Laporta ficha a un “compliance” sumiso, obediente y ‘amiguete’

Celebró su primer aniversario despidiendo de forma fulminante al que fichó Ferran Reverter, eliminando así el último vestigio de control sobre su gestión

Joan Laporta

Joan Laporta ha decidido celebrar a lo grande, a lo Napoleón, su primer aniversario como presidente haciendo coincidir el lunes pasado día 7 de marzo con la depuración y esterilización de los últimos vestigios de la efímera etapa de Ferran Reverter, el CEO que creyó haber domado a la ‘bestia’, y el nombramiento de un nuevo “compliance officer”, Sergi Atienza, prácticamente un miembro de su despacho profesional, una especie de socio, un ‘amiguete’ más que otra cosa, de profesión abogado y activista del laportismo, que a lo largo del lunes se dedicó a borrar todos los tuits en los que, a base de insultar a Rosell y a Bartomeu, se ha ganado el cargo.

Las dos noticias coincidieron en el tiempo el lunes pasado. Por un lado, el despido fulminante de los dos ejecutivos que Ferran Reverter consiguió introducir en la estructura del club, Juan Manuel Mateo, director de tecnología, y Xavier Mas, “compliance officer”, mientras que, por el otro, se filtraba y difundía el nombre de su sustituto, Sergi Atienza. Una elección a dedo, propia del “gran dictador” en el que se ha convertido Laporta, eliminando de este modo el último vestigio posible de control a una junta directiva que ya no es tal orgánicamente, sino que hoy es sólo un nido de cortesanos y de palmeros que ni pintan nada ni son llamados a consultas ni tienen más poder de decisión que el derivado de su influencia personal sobre el presidente.

Joan Laporta ya no es, un año después, un presidente electo sometido a unos estatutos, a una asamblea, al rigor de un CEO profesional, a la necesaria estabilidad de la junta y a un personaje como el “compliance officer”, en principio con la capacidad y el poder suficientes como para ejercer contramedidas en caso de abuso de poder o de actuaciones que no se ajusten a los principios de la buena praxis en la gestión.

No sin motivo, aunque con la boca pequeña y asumiendo el riesgo de entrar a formar parte de la lista negra del presidente, solo algunas voces de twitter han acusado de nuevo al presidente de nepotismo, preguntándose si éste es el club prometido por Laporta, trasparente, democrático, ejemplar, participativo y socialmente abierto. 

La respuesta está en la realidad de un Barça que ya se ha convertido en una versión mucho peor, una mala imitación y una broma de mal gusto comparado con el club ‘heredado’ de Josep Maria Bartomeu. Algunas de estas voces se preguntan cómo habría reaccionado la prensa a todos los despropósitos de Laporta si, por ejemplo, Bartomeu hubiera colocado como “compliance officer” a un abogado amigo suyo con la garantía de que su papel en el club se reducirá al de un sumiso y obediente enterrador de conflictos, negligencias, denuncias o irregularidades como las que ya se gestan día a día bajo la política propia de un Nerón o de un Calígula.

Laporta ya es dueño y señor de un Barça sin avales, sin límite de deuda ni de pérdidas, sin CEO, sin “compliance”, en el que familiares y amiguetes hacen y deshacen en un entorno donde impera el miedo, el pánico y el terror a discrepar y la crítica sólo se tolera edulcorada, parcial, sesgada y pulida. 

La prensa, domada como antes nunca lo había estado, acepta y aplaude que Joan Laporta pase de alabar la profesionalidad y el talento de Ferran Reverter a afirmar, como en su discurso de aniversario, que “el club requiere la gestión de una empresa familiar hasta que le demos la vuelta a la situación”, admitiendo que había asumido el mando del poder ejecutivo junto alguno de sus revoloteadores personajes de su entorno.

Posiblemente ese sea el peor de los escenarios para un club que ya está cien millones por debajo del presupuesto, pues en un año no ha conseguido un solo ingreso, ha aumentado el gasto y se reúne con los periodistas para prometerles a Haaland y seis o siete fichajes más en una espiral de locura que de momento ha empeorado terriblemente la situación económica, financiera y crediticia del club.

Mientras él mismo aviva el fuego de una prensa que aplaude a rabiar su gestión y refuerza ese “¡Hemos vuelto!” con el que domina el relato más eufórico de los últimos tiempos, en la vida real no se sabe nada cierto del interés de Spotify por quedarse con la camiseta, ahora necesita recuperar como sea aquella oferta de CVC, que era inadmisible y una tomadura de pelo, y parece que Goldaman Sachs, que le niega seguro la financiación para el Palau Blaugrana, también ha frenado el crédito del Espai Barça.

Aunque Laporta domine el mensaje y el entorno, lo cierto es que, fuera de Cataluña y de ese barcelonismo más provinciano y al alcance del aparato mediático que tan bien controla, fuera de ese pequeño universo, pero sobre todo en el extranjero, su escaso prestigio como gestor y su mala reputación en los negocios no solo va en aumento, sino que cuando él mismo coge las riendas de cualquier operación, la posibilidad de que se rompa aumenta peligrosamente.

Actuaciones como la de asegurarse la mansedumbre del “compliance officer”, su pasado en el propio Barça y en el Reus, la venta de Viladecans y otras ‘hazañas’ de su palmarés azulgrana no ayudan a mejorar su perfil, mucho menos cuando su vicepresidente económico, Jaume Giró, huye despavorido y el primer gran CEO que ficha no resiste ni un año en ese infierno.

Nada que ver con esa otra realidad que ayer mismo se creyó la prensa, convocada para distraerla de todos esos asuntos pendientes, en un desayuno con el presidente, multitudinario, en el que Laporta habló de fichajes y de la cantidad de patrocinadores y de sponsors que hacen cola en el Camp Nou para mejorar unas finanzas que él mismo ha destrozado. 

Por cierto, que en ese desayuno, coincidente con el Día de la Mujer, no fue invitada ni una sola periodista, en otra demostración realista de cómo vive el club esta cuestión de la paridad y de la reivindicación por la igualdad de trato y de derechos. No es casual que Laporta, aunque ahora celebra enloquecidamente los éxitos del Femení, ganó las elecciones hace un año sin saber recitar ni siquiera tres nombres del equipo que a los tres meses conquistaría el Triplete, el primero de un club europeo, también el primero de un club como el Barça capaz de ostentar en su Museu el femenino y el masculino y también la primera Champions de la sección azulgrana.

Volviendo al perfil del nuevo “compliance officer”, Sergi Atienza, uno de los tuits que quiso borrar de su cuenta hacía referencia a una etapa concreta de la junta anterior: “En el momento en que Bartomeu estaba en el comité de ‘compliance’ el zorro estaba dentro del gallinero”. Lo escribió sin duda para merecer en su momento el aplauso de su compañero de despacho, Joan Laporta, pues ambos abogados figuran en el Colegio con la misma dirección, Avda. Diagonal 469, piso 6, y no como una casualidad de la vida, sino porque hace años que combatieron lo que él mismo calificaba de “barto-rosellismo”. 

A partir ahora, compartirán también oficinas en la calle Aristides Mallol, aunque no se sabe del todo quién será el zorro y quién la gallina. En todo caso, siempre hay que tener cuidado con los lobos.

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