarote’, o sea con la inefable participación y poder de decisión de Rafael Yuste, Elena Fort y Josep Cubells (directivos), de Enric Masip, Manana Georgiadze, más su clan, y Mercè Garriga (ejecutivos) y la inestimable colaboración de dos agentes externos pero que son como de la familia, su propio hermano Xavier Laporta y su ex-cuñado Alejandro Echevarría.

En el caso de Eduard Romeu, enterrado en vida dentro de la propia junta, aislado, desconectado y convertido en un fantasma que merodea por los despachos con la camiseta de Audax, sabía a lo que se exponía desde el primer día.

Su jefe José Elías, y él mismo vivieron en primera persona y en directo, cómo Joan Laporta les invitaba a subir al tren después de haberlos echado dos veces antes en los varios contactos y negociaciones mantenidos en la precampaña. A la hora de la verdad, de confeccionar la lista de los elegibles no estaban ninguno de los dos, José Elías porque ni siquiera poseía la antigüedad mínima como socio para ser directivo, y Eduard Romeu porque en las primeras rondas de contactos Laporta no transigió con las exigencias del empresario de Badalona.

Fue después, cuando se produjo una situación de emergencia y Laporta se enfrentó a una situación desesperada cuando empezó a pedir favores como el aval de Jaume Roures y a aceptar que, a cambio del aval de José Elías, fuera Eduard Romeu el vicepresidente económico quien vigilara los dos frentes de mayor riesgo, el aval propiamente dicho, o sea impedir que la temporada actual se cerrase con pérdidas y, por otro lado, estar atento a los desmanes y las traiciones de un presidente que no era de fiar.

Eduard Romeu y Ferran Reverter rápidamente se convirtieron en aliados a la vista de la incapacidad del presidente para gestionar y de su peligrosa inclinación a hacer negocios de mayor interés para él mismo que para el club.

Hoy, un año y un mes después de esa foto ganadora tras la toma de posesión y de muchos y gratuitos parabienes y elogios que la prensa no escatimó, al contrario, hacia la figura del vicepresidente de un área tan vital y delicada como la económica, Eduard Romeu ha desaparecido del mapa, marginado por la propia junta y olvidado por el entorno mediático porque así lo ha decidido Laporta.

El último y penoso acto de servicio que se vio obligado a representar fue el del personaje terciario, de relleno, en la no menos grotesca rueda de prensa en la que se dio más o menos luz y detalles de las incidencias de la gestión de Josep Maria Bartomeu recogidas en un informe finalmente elevado a la fiscalía provincial.

Romeu fue un mero comparsa como lo había sido desde el principio, pues Laporta sólo lo usó mientras le fue necesario el aval de José Elías, sabiendo que gracias al PNV y sus negociaciones con Pedro Sánchez los avales dejarían de ser obligatorios para los cuatro clubs que no son sociedad anónima de la Liga: Barcelona, Real Madrid, Ahtletic y Osasuna.

En cuanto el decreto fue promulgado y tramitado, Eduard Romeu se volvió invisible para Laporta.

El propio José Elías, que sintió también cómo le hacían ‘mobbing’ en la comisión del Espai Barça, no aguantó un minuto más en el club. “Cuando fui a avalar a Laporta faltaba dinerillo.  Le avalé, la cantidad no la llegué a sumar y restar. El día del aval faltaba dinerillo y fui poniendo. Me acuerdo que venían y decían, ‘oye que este no va a poner’. Y yo, ‘venga lo pongo yo’. No sé cuánto acabé poniendo (…) No tenía ni puta idea y si lo hubiera sabido quizás no lo hubiera hecho porque he pasado un año bastante malo. Para entrar en el círculo de los ricos tienes que vivir con ellos y yo sigo viviendo con mis amigos. He conocido a gente increíble, como Florentino Pérez, que tiene un sentido del humor increíble”, dijo a los periodistas.

“En el Barça echo en falta más profesionalización. La dimisión de Reverter es una mala noticia. Creo que con el nuevo estadio hemos vacilado. Vamos muy tarde”, añadió

Ya en diciembre, Elías le dijo al directivo Jordi Llauradó, responsable del Espai Barça, que no tenía sentido estar en una comisión en la que su voz y su experiencia no tuviesen influencia real en las decisiones. Por si acaso, además, le fue comunicada una supuesta incompatibilidad a nivel de “compliance” por su relación con el presidente Laporta. Elías replicó que por ese mismo argumento, contradictorio, también debían dejar la misma comisión el propio Jordi Llauradó y Elena Fort.

En realidad, José Elías se había vuelto incómodo y por ese motivo, y siendo un personaje ya prescindible para Laporta, fue eliminado.

El caso de Eduard Romeu es distinto, pues se trata de un directivo ratificado en asamblea y, por tanto, considerado electo por los socios. Ni siquiera el presidente posee atribuciones para destituirlo y echarlo de la junta. Sólo podría retirarle la condición de vicepresidente y relegarlo a soldado raso de la junta.

A la vista está que han pactado las condiciones de su continuidad en base a los mejores términos y condiciones para ambos. Laporta no lo cesa en su cargo siempre y cuando esté bien calladito, colabore cuando se le necesite y deje hacer a los nuevos responsables económicos, o sea el propio Laporta y el tesorero Ferran Olivé, sin rechistar ni entrometerse.

A cambio, Eduard Romeu sigue paseando su cargo, el de vicepresidente económico, por el palco del Camp Nou, por toda la ciudad, celoso de conservar ese privilegio a favor de los intereses de Audax allí donde sea necesario para salvar una empresa nacida de la especulación y ahora en caída bursátil. Una situación que evita la salida más digna y responsable, como sería la dimisión, y al mismo tiempo le permite seguir disfrutando de esa vida directiva en el palco, reuniones y viajes de cinco estrellas.

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