Los ojos abiertos

Hace unos días hablé con el soldado del ejército español que, el 1 de febrero de 2010, conducía el vehículo BMR bajo el que estalló una mina en Sang Ates, en Afganistán. A consecuencia de la explosión murió el soldado John Felipe Romero Meneses y otros seis resultaron heridos, dos de ellos de gravedad. Uno de los heridos graves es de L’Hospitalet. Uno de los leves, de Barcelona. Le pregunté si había superado el impacto psicológico de ese trance. Lógicamente, me dijo que nunca lo olvidará. Continúa en el ejército y me aseguró que no pondrá obstáculos si le proponen volver a una misión internacional.

De Afganistán se han marchado las tropas internacionales que colaboraban con el gobierno del país en su reconstrucción después de los años que estuvo en manos de los talibanes. Su marcha ha facilitado el regreso de esos talibanes al poder. Durante unos días estuvimos pendientes de los miles de personas que querían huir y se agolpaban en el aeropuerto de Kabul. Y, como siempre, a medida que van pasando los días nos vamos olvidando de Afganistán y los afganos y afganas que quieren vivir con dignidad y que se respeten sus derechos humanos fundamentales. Hemos entrado en esa fase en la que, de vez en cuando, nos llegan noticias de actos violentos cometidos por milicianos talibanes contra mujeres que se manifiestan o contra familias que celebran una boda poniendo música. Pronto tendremos documentales sobre la vida de la gente bajo el imperio talibán. Pero serán gotas en un mar informativo protagonizado por otros países y otras cuestiones.

Ahora estamos pendientes de la lucha contra el cambio climático a raíz de la cumbre COP26 en Glasgow. Durante unos días se nos encogerá el alma ante los datos escalofriantes que nos pondrán ante los ojos. Por cierto, os recomiendo que estéis pendientes del pase del documental ‘50º’, recién estrenado, producido y realizado por Sicom y Entrepobles, donde voces solventes analizan esta cuestión.

Todos tenemos nuestros problemas, intereses y ámbitos de actuación. Pero vivimos en un mundo interconectado. La epidemia de la Covid-19 nos lo ha dejado claro. No podemos vivir aislados en nuestras propias burbujas, viviendo sólo interesados en nuestras tradiciones y círculos más íntimos.

El soldado que sufrió la tragedia del compañero fallecido en la explosión de una mina en Afganistán vive en Barcelona. Algunos afganos que huyeron del país están también entre nosotros. Todos ellos vivirán como el resto las consecuencias del cambio climático y la eficacia de la lucha contra la pandemia. Estamos todos en el mismo Planeta y a menudo más cerca de lo que pensamos. Es cierto que no podemos estar pendientes de todo lo que ocurre en el mundo e implicarnos en todas las causas a la vez. Pero seguro que podemos abrir los ojos y la mente más de lo que lo hacemos.

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