Calles laicas y republicanas

El 13 de enero de 1932, el pleno del ayuntamiento de Sant Cugat del Vallès aprobó cambiar el nombre de la calle Santa Maria por el de Francesc Layret, diputado federal que, como abogado, había defendido los intereses de los campesinos no propietarios locales. El 21 de febrero se hizo un acto público para inaugurar el cambio de nombre en el que participó Lluís Companys. El mismo año las calles Sant Magí, Sant Domènec, Sant Antoni y Sant Bonaventura pasaron a llamarse Pablo Iglesias, Francesc Ferrer i Guàrdia, Fermín Galán y Ángel García y Bonaventura a secas. Ya en plena guerra civil, se cambió el nombre de la ciudad, que pasó a ser Pins del Vallès.

Pasó lo mismo en muchos lugares de Cataluña. La plaza de Sant Jaume de Barcelona se rebautizó como plaza de la República. Fermín Galán y Ángel García, dos militares de la guarnición de Jaca que intentaron la proclamación de la república, en 1930, también dieron nombre a un paseo barcelonés, el de Sant Joan. El estallido de la guerra civil aceleró los cambios de los nombres de las calles de muchos pueblos y ciudades. A Odó Hurtado, concejal de Urbanización y Obras, le cayó el encargo de la coordinación de estas actuaciones, para evitar duplicidades y descontrol. Lo tenía claro: «Los nombres de los supuestos santos y vírgenes deben desaparecer de nuestras calles y plazas. No hay duda de que se impone hacer, rápidamente, un cambio total de los nombres que afean nuestras calles, plazas y paseos. La Revolución obliga. ¡Adelante!».

De momento, ningún santo o virgen ha perdido la placa que le otorga el nombre de una calle, plaza o paseo en Cataluña a pesar del republicanismo de una parte notable de la sociedad. Sí que se ha quedado sin alguno el Rey español o la propia España. Tenemos un buen número de vías y rincones urbanos oficial u oficiosamente rebautizados como 1 de octubre pero ninguno de ellos ha tapado o expulsado a nada o a nadie vinculado a la Iglesia católica.

Si de verdad creemos que somos una sociedad laica sería razonable recuperar el nombre de República para la plaza donde tenemos el palacio de la Generalitat. Los independentistas que han abrazado la causa republicana se supone que estarán de acuerdo. Además, ahora que se han hecho amigos de los rusos seguro que suscribirían recuperar los nombres que durante la guerra tenían las calles Peu de la Creu y del Carme y el portal de l’Àngel: Konsomol, Kropotkin y Dostoievski. La Via Laietana por la que bajaban seste ábado los manifestantes independentistas de la Diada se llamó Vía Durruti durante la guerra civil.

Quién asuma el trabajo de rehacer el nomenclátor desde una perspectiva laica sudará tinta y, en ocasiones, no será suficiente con dar marcha atrás en nuestra historia. A la avenida Meridiana no la podemos volver a llamar avenida URSS como cuando la guerra porque la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas ya no existe. Si Carles Puigdemont vuelve quizás intenta rebautizarla como avenida Rusia, porque Vladimir Putin no creo que se atreva.

De la creatividad republicana me quedo con el nombre efímero que tuvo la Baixada de Santa Maria: Pancho Villa.

Otro día hablamos de los nombres de los pueblos y ciudades catalanas, que no sólo a Sant Cugat del Vallès le cambiaron el suyo.

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