¿Por qué Xavier Laporta se está ganando mala fama?

Los negocios del FC Barcelona, a partir de que Joan Laporta asume la presidencia el club, empiezan a confundirse con los propios, igual que ocurrió en su anterior etapa, época en la que las cuestiones de su bufete se despachaban en las oficinas del club. La intensidad de esa agenda aumentaba especialmente los días de partido cuando la Llotja del Camp Nou, como ya ocurre de nuevo, se llenaba por un lado de clientes y por otro de sus abogados asociados para tratar de cerrar acuerdos, reuniones y propuestas con el espectáculo del primer equipo y la logística de un catering inagotable de fondo.

Lo ha vuelto a hacer, como prometió en campaña, esta vez con el refuerzo de su propio hermano, Xavier Laporta, que se ha convertido en una presencia permanente, diaria, en muchas de las reuniones de trabajo del propio club. El personaje, de acuerdo con los testimonios, suele aparecer por orden del presidente para tutelar en su nombre algunas de las operaciones en marcha e incluso para cerrarlas en su nombre, con o sin la presencia de los ejecutivos de las distintas áreas del club.

Xavier Laporta no ha sido presentado formalmente con ningún cargo, ni siquiera el de asesor, ni tampoco se ha colado por esa puerta giratoria del Código Ético del FC Barcelona que fue violado sin el menor escrúpulo ni miramiento por Joan Laporta cuando dio de alta como ejecutivos del club a su prima Marta Segú y a su hermana Maite Laporta, ambas con unas excelentes condiciones de trabajo.

El hermano ha aparecido como una especie de extensor del propio presidente, como sus propios ojos y pensamiento para determinadas actuaciones en las que, efectivamente, no es necesaria la participación del primer directivo del club. Otras informaciones apuntan a que Xavier Laporta pueda estar apareciendo como un representante autorizado por el club para acabar de pulir y cerrar acuerdos, una figura sin demasiado sentido cuando el club dispone de personas preparadas y plenamente acreditadas para realizar esa función directamente.

Ya se sabe la mala imagen que dan a las instituciones esas personas terceras que de pronto aparecen porque son la mano izquierda o derecha de quien manda, pero con poder y autoridad delegada e indiscutible. Xavier Laporta va camino de ser una de esas figuras que, finalmente, realizan funciones de intermediación en nombre del presidente y del club. ¿Será porque no se fía de su propio personal ejecutivo? No parece ser esa la causa y al mismo tiempo el motivo por el que Xavier Laporta, en esas funciones hasta cierto punto enigmáticas, provocan sospechas y sombras en la gestión.

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